París en tres días



La Lutecia de los romanos es el destino turístico más popular del mundo y una excelente opción viajera si se dispone de pocos días (y se pretende aprovecharlos muy bien).

Es mi segunda visita a París. La primera fue hace más de veinte años, el principal atractivo era ir después a Disneyland y mi hermano pequeño insistía, enfadado, en que a él no le gustaban los museos. Ni siquiera la “Mona Chita” esa.

Hemos llegado, aterrizado en el Aeropuerto de Orly, e incluso hemos pasado por el engorroso trance de desplazarnos hasta el centro de la ciudad. Estamos listos y preparados, prestos para pasar una estancia maravillosa en la Ciudad de la Luz. Nos esperan tres días de recorridos ambiciosos, tanto desde el punto de vista cultural como físico, por lo que es fundamental encontrarnos en buena forma.

De momento (noche del día de llegada, no cuenta), dejamos nuestra maleta de cabina en nuestro hotel en el Barrio Latino. Los hoteles en París son caros y en ocasiones no están a la altura de los estándares españoles, pero con tiempo y perseverancia se puede encontrar oferta con buena relación calidad-precio en Booking (tarifas no reembolsables y pago por adelantado, normalmente.) Nosotros nos alojamos en el Hotel Parc Saint Severin. Bonito, limpio y muy céntrico (nos hemos propuesto ir caminando a todas partes), en ocasiones (y si es posible) merece la pena gastar un poco más dinero y ganar en tiempo y comodidad.

Cathédrale Notre Dame de Paris por la noche.

Noche de llegada: Primeras impresiones del Barrio Latino, vistas nocturnas de Notre Dame y fondue de queso

Tras lavarnos los dientes en el hotel, nuestro primer contacto con la ciudad será con el ambiente del animado Barrio Latino. Tomando la rue de la Huchette, salimos a la rue du Petit Pont, nos acercamos al puente y disfrutamos de nuestra primera vista nocturna de la Catedral de Notre Dame.

Después, inauguramos las mini-vacaciones gastronómicas con una deliciosa fondue de queso en la caldeada terraza de Heureux comme Alexandre, en la rue de la Parcheminerie.

París y el río Sena

Día 1: Louvre, Tuileries, Opéra, Sacré-Coeur y Montmartre

Unos amigos nos han recomendado el Paris Museum Pass (disponible para dos, cuatro y seis días) y nosotros compramos el pase de dos días (48 euros). Permite visitar los museos y monumentos más importantes (no incluye la Torre Eiffel) y evita al visitante algunas colas (no la de las Torres de Notre Dame, sin embargo).

Cuenta la Lonely Planet que se calcula que se necesitarían 9 meses para ver todas las obras del Musée del Louvre. Los amantes del arte ansiosos corren el riesgo de caer en una suerte de frenesí delirante, errando por las salas del museo sumergidos en un peligroso síndrome de Stendhal. El peligro es elevado, puesto que podrían colisionar con las riadas de turistas asiáticos que vagan por las diferentes estancias. Es especialmente peliagudo el tránsito por la sala 6 de la primera planta del ala Denon, donde se expone La Gioconda.

Pintor en el Musée del Louvre

Después de pasar unas tres horas en el Louvre (la vida no nos da para más), atravesamos el Jardin des Tuileries y nos dirigimos al Musée de l’Orangerie. En él, en dos salas ovaladas, se encuentran los Nenúfares, de Monet; pero además hay también obras de Renoir, Matisse, Picasso o Cézanne, entre otros.

A la salida, un vistazo a la Gran Noria de la Plaza de la Concordia y caminamos hasta la Place Vendôme, pasamos por la Opéra y comenzamos a sumergirnos en el Barrio de Montmartre.

Moulin Rouge

Me empeño en pasar por el Moulin Rouge a hacer la foto de rigor y me empecino aún más en llegar al Cimetière de Montmartre antes de la hora de cierre (a las 17:30). A los pocos minutos de estar allí, con la luz casi desvanecida y un pequeño nudo en la garganta, divisamos a un vigilante que se pasea por las calles de tumbas haciendo sonar una campana, anunciando la hora de cierre. De una visita más larga hubiera sacado yo un relato muy gótico, así que me prometo volver a París y visitar, de manera muy concienzuda, todos y cada uno de sus cementerios.

