El Desencantador y Vetusta Morla

He pasado la semana toda ufana porque Mj me presentó el sábado como "del círculo indie cacereño". Por favor, el resto de los miembros, que salten a la palestra.

Fue en la presentación de la segunda novela de Jose Alberto Arias, El Desencantador, que, por motivos técnicos, no pude comprar en su momento, pero que ya he pedido y confío en que me llegue en unos días. Lo prometido es deuda.



Aunque sólo pude quedarme un rato porque teníamos entradas para Vetusta Morla, la presentación me estaba pareciendo muy divertida, me dejó muy buen sabor de boca y tengo muchas ganas de leer lo que parece ser una novela de crecimiento y llena de referencias que, como ya le dije al autor, me gustan mucho porque hacen que me sienta sabia cuando las pillo.

Lo de Vetusta Morla fue espectacular. Llevo desde mediados de semana (desde que está disponible en Spotify) escuchando en bucle su directo, 15151.


Sin embargo, y aunque ellos son inmensos, lo mejor del concierto fue el motivado que teníamos delante al que lo mismo le hubiera dado estar en un concierto de Raphael. No se sabía ni una canción pero las bailaba todas, y todas igual. Movía las caderas de manera que uno hasta temía que se le dislocaran, y los dos brazos, arriba y abajo, alternando. De vez en cuando se ausentaba un momento y volvía, cubata en mano, así que al final llevaba una borrachera considerable. Iba con un grupito de amigos, y no hemos sido capaces de dilucidar si eran padres de mediana edad que habían dejado a los niños en casa con la niñera y habían salido dispuestos a darlo todo, o tipos de cuarenta en segunda vuelta que le habían metido caña al Tinder. El Fulanito Bailongo parecía que tenía una pareja asignada, pero luego daba la sensación de que se "refrotaba" con otras, así que resultaba todo de lo más confuso. Incluso llegó a decirle al oído algo a una de las chicas (la "asignada") y ella le contesto "¿ahora?". Evidentemente, pensamos que le acababa de proponer sexo en el baño.

Pero el Fulano Bailongo no es, ni de lejos, la peor categoría de ser humano que se puede encontrar en un concierto. La peor categoría es, sin duda, el Megafan Desconsiderado. Ese para el que, en este caso, Vetusta Morla es tan fundamental, tan el motor de su existencia, que no duda en quedarse de pie en la barandilla de la grada o incluso subirse a las sillas. Y, si alguien le llama la atención porque, obviamente, no ve y quiere ver, el Megafan Desconsiderado replica, todo cargado de razón, porque no concibe que haya nada más importante que que él pueda disfrutar del concierto a sus anchas. Y es que el pobre es incapaz de controlarse, reprimir el impulso que le lleva a ser un verdadero coñazo para todos los que le rodean, cuando su grupo favorito se sube al escenario. Él es así. Ese concierto es vital para él. Se lo merece todo.

Este tipo de personas, que justifican el ser desconsiderados con los demás cuando lo que está en juego es su "pasión", son peligrosas y cada vez más numerosas en esta sociedad nuestra en la que todo el mundo se cree muy especial y todo vale si es para "exprimir la vida hasta la última gota".

Guárdate de esta gente. Y de las locas.

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