El profesor de música

Foto: Lauren Mancke (Unsplash)

Yo tuve un profesor de música en el colegio que, aunque no logró convertirme en una gran erudita ni inculcarme un amor sin parangón por la música, ni de cámara ni de orquesta, nos dijo algo una vez que sospecho que yo ya venía haciendo, pero que me ha acompañado después toda la vida.

Estábamos preparándonos para los exámenes y él nos aconsejaba sobre cómo estudiar. Y, ese señor portentoso, ese astro de la estrategia y de la técnica del estudio, nos dijo entonces que nos pusiéramos a estudiar nada más levantarnos, con el café a medio beber en el escritorio, en pijama y sin duchar.

Yo lo he practicado a rajatabla durante toda mi vida de estudiante y nunca he entendido a todos esos que se duchaban y acicalaban para pasarse el día entero delante de los libros. Por supuesto que eventualmente me duchaba, no os vayáis a creer, ya fuera en uno de los descansos, después de la siesta o por la noche. Y la ducha me resultaba mucho más agradable con la satisfacción del deber cumplido.

A día de hoy, los días en que me prometo que voy a escribir, también me levanto (temprano), me tomo mi tostada de pie en la cocina, y me llevo el café a la mesa del ordenador. De hecho, acabo de salir de la ducha hace apenas un momento. A punto para la cervecita del aperitivo del domingo.

Feliz domingo, queridos. Sed felices y no dejéis de dedicar tiempo a lo que de verdad os gusta. Aun a costa de vuestra ducha matinal.

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