La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides


"No hay felicidad en el amor salvo al final de una novela inglesa.” Barchester Towers, Anthony Trollope.

Tenía pendiente este libro, algo olvidado, desde hacía bastante tiempo. No ha sido hasta este verano, después de que me recomendaran Middlesex, cuando me he decidido a leer ambos, seguidos, sin solución de continuidad. Así soy yo, excesiva, sin mesura.

Y, sin perjuicio de que Middlesex sea fantástico, maravilloso, enorme, una verdadera joya, el libro que más me ha gustado y que más he disfrutado estas vacaciones es, sin ninguna duda, La trama nupcial.

Comienza con dos citas. La primera, de François de la Rochefoucald, decreta que “La gente no se enamoraría nunca si no hubiera oído hablar del amor”. La segunda, es un fragmento de la canción Once In A Lifetime, de Talking Heads, que dice “Y puede que te preguntes: Bien, ¿y cómo he llegado aquí…? Y puede que te digas: Ésta no es mi bonita casa. Y puede que te digas: Ésta no es mi preciosa mujer.” Y es que, en todo el libro, late la idea, la duda: ¿Es el amor algo real? ¿Es, por el contrario, una construcción puramente cultural? ¿Un estado mental? ¿Una fantasía?

La narración arranca el día de la graduación de Madeleine Hanna, una romántica y sentimental estudiante de Brown que prepara su tesis de licenciatura en lengua sobre la trama nupcial, es decir, sobre las novelas del siglo XIX que giran en torno a la problemática del matrimonio. Ella misma se encuentra inmersa en su peculiar y personal “trama nupcial”, ya que es uno de los vértices del triángulo amoroso formado además por su novio, Leonard Bankhead, un tipo brillante, científico, que viene de una familia un tanto disfuncional; y por su amigo, Mitchell Grammaticus, el mítico “pagafantas” adorable, que se ha especializado en Ciencias de la Religión y que planea viajar a la India tras la graduación.

Jeffrey Eugenides es un narrador amable con sus personajes. Les trata, por complejos y ambivalentes que sean, con cariño. Te ayuda a meterte en su piel, a comprender sus razones.

Personalmente, empatizo bastante con Madeleine y me he preocupado durante todo el libro por su bienestar. Cuando declara que lo que quiere es ser “victorianista” (el sueño de mi vida) la hubiera abrazado. Me sorprendí a mí misma refunfuñando cuando tomaba decisiones equivocadas, e indignándome cuando se la trataba injustamente. Sus padres son un tanto estrafalarios, pero entrañables (algo que, curiosamente, también ocurre en Middlesex). Leonard es alguien que, a pesar de su dolor, tiene la fuerza suficiente para hacer lo correcto. Sin embargo, mi preferido es, sin duda, el bueno de Mitchell. Mitchell es un personaje típico en este tipo de argumentos, pero está extraordinariamente bien construido, con una personalidad original, que resulta atractiva y simpática. No se limita a ser una mera comparsa en los devaneos amorosos de Madeleine, sino que tiene sus propias inquietudes y preocupaciones. Su propia trama, en cierto modo.

Eugenides confía en la inteligencia de sus lectores. Evita explicitar de más, señalarle a uno, con letreros luminosos de neón, cuándo tiene que reírse, sonreír, entristecerse, sentir antipatía. Da por hecho que seremos capaces de entenderlo nosotros mismos. Trata temas sensibles, como las enfermedades mentales, la pobreza, las relaciones patológicas, o las crisis de pareja, de identidad o de vocación, de manera seria, pero sin dramatizar deliberada y artificiosamente.

La trama nupcial es un libro profundo, pero divertido, con diálogos frescos y fluidos, construido a base de personajes tan humanos y tan creíbles que podrían tratarse de nosotros mismos.

Comentarios

Entradas populares