Libros para regalar: Especial Navidad

Este artículo se publicó en Ritmos 21 el 10 de diciembre de 2016. El tema (regalos navideños bibliófilos) no pega mucho con la época del año (verano); pero cualquier momento es bueno para regalar un libro y en concreto, alguno de estos.

Foto: Andrew Neel (Unsplash)

Llegan las Navidades, el temido “amigo invisible” y un libro es siempre un buen regalo (o un regalo “muy socorrido”, según se miré). Hoy vengo con algunas sugerencias, tanto para los que los regalan por convicción como por necesidad.

En estas fechas tan señaladas, con compromisos de regalos por doquier, celebraciones, cenas, árboles de Navidad y “amigos invisibles” con presupuesto limitado, cualquier ayuda es bien recibida. Hoy les traigo algunos libros con los que satisfacer el paladar bibliófilo más exigente.

1. El librero, de Roald Dahl.


“Si uno se detenía a curiosear a través del cristal, podía ver las paredes forradas de arriba abajo con libros y, si abría la puerta y entraba, inmediatamente lo envolvía el hedor a cartón viejo y hojas de té que impregna el interior de toda librería de lance de Londres.”

Esta preciosa edición ilustrada de Nórdica libros es, sin duda, un gran regalo para los amantes del genial escritor británico. Relato breve, irónico, inteligente, y con un giro final inesperado, como dice mi amiga Victoria Mera, nada tiene que ver el de Dahl con el librero entrañable que nos recomienda libros amorosamente. Una magnífica elección si nuestro público objetivo es un lector avezado, con sentido del humor y con una cierta tolerancia a la sordidez.

2. Piscinas vacías, de Laura Ferrero.


“Lo están pasando mal. Pero eso no quita que sean unos egoístas -dijo-. La gente triste se vuelve cruel.”

El primer libro de la joven escritora Laura Ferrero (Barcelona, 1984) se compone de veintinueve relatos, algunos de ellos muy breves, y todos tienen algo en común: Destilan una melancolía y tratan de situaciones tan cotidianas, que uno no puede obviar la especial sensibilidad de la autora y su capacidad para contar historias aparentemente sencillas, extrayendo toda la complejidad y profundidad de la situación.
Un libro para disfrutar mientras llueve acompañado de una taza de té, como lo describí para una amiga tras leerlo, no es quizás apto para todos los públicos, pero los lectores aficionados a la saudade bonita no se sentirán decepcionados.

Yo, personalmente, espero leer mucho más de Laura en el futuro.

3. Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout.


“Ya lo he dicho: Me interesa cómo encontramos maneras de sentirnos superiores a otra persona, a otro grupo de personas. Pasa en todas partes, y todo el tiempo. Le pongamos el nombre que le pongamos, creo que es lo más rastrero que hay en nosotros, esa necesidad de encontrar a alguien a quien rebajar.”

Uno de los fenómenos editoriales de este año (habrán podido verlo en todas las librerías), escrito con una prosa sencilla y fácil de leer, ahonda, sin embargo, en los sentimientos de sus protagonistas y en la peculiar y en ocasiones peliaguda relación entre una madre y su hija.

Aunque no fui capaz de empatizar con la hija (quizás un personaje demasiado “sensiblero” y empalagoso para mi gusto, me resultó mucho más simpática la madre), es un libro bonito que invita a reflexionar, y una buena elección para estas fechas en las que el sentimiento y la nostalgia están a flor de piel. Este libro, visionado de Love Actually y emoción asegurada.

4. Tan poca vida, de Hanya Yanagihara.


"Pero los suyos eran tiempos de realización personal en los que el mero hecho de conformarse con una segunda opción parecía innoble y propia de quien carecía de fuerza de voluntad. En algún momento el acto de rendirse a lo que parecía ser el destino había dejado de ser algo digno para convertirse en un acto de cobardía. Había ocasiones en que la presión por conquistar la felicidad resultaba opresiva, como su estuviera al alcance de todos y cualquier situación intermedia fuera culpa de uno."

Mejor novela del año para muchos, este libro mastodóntico (unas mil páginas) relata la historia de cuatro amigos (con clara preeminencia de uno de ellos) que viven en Nueva York, desde su adolescencia hasta su madurez. Es triste, es duro y algunos opinan que pierde fuelle hacia el último tercio, pero, en mi opinión, es una muy buena novela que gustará a lectores que no se dejen intimidar por el grosor de su lomo.

5. La carne, de Rosa Montero.


“La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.”

