Las nazis de las bodas o las "nazinovias"

Telva

Llevo un par de meses formándome bastante en el área de las bodas.

Lo primero que hice, por supuesto, fue comprarme la Telva y la Vogue Novias. Ahí estaba yo, en la calle Serrano, abrazada a mis revistas, intentando pasar desapercibida como si a alguien le importara lo que yo leyera, quién fuera y si me iba o no a casar, que incluso sentí la necesidad de esconderlas debajo del abrigo cuando me paré en el semáforo (¡qué oportuno!) con una antigua compañera de la facultad. Cuando logré zafarme, conseguí llegar hasta el Rodilla sintiéndome un poco acosada por las miradas inquisitivas de toda esa gente a la que no conozco y a la que le importo un comino (lo cual confirma la teoría del egocentrismo de las novias), y me acomodé en una mesa con mis cuatro sándwiches (uno siempre de pollo al curry) y mi Coca Cola Zero, dispuesta a que me fuera revelada la verdad última sobre las bodas. Las Bodas.

Resultó una terrible decepción porque de su lectura no saqué nada de interés. Ni un solo dato útil. Ningún artículo como los que yo recordaba de cuando, jóvenes y lozanas, miraba las revistas con mi prima Luxi, con precios, alternativas, estilos, opciones. Muchísima publicidad. Muy desesperanzada, agobiada, me fui directa a contratar a una Wedding Planner.

Lo segundo que hice fue seguir todas las cuentas de instagram y todos los blogs de novias con los que topé o que se me ocurrieron. Es así, más que por las revistas, como he identificado una variedad de seres, en su mayoría mujeres, en su mayoría novias pasadas, presentes o futuras (potenciales), que he dado en llamar las "nazinovias". Y, entre internet y mi propia experiencia, he aprendido unas cuantas cosas sobre ellas. A saber:

1) A las "nazinovias" no les gusta ni Rosa Clará ni Pronovias. Se ve que eso es muy vulgar. Si una tiene que comprarse un vestido hecho, por lo menos, POR LO MENOS, que sea de alguna diseñadora francesa muy trendy y muy chic. En algún sitio leí que "hay casas de moda muy dignas con vestidos a precios muy razonables que se alejan de las típicas..." o algo por el estilo. Si una se tiene que conformar con un vestido hecho, por lo menos que sea de alguna marca "aceptable".

2) Las "nazinovias" se dedican a tiempo completo a su boda durante un periodo que estimo comprendido entre un año y medio y dos años. Y esperan que tú hagas lo mismo. Unas pocas se someten incluso a pequeñas cirugías con vistas al evento (Esto es rigurosamente cierto. En alguna revista se propone la cirugía en el cronograma ese según el cual vas siempre tarde.) Semejante dedicación les permite personalizarlo todo. En serio. TODO. Creo que sólo me queda por ver papel higiénico con la cara de los novios.

3) Para visitar determinadas joyerías hay que ir con una disposición, un savoir-faire, un atuendo determinados. Yo, que nunca he tenido ningún problema en ir por los sitios como si todo fuera mío, me sentí tan fuera de lugar en una como la vez aquella en que no me dejaron entrar en cierta discoteca madrileña con pantalones vaqueros cortos. Me faltó el canto de un duro para sacar la tarjeta y balbucir que las joyas (algunas, pocas, y con mucho sacrificio) expuestas las podía pagar, cuando caí en la cuenta de que qué necesidad había de someterse voluntariamente a semejante ultraje.

4) Algunas "nazinovias" no son novias, son proveedores. Pueden ser por ejemplo señoras que no se explican que no contemples fijar la fecha en función de la disponibilidad de su lugar de celebración. Algunas se sorprenden, escandalizadas, cuando preguntas si tienen sitio para el día que quieres: "¡No, no! ¡Imposible! Si hay chicas que reservan con dos años de antelación!". Otras se ríen con sorna."Pero con tanta antelación les da tiempo a cortar y ponerse a salir con otro...", piensas tú con toda la razón. "Mire, señora, pues entonces yo creo que hay algunas que reservan si novio siquiera".

Las "nazinovias" son ridículas, pero pueden resultar peligrosas si te imbuyen sus ideas idiotas y consiguen que pierdas de vista lo verdaderamente importante en una boda. El jamón.

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