Cimetère de Montmartre

Mi desprecio injustificado y absoluto por la película Amélie (algo tan incomprensible para muchos como que considere El Principito uno de los libros más sobrevalorados de todos los tiempos) provoca que echemos una ojeada desapasionada al Café des Deux Moulins. Seguimos ascendiendo hasta la Basilique du Sacré- Coeur, entramos dentro y después contemplamos las vistas de la noche parisina. Es el momento de regresar a nuestra base de operaciones. Tras casi una hora de paseo, cenamos unas reparadoras crêpes que nos saben a gloria en Chez Suzette.

Con la satisfacción del deber turístico cumplido, nos vamos a la cama totalmente agotados.

Día 2: Musée d’Orsay, Notre Dame, Centre Pompidou y Marais

El Musée d’Orsay, ubicado en una antigua estación de trenes de estilo art nouveau, es el favorito de los entusiastas del impresionismo (mi flamante marido, por ejemplo). En él se exponen obras de Monet, Manet, Cézanne, Degas, Renoir, Toulouse-Lautrec, Pisarro, Van Gogh o Gauguin, entre otros. Y la favorita de mi madre: Los acuchilladores de parqué, de Caillebotte.

Musée d'Ordsay

Tras un par de horas recorriéndolo, nos dirigimos a la majestuosa Catedral de Notre Dame. La subida a las torres está incluida en el Paris Museum Pass, pero no hay una cola especial, así que las guías recomiendan ir temprano por la mañana. Subir merece la pena, fundamentalmente por decir que se ha subido, por echar un vistazo a las gárgolas y por estas maravillosas vistas.

Desde las torres de Notre Dame

Tras la visita, comemos en el idiosincrático Café Saint Régis (y pedimos algo tan parisino como unos huevos Benedict), hacemos después una parada en la espectacular Sainte- Chapelle (no dejen de visitarla, sería imperdonable) y, abducidos por nuestra ambiciosa agenda, corremos hasta el Centre Pompidou, en el animado y bohemio barrio de Les Marais.

Sainte Chapelle

El Centre Pompidou contiene la mayor colección de arte moderno de Europa, con artistas como Kandinsky, Matisse, Picasso, Warhol o Pollock. Recomiendo mucho su visita (ya sólo el edificio es impresionante), aunque con más tranquilidad de la que suele proporcionar una estancia corta si el viajero no quiere caer en el error fatal de ir pasando por delante de los cuadros como quien pasa por delante de las marquesinas de las paradas de autobús.

En Les Marais abundas las tiendecitas “cuquis” de decoración, ropa, accesorios, etc (las de papelería son mi debilidad); pero también boutiques caras y marcas de renombre. Los fines de semana las terrazas en la calle, bien acondicionadas, rebosan de parisinos.

Sin embargo, agotados como estamos, volvemos cerca del hotel y cenamos otra crêpe, esta vez en La Petite Bouclerie.

Día 3: Torre Eiffel, Montparnasse, Barrio Latino y, de nuevo, Les Marais

La icónica Torre Eiffel es de visita obligada cuando se va a París, pero si tuviera que prescindir de algo por falta de tiempo, sería de esto. Se forman unas colas enormes, la entrada para subir no está incluida en el Paris Museum Pass y, además, en nuestro caso, la niebla nos impidió disfrutar de las vistas que dicen que, en los días soleados, se extienden hasta 60 km de distancia. En cualquier caso, conviene acercarse para apreciar (cada uno dentro de sus posibilidades y de lo limitado de sus conocimientos arquitectónicos), aunque sea desde abajo, la impresionante obra de ingeniería que supone.

Desde aquí, se puede dar un buen paseo por el Barrio de Montparnasse y regresar al Barrio Latino, para visitar la zona de la Sorbonne, el Panthéon y, por supuesto, hacer una parada en la librería Shakespeare and Company, en la rue de la Bûcherie, rebuscar entre sus libros, nuevos y de segunda mano, en lengua inglesa, y tomar un café en la cafetería, situada pared con pared, del mismo nombre.

Librería Shakespeare and Company

Terminamos el día dando otro paseo y haciendo pequeñas compras en Les Marais y nos despedimos de París con otra crêpe más, esta vez dulce, en Chez Suzette.

Día 4: Aeropuerto de Orly, Starbucks y Aeropuerto Madrid- Barajas Adolfo Suárez

Porque todos los viajes acaban o, desayunando en el Starbucks, o comiendo/cenando en el Burger King. Siempre del aeropuerto.

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