Un post en la estación de Santa Justa

Queridos todos,

Sé que tengo esto muy abandonado y que me limito a venir de vez en cuando a comunicaros que he escrito un nuevo artículo para Ritmos 21 (lo cual he hecho, por cierto, se llama El vestido años 50).

La verdad es que estas semanas (especialmente la última), están siendo bastante ajetreadas y que entre el ejercicio físico, la vida social, el trabajo y las actividades culturales varias, facetas todas ellas que uno tiene que cultivar para sentir que tiene una agotadora vida plena como decían en aquel artículo de la GQ, no tengo mucho tiempo para escribir. Y cuando lo tengo prefiero ver Gotham mientras como picos de pan integral con humus directamente de la tarrina.

De hecho, si estoy escribiendo esto es porque acabo de llegar a Sevilla y estoy esperando en la estación de Santa Justa a que vengan mis amigas a recogerme para inaugurar un fin de semana de locura y desenfreno, celebrando la despedida de nuestra querida Pat. Y ya sabéis que el AVE siempre me inspira.

Así que aquí estoy, sentada en una cafetería de la estación que prometía WiFi (aunque finalmente no me he conectado porque había que registrarse) escribiendo en el IPad mientras me bebo a sorbitos pequeños una Coca Cola Zero (bebida que identifico inmediatamente con las cuatro de la tarde de un día laborable) porque no he sido lo bastante fiel a mí misma como para pedirme una cerveza.

Me siento un poco una escritora pero no lo suficiente. Quizás a la cafetería le falten mesas de madera, enchufes en las paredes, láminas de Mr Wonderful, tazas de loza descascarillada, sillas desparejadas y que me hubieran servido la Coca Cola en un vaso de cristal.

En cualquier caso, estoy escribiendo, y eso es algo que hay que agradecerle a esta cafetería de paso y a la carestía de AVES Madrid- Sevilla del 20 de mayo de 2016.

Volveré pronto.

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