La felicidad de desayunar en Sevilla una mañana de San Isidro



Amigos, es viernes, San Isidro, y estoy en Sevilla, desayunando un café con leche y con galletas y escuchando a John Coltrane (aunque me están entrando ganas de un copazo, a lo Carrie).

En consecuencia, me encuentro en disposición de arrancarme con una nueva y exitosa "Oda al Desayuno", pero con el añadido de que es viernes, festivo en Madrid y que, como ya he dicho, estoy en Sevilla.

Estar en Sevilla es ya de por sí una buena noticia. Pero, en mi caso, estar en Sevilla un viernes por la mañana (desde el jueves noche, en realidad), con todo el fin de semana por delante, es como para bailar por la habitación (cambiar la música primero) y dar unos cuantos saltitos.

Y es que, mis fines de semana sevillanos se componen de unos hitos perfectamente identificables con variaciones en el ánimo que no me voy a poner aquí a desgranar para aburrimiento del personal pero que, resumiendo, culminan en un punto máximo de tristeza, en torno a las 22:00 del domingo.

Pero, ah, es viernes, hora del desayuno, y la felicidad es máxima. Mi plan para hoy consiste en tomarme plácidamente otro café, pasarme la mañana leyendo al loco de Houellebecq stalkeando el Facebook de otros, escribir algo (dependiendo de mi nivel de inspiración y autodisciplina), quizás ver alguna serie, premiarme por haber superado la semana con una camiseta (padres, los expertos recomiendan que no utilicéis este sistema de incentivos con vuestros hijos) y, sentarme en cualquier terraza y pedirme una pringá regada con una caña bien fresquita de la tierra.

Pero antes, no puedo dejar de recomendaros un producto trujillano-sevillano (ni que hubiera una mejor combinación) de primera calidad. Se trata del blog de mi queridísimo Juanchino, que se estrenó el 7 de mayo en Ritmos XXI: No queda sino batirnos. Él dice que va de "cultura de andar por casa, incluso con pantuflas". Sólo con eso ya me hubiera conquistado. Pero es que, además, tengo la suerte de conocer bien al autor, así que apuesto muy fuerte. Hacedme caso: un imprescindible.

Queridos, disfrutad del viernes. Hasta bien pronto.

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