Qué es para mí el fútbol

Foto: Mpho Mojapelo (Unsplash).

Hoy inauguro una nueva (y espero que exitosa) sección en el blog que he bautizado como: "Peticiones”. En ella escribiré sobre cosas que me propone la gente. Lo cierto es que ni el nombre ni la descripción son demasiado fieles a la verdad; más bien debería llamarse “Ideas que me da la gente cuando la persigo incesantemente pidiéndoselas porque se me ha acabado la inspiración.”

Tenía pendiente desde hacía algún tiempo escribir un artículo para Ale con el tema “Cómo vivo yo el fútbol en comparación con los que me rodean”. Todo esto viene de la Final de la Liga de Campeones de la UEFA 2013-2014 en la que, como recordaréis (yo no tendría ni pajolera idea si no fuera porque estoy escribiendo esto) se enfrentaron el Real Madrid y el Atlético de Madrid (primera vez en la historia en la que los dos equipos eran de la misma ciudad, Madrid), con un resultado de 4-1 a favor de los madridistas, que se alzaron con su Décima Copa de Europa, todo ello según Wikipedia. Llegado a este punto me abruma la confusión, porque ya no sé si se jugaban la Liga o una Copa.

El caso es que jugaban en Lisboa, pero tanto el Atlético como el Real Madrid colocaron pantallas gigantes en sus estadios (más gigante la del Madrid, con esa presunción propia de los que son un poco abusones) y vendieron o regalaron entradas para que los forofos pudieran ver el partido desde allí.

Los forofos y las parejas de los forofos, porque allí estaba yo, en lugar de estar en el concierto de Andrés Calamaro (que tampoco es que me supusiera un gran trauma porque hace años que me da pereza y ni siquiera había comprado las entradas por mí), sentada entre Ale y mi amiga Almu, gracias a unos pases que me consiguió Mariajito y que me erigieron en la mejor novia del mundo. Por si todo eso fuera poco, se trataba del fin de semana de mi cumpleaños. La mejor novia del universo.

Recuerdo remotamente que iban empatados, o ganando el Atlético (no lo sé, y no me apetece buscar más en Wikipedia) y, en el tiempo de descuento, el Madrid se puso a marcar como loco. El estadio rugía; a mi lado Almu, vestida con una camiseta de Bale, se levantaba y aplaudía; Ale gritaba, entusiasmado. Desde la parte baja de las gradas se elevaba en vaharadas un nauseabundo olor, mezcla de testosterona y sudor. Algunos "animalacos" golpeaban el mobiliario.

Mientras tanto, yo permanecía sentada, esperando acontecimientos. No recuerdo siquiera si llegué a lograr hacerme con un mini antes de sentarnos en nuestros asientos, pero, en cualquier caso, a esas alturas ya estaría o caliente, o finiquitado.

Por supuesto que me alegraba de ver felices a mis amigos y a mi novio. Pero pensaba en mi pobre Marina, viendo perder a su Atleti desde su casita cacereña, y se me encogía el corazón.

Desde entonces, Ale siempre me recuerda esa vez en la que fuimos a ver aquella final al Bernabeu y yo me pasé los más de 90 minutos que duró el partido sentada como un gato de escayola, mirando, con total desapasionamiento.

Que qué es para mí el fútbol, queréis saber. Para mí el fútbol es una excusa para beber cerveza y comer patatas fritas rodeada de mi familia y amigos. Y, cuando juega España (y gana), un tibio sentimiento de orgullo nacional.

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