Devoré este libro en un fin de semana. Ameno, con la prosa ágil de Rosa Montero, aborda con humor la temática de las "últimas veces", la ansiedad de las "últimas oportunidades". Ambientado en Madrid, me gustó mucho reconocer lugares y planes. La protagonista es, a la vez, odiosa y querible. Muy buena opción para regalar a una amiga.

6. Las chicas, de Emma Cline.


“No hizo falta mucho: yo sabía que el simple hecho de ser una chica perjudicaba la capacidad de creer en ti misma. Los sentimientos parecían algo en absoluto fiable, como los galimatías llenos de errores que le arrancábamos a la ouija. Las visitas de mi infancia al médico de cabecera solían ser situaciones estresantes por ese motivo. Me hacía preguntas consideradas: ¿cómo me encontraba? ¿Cómo describiría el dolor? ¿Era más bien agudo o difuso? Y yo me lo quedaba mirando con desesperación. Lo que necesitaba era que me lo dijeran, ésa era la gracia de ir al médico. Que me hiciesen un análisis, que me metiesen en una máquina que me peinara por dentro con radiológica precisión y me dijeran cuál era la verdad.”

Las chicas ha despertado mucha expectación, en parte por la edad de su autora (apenas veintisiete añitos). Lena Dunham dijo de este libro que “os romperá el corazón y os volará la cabeza”. Inspirada en la historia de Charles Manson, es realmente una novela sobre las “chicas taradas” (o que creen serlo). Sobre la inseguridad femenina, la necesidad de aceptación, de atención y de cariño. Me pareció dura, pero no excesivamente. Un poco como un episodio de Black Mirror: Se sobrelleva como se puede y uno se va a dormir con desasosiego y con ganas de más. Un debut muy prometedor, más que por la hondura de sus personajes que por lo que cuenta. Recomendable para lectores a los que no les importe irse a la cama con una cierta desazón.

7. Todo esto te daré, de Dolores Redondo.


“¿Me considera un monstruo, señor Ortigosa? ¿Cree que soy cruel? Pues piense una cosa: si mi marido puso a Álvaro al frente de nuestra casa no fue por su buen corazón, sino porque en él se aunaban esa capacidad de crueldad y firmeza necesarias para salvaguardar la heredad, nuestra estirpe y lo que eso significa, a cualquier precio y, le aseguro que -irguió el cuello y balanceó la cabeza levemente como si sobre ella portase una corona-, no nos defraudó: hizo el buen trabajo que esperábamos de él y con creces.”

Después de la trilogía del Baztán, Dolores Redondo nos traslada hasta la Ribeira Sacra con su nueva novela, ganadora del Premio Planeta 2016. Y ha descubierto cuál es el secreto del éxito: Emplazamientos patrios magníficos descritos con pericia (Navarra y Galicia, destinos propuestos para 2017), muertes con el punto justo de truculencia, todo ello sabiamente aderezado con folklore con unas gotas de superstición. En mi opinión, no está al nivel de El guardián invisible y compañía, pero se trata de un libro estupendo para nuestros trayectos navideños (en tren o en avión, no lean en el coche, no se me mareen). Ideal para aficionados a la novela negra.

8. Bonus: El perro del hortelano, de Lope de Vega.



“Y tan olvidada estoy

que a no imaginar en ti

fuera de mí misma voy,

porque si en mí misma fuera,

te imaginara y te viera,

que, para no imaginarte,

tengo el alma en otra parte,

aunque olvidarte no quiera.

¿Cómo me osaste nombrar?

¿Cómo cupo en esa boca

mi nombre?”


En realidad, lo que les recomendaría muy fuerte es que fueran al Teatro de la Comedia (calle Príncipe, 14) a ver la representación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirección de Helena Pimenta. Pero como sé que el último pase es el 22 de diciembre y, en consecuencia, vamos justos de tiempo y de entradas (aunque, insisto, si tienen la oportunidad, ni lo duden), me conformo con que revisiten los clásicos y se sorprendan recitando a Lope por el pasillo de casa, o frente a su cuñado durante la cena de Nochebuena (su cuñado también merece leer a Lope), o delante de su jefe en la fiesta de empresa (mucho mejor que cantar Bisbal, por mucho que yo adore a Bisbal). Mi personaje favorito es Marcela (de ahí los versos de arriba), pero si la Condesa Diana es más del gusto suyo, también pueden decir aquello de “Quien quiere puede, si quiere, como quiso, aborrecer. Esto es lo mejor: yo quiero no querer.”

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