Vivir El Retiro: Pequeña guía de pequeños placeres


El Palacio de Cristal de El Retiro./ Ángela P.



Como fiel defensora que soy del aperitivo, del desayuno y de los pequeños placeres de la vida en definitiva, tengo muy claro que conocer el propio barrio y disfrutarlo, asegura una existencia mucho más feliz, Y, si uno es de fuera de Madrid, es indispensable para sentirse como en casa.

Por eso, hoy me permito evocar (quizás demasiado poéticamente), algunos de los deleites que ofrece el mío: El Retiro. 


Despertarte una mañana de sábado con el olor a chocolate y churros de la Chocolatería Valor que, alguien que te quiere mucho, ha bajado a comprar, bien abrigado para protegerse (y protegerte) de los primeros fríos del otoño.

Volver de un duro día de trabajo y tomarte plácidamente una cerveza (¡doble!) con unas patatas fritas en la terraza de invierno de El ratón vaquero acompañado de tu perro (al que tratarán con mucho cariño).

Volver de yoga y pedir una caña en El Paleto. O, ya que estamos, cenemos tomate con ventresca, hábilmente aliñado, y su exquisito atún a la plancha. Y un albariño. Que hoy toca cuidarse.

Sentarte en el Barandana a leer (el último “tocho” de moda, Tan poca vida, de Hanya Yanagihara, puede ser una opción excelente), escribir o charlar, mientras meriendas su deliciosa tarta de queso (¡recomendada!), o te tomas un vino. Aquí también les gustan los perros.

Barandana./ Ángela P.

Las croquetas de patata y trufa y las mini hamburguesas de La Catapa. La distinción de la Taberna Laredo (para ocasiones especiales). La barra (o cualquier superficie donde consigas depositar tu vaso) de la mítica La Castela; su milhojas de ventresca y sus revueltos.

Ir a tomar el aperitivo al Txirimiri (siempre mejor con amigos, para poder probar más cosas con la excusa del compartir) y pedir las delicias de queso Idiazabal y su impresionante tortilla de patatas, primorosamente colocada sobre una rebanada de pan. Con la cantidad justa de cebolla, ligeramente caramelizada. Y salir comido.

Txirimiri de Ibiza./ Ángela P.

Pero, si es de tortillas de patatas de lo que hablamos, la de la Taberna Pedraza son palabras mayores. Su tortilla de Betanzos es de otro planeta: Esponjosa, con las patatas cortadas muy finas, poco cuajada, “rebosona”. Un monumento al huevo. Una maravilla. Y, para completar, la ensaladilla de Carmen.

Tortilla de Betanzos de la Taberna Pedraza./ Ángela P.

Para los domingos de resaca (que son cada vez menos), ¿qué tal si subimos a casa unas pizzas de Allô Pizza y terminamos de ver la segunda temporada de Narcos en Netflix? Y, de postre, un poco de helado. Quizás no es el mejor momento de la semana para ser exigente con uno mismo.

Y, si es algo más exótico lo que nos apetece y nos sentimos intrépidos, ¿por qué no pedir las samosas, el chicken tikka masala (o cualquier otro de sus sabrosos platos de pollo) y un arroz en el restaurante indio Fathe Pur?

Pero, como no sólo de pan vive el hombre, reservemos un rato para pasear por El Retiro. Y aprovechemos para entrar a investigar en su preciosa biblioteca Eugenio Trías (Casa de Fieras).

Biblioteca Eugenio Trías (Casa de Fieras) en parque de El Retiro./ Ángela P.

En el barrio no tenemos La Central, ni Tipos Infames (aunque La Casa del Libro de Alcalá es casi nuestra) pero, desde hace poco, contamos con una atractiva propuesta, una librería low-cost: Re-Read en la calle O’ Donnell. Libros usados a precios bajos: Un libro, tres euros; dos libros, cinco euros; cinco libros, diez euros. Ideal para todos aquellos a los que nos gusta curiosear y rebuscar en estanterías a la caza de tesoros. Nadie tendrá excusa para no leer.

Por supuesto, quedan muchos lugares con encanto que descubrirles, muchas delicias gastronómicas por probar y compartir. Pero, afortunadamente, tenemos todo el tiempo del mundo.

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