Twitter

El tuiter de este blog

Tengo bien claro que hay que tener un talento especial para Twitter del que yo carezco. Así, sin paños calientes.

Twitter se me da casi tan mal como hacerme la raya, y el "casi" es únicamente porque (por fortuna) soy más hábil manejando el teclado del ordenador o el del móvil que el lápiz de ojos.

Yo soy una tuitera malísima porque el tuiter es muy de impulso y yo tengo un escribir más bien pausado, de releer y corregir, aunque a veces pueda no parecerlo. A la tercera vuelta que le doy a un posible tuit, empiezo a pensar que es demasiado obvio o una tontuna. A la sexta, quedo convencida de que estoy a punto de publicar una soberana gilipollez.

Por otro lado, se supone que en Twitter hay que ser ingenioso, y yo veo muy difícil serlo en tan pocos caracteres, debe de ser que el mío, si acaso, es un ingenio más de divagar. Además, me pasa como a Julio Camba con su admirador de Guadalajara sólo que yo, en vez de con el miedo a defraudar vivo con el miedo a ofender.

Por ejemplo, el fin de semana pasado en Madrid fuimos a cenar a un oriental. El ambiente estaba bien, los camareros eran amables, la comida era un desastre absoluto y, de regalito, me dieron un llavero-cortauñas, supongo que para que no perdiera ocasión de cortármelas en cualquier evento social, lugar o situación.

Al día siguiente, después de haber tirado el llavero-cortauñas a la basura, pensé en escribir un tuit inspirado, de esos que escribe la gente, recomendando o denostando (en este caso lo segundo), el oriental del terror.

Pero de repente me asediaron mil escrúpulos: ¿Cómo se sentiría la encargada, tan amable, del oriental del Averno si leyera mi tuit? ¿Y los cocineros? ¿Y si mi tuit provocaba en mis, digamos, cuatro seguidores, una reacción adversa y decidían no ir jamás a comer al oriental de la muerte? ¿Y si determinaba su elección culinaria? No pude evitar sentirme responsable de las nefastas consecuencias que mi influencia tuitera podría tener en la cuenta de resultados del oriental infernal.

Se me ocurrió entonces que tener un tuiter verdaderamente influyente debe de ser una cruz sólo comparable a ser una It Girl: Ya sabéis, un gran poder y etcétera. 

Tras esta epifanía, me felicito todos los días, me despierto todas las mañanas plena de gratitud por mi falta de autoridad tuitera. Si fuera de otra manera, sólo podría hablar de asuntos completamente objetivos, lo que supondría, por ejemplo, hablar del tiempo, pero no con meras referencias a frío y calor, que eso es muy subjetivo, sino que pasaría el rato cantando grados. A ver si alguno va a salir a la calle poco abrigado por mi culpa.

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