Sous le ciel de Paris


Mañana nos vamos a París y yo me estoy pertrechando para tamaña empresa. De momento, ya tengo una guía pequeñita de Lonely Planet, París de cerca, que he ojeado un par de veces en el metro, y mi Moleskine, presta para recoger todo tipo de soplos que me lleguen mágicamente. Confío en que la inspiración me sorprenda de manera natural pero sospecho que, finalmente, tendré que forzarme a escribir "algo", aunque sea. De cualquier modo, uno no puede ir a París sin una Moleskine.

Respecto a la guía de viajes, a mí me gustan las más voluminosas porque, al fin y al cabo, burro grande, ande o no ande, pero pensamos que, total, para unos cuantos días y, además, con equipaje de cabina, era más que suficiente.

También he preparado la cámara de fotos (en verdad me he limitado a comprobar que en la tarjeta de memoria cabrán las fotos estimadas sin necesidad de borrar las antiguas y he cargado la batería pero, eh, todo esto es ser previsora de más); he puesto doscientas lavadoras sin orden ni concierto para que, en el momento de hacer la maleta no eche en falta nada de lo que me gustaría llevarme (creo que he lavado incluso algún bikini); he enchufado el iPad (no sé muy bien para qué, pero si una tiene un iPad es un poco su obligación llevarlo a todas partes) y he consultado el tiempo.

Nadie podrá echarme en cara que no soy una viajera avezada (aunque, nota mental, estaría bien que imprimiera las tarjetas de embarque y la confirmación del hotel).

Al hilo de todo esto, pero especialmente del título del post, he reflexionado un poco sobre los idiomas y su estudio. He tenido que buscar en Google la letra traducida de la canción que Édith Piaf hizo célebre para asegurarme de que no hablaba de asesinatos en masa en París ni nada por el estilo, sino que mostraba una imagen amable de la ciudad, apropiada para mi artículo.

Se supone que yo he sabido francés en algún momento de mi vida (como para un muy digno nivel intermedio). Eso dice en mi curriculum, en mi LinkdIn y me costó una optativa en el colegio, dos años de Escuela de Idiomas, y un curso en el Institut Français. Sin embargo, y muy a mi pesar, todo ese tiempo no me ha resultado nada rentable (en términos académicos, lo cierto es que Marina y yo lo pasamos pipa el primer año en la Escuela de Idiomas).

Hace un par de años hicimos un viaje en coche por Francia. Salimos desde Barcelona y tomamos y pagamos todas las autopistas que encontramos en nuestro camino. En una de ellas, ya en territorio francés, dispuestos a pagar con tarjeta, nos metimos en el carril indicado, con tal mala fortuna que no nos aceptaba ninguna. Teníamos una barrera móvil por delante, coches de enojados franceses por detrás y, presas del pánico, lanzábamos lastimeras explicaciones y disculpas a un interfono que sólo nos devolvía un inclemente y riguroso "En arrièrre! En arrière!"

En fin. Si tenéis recomendaciones para nuestro viaje (aparte de que nos hagamos con un diccionario de bolsillo), os lo agradeceremos muchísimo.

Aunque ya adelanto que no me gustan los macarons. Eso no es ni postre, ni desayuno, ni merienda válidos.

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