Que vuelva el "blog personal" (por favor)

Este fin de semana fuimos a otra pop up storeSlowRevolution de Federica and Co

Es curioso como todos estos mercadillos han homogeneizado el estilo y venden los mismos objetos que, aunque monos, al final resultan insulsos a fuerza de verlos.

De este tipo, perfil inventariado, como diría Houellebecq, de mercadillo instagrameable, falsamente hipster (por la propia definición de hipster que, por cierto, he tenido que buscar en Wikipedia) se descuelga un poco, por ser un pelín cutre pero mucho más auténtico en su propia cutrez, el Mercadillo del Gato, en el antiguo Casino Militar de la Gran Vía.

Estos últimos días me he sorprendido a mí misma fotografiando espacios cuquis muy alocadamente, compartiendo en Tuiter recomendaciones sobre restaurantes, tabernas, cafés o bares como si mi opinión valiera algo para gente que no me conoce de nada y, en definitiva, comportándome en las redes de un modo que no puedo asegurar que no reproduzca en el futuro pero que, en resumen, hace que me sienta un poco abochornadita.

Lo único que he sacado de todo ello es la ilusión de estar haciendo muchas cosas muy molonas y un par de retuits.

Como ya comenté hace unos meses, mi impresión es que últimamente han proliferado esos blogs y artículos de los que hablaba entonces, inevitablemente "vendevidas". Con ellos pasa un poco como con las pop up store y con los tuits y retuits: Da la sensación de que, visto uno, vistos todos (salvo, quizás, en casos excepcionales de escritores especialmente carismáticos).

Sin embargo, hace poco he descubierto un blog que me ha encantado por genuino, porque está muy bien escrito y porque es exactamente el blog que yo estaba echando de menos: El auténtico, el primigenio, el blog personal.

Este blog maravillo es el de Lili y el Mundo y, aunque el diseño puede no ser el más minimalista ni los temas los más sesudos, aunque no recomiende restaurantes de moda ni viajes de ensueño, os aseguro que es de lo mejorcito que he leído en Internet últimamente.

Lili escribe bien, en el sentido de correctamente, con sus signos de puntuación, sus tildes y sus cosas (y, creedme, eso ya es mucho). Lili escribe divertido, sin pretensiones ni ínfulas antipáticas. Lili es graciosa, pero sin maldades ni rencores, y hace gala de lo que Elvira Lindo decía que tenía que ser el humor en aquel artículo en el que hablaba de Jabois (y que voy a volver a citar porque es estupendo):

"Los que piensan que el humor reside en la capacidad de mofarse del contrario no saben que quien lleva escrita la ironía en el código genético (que es donde tiene que estar escrita) suele entregarse desarmado ante el lector y mostrarle, en una desvalida desnudez, sus cicatrices infantiles, sus manías, todo un catálogo de imperfecciones para someterlas a la risa ajena. [...] La malevolencia española nos atrasa: es autoindulgente, solo disfruta del defecto ajeno, no mide la crueldad, y jamás llega a la esencia del humor moderno, esa en la que el cronista, antes de disparar al prójimo ha de pegarse un tiro en el pie, para recordarse a sí mismo que, cuando te atacan, duele."

El blog de Lili es el blog que me apetece leer cuando vuelvo del trabajo. Saber qué fue de los pantalones naranjas de pana de JC. Que me cuente los últimos desvaríos de su madre, la simpática feminazi tuitera, y las vicisitudes creativas de su padre. Es como Bridget Jones, pero mejor (y más después del último libro).

Lili es todos nosotros, con su vida azarosa y sus problemas, aunque siempre vistos desde una perspectiva amable. No quiere venderle nada a nadie, no lo necesita. Le basta con escribir bien y escribir de lo que le apetece. Resulta una refrescante novedad.

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