Maneras de leer


Es domingo por la mañana, me he levantado, he desayunado, me he vuelto a acostar y estoy repanchingada con el ordenador, el Ipad, el móvil y varios libros repartidos entre la cama y la mesilla. No digo que tengo por aquí la prensa y la Jot Down porque, además de ser mentira, petaría el "molómetro" de la modernidad impostada.

Acabo de terminar "Pequeño fracaso", de Gary Shteyngart, de Libros del Asteroide y, tras comentarlo en tuiter con mi querida Mj (amiga, tuitera predilecta, bibliófila y melómana increíble), me he puesto a pensar en maneras de leer.

Me decía Mj: "Estoy con tres. Por uno más no pasa absolutamente nada", y yo comulgo totalmente con esta filosofía de vida lectora.

Ahora mismo tengo empezados y en diferente grado de avance (ya sea de páginas o de porcentaje) varios libros, que cojo y dejo sin orden ni concierto alguno, y entre los que están The Opposite of Loneliness, de Marina Keegan; Nuestros antepasados, de Italo Calvino; Los hombres de la guadaña, de John Connolly y Galicia, de Julio Camba; además de alguno de poesía, género que, como me cuesta mucho más, consumo en pequeñas dosis.

Yo soy una lectora voraz, ecléctica, desordenada y caprichosa. Leo sin sonrojo Los juegos del hambre y sostengo, así que pasen años y años, que La sombra del viento es un gran libro; pero de repente me descuelgo leyendo La insoportable levedad del ser (y lo termino, aunque me parezca un poco coñazo), o me postro ante Albert Cohen y su Bella del señor con una veneración casi religiosa.

Como le decía esta mañana a Mj, "Ya sabes que así es como leemos"

Lo importante es leer. Leer mucho y leer de todo. Algunos de mis mejores ratos lectores los he pasado con libros bien malos, como el infame El penúltimo sueño, de Ángela Becerra y su descacharrante "la empotró contra el piano". Todas mis opiniones, todos mis comentarios sentenciosos sobre libros malos, pueden estar mejor o peor fundados pero, en cualquier caso, parten de la lectura desquiciada de libros muy malos, malos, regulares, buenos y muy buenos. Cuando digo que Las sombras de Grey es una bazofia insufrible (más por el mensaje que por la calidad, pero eso da para otro post) no me tiembla la voz, aunque en este caso sí que tenga que reconocer que jamás he sido capaz de terminarlo.

Soy muy de guilty pleasure, muy consciente de ello e incluso me jacto. Porque creo que, muchas veces, el mérito de un libro no es que sea muy bueno, es que la gente quiera leerlo. Por eso hay libros de lectura obligada que leo por leer, haciendo un esfuerzo. Y hay libros de "veraneo" que devoro y luego recomiendo. Y hay bestsellers que me parecen insufribles y no acierto a entender cómo es posible que estén entre los más leídos, a no ser que se deba al hecho de que son cortos o de autoayuda (y la gente está muy dispuesta, comprensiblemente, a que le digan qué tiene que hacer para sentirse mejor).

Hay maneras y maneras de leer. Hay quien lee pausadamente, con cuidado, subrayando y no más de un libro cada vez. Hay quien lee como yo, a veces sin poder recordar si leyó tal o cual libro. Hay quien lee, única y exclusivamente, grandes y sesudos libros (y esa es una experiencia lectora que no me interesa vivir). Hay gente que deja los libros a medias y gente que no puede tolerar no terminarlos (yo los dejo sin remordimiento). Hay gente que lee a Federico Moccia (yo he leído a Federico Moccia). Ya que estamos con italianos, hay quien lee a Susanna Tamaro (yo he leído y odiado a Susanna Tamaro).

Todo está bien. Lo importante es leer.

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