Me lo creo todo

Yo es que me lo creo todo.

Resulta que hace algunas semanas se hizo en Malpartida de Cáceres un casting para contratar extras para Juego de tronos. Mi madre escribió en el chat familiar, contando que se había presentado, que creía que la iban a coger o que, por lo menos, eso le habían dicho, y que qué pena haberse cortado el pelo. Que con tal de ver a Tyrion y a Jaime

Inmediatamente, mi hermana (que está visto que también se lo cree todo) y yo respondimos, manifestando nuestra envidia (sana) por esa increíble oportunidad y haciendo mil preguntas sobre cómo se había desarrollado todo.

Sin embargo, no se trataba más que de una cruel mentira.

Esta credulidad mía no es ninguna novedad. Tiempo atrás Ale me explicó que su sueño era tener un perro, pero uno en concreto: El perro calvo egipcio. Me explicó, con mucha seriedad, que era un perro estupendo, muy inteligente, cariñoso con los niños. Que el único problema que tenía era que la piel (sin pelo), se le llenaba dos veces al año de pústulas que supuraban pus, muy contagiosas, y que era una lástima, porque había que tenerlo en cuarentena durante ese tiempo, y daba mucha pena dejarlo solo. Que creía que había guarderías específicas para perros en las que se los podía tener durante esos periodos. Pero, por lo demás, era un perro estupendo.

Obviamente, era una mentira tan elaborada que no pude evitar creérmela. En fin, después de haber crecido con esto, nadie puede reprochármelo.


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