Un post en un tren

Me dice mi amigo Carlos que el iPad es el mejor invento de la historia. Yo no diría tanto pero, a bordo del Tren del Averno, que es el que va de Madrid a Cáceres pasando, con toda lógica y eficiencia, por Plasencia, y con un móvil aquejado de obsolescencia programada, parece en verdad una bendición. Acabo de toser ruidosa y aparatosamente y, a pesar de que me he tapado respetuosa y consideradamente la boca con la mano, mi compañero de asiento se ha alejado de mí ostensiblemente, como si fuera una apestada. Ni un pañuelo de papel se le ha ocurrido ofrecerme. Stephen King pensaría que estoy usando demasiados adverbios.

La gente se estresa mucho en puentes y vacaciones, aunque parezca un contrasentido. Mi teoría es que los agobios del día a día se rebajan, y entonces afloran todo tipo de nervios que no son del trabajo pero no por eso menos nocivos. Eso es lo que a mí me pasa. Hoy, esperando al tren, una señora con pinta simpática se ha puesto a quejarse festivamente porque no se le avisaba el número de andén con la antelación que ella se merecía. Y la gente la jaleaba, como si fuera una especie de lideresa reivindicativa luchando por los derechos de todos nosotros. Al fin y al cabo, todos merecemos saber a dónde dirigir nuestros pasos. Qué tren coger. Ninguno queremos correr el riesgo de perderlo.

El puente de la Constitución me parece este año un preludio de vacaciones navideñas cacereñas. Fiestas navideñas entrañables y etílicas, como dice Marina. Cáceres en Navidad es, para los que estamos expatriados, un poco como volver a la adolescencia pero más amable. Los antiguos compañeros de clase se saludan con efusión, y lo bonito del caso es que de verdad se alegran mucho de verse. Quizás se mostrarían confusos si se encontraran en otro momento, pero durante esa ventana temporal de diez días que es la Navidad cacereña les faltaría algo si esos encuentros no programados no se dieran. Al volver a sus vidas ordinarias pensarían con ligero malestar: "Pues este año no he visto a Fulanito."

A mí me hace mucha ilusión ponerme al día con gente a la que le tengo perdida la pista durante el resto del año. Lo digo con plena consciencia de la incoherencia de lo que estoy diciendo. Me gusta saber de sus vidas, me alegra que les vaya bien porque no hay pecado peor que la envidia, y en muchas ocasiones me sorprendo de cómo cambian las cosas. A veces, normalmente, también me siento vieja. Y sé que a ellos les ocurre lo mismo, y hay ahí una cierta complicidad, nostálgica. Saudade. 

Puede que parezca ingenuo, lo cual no me preocupa en absoluto. Puede que no parezca ingenuo, sino simplemente una derivación hipócrita de "espíritu navideño". Pero si media España está emocionada con el ESPANTOSO anuncio de la Lotería y yo no puedo decir esto, es que definitivamente algo falla en este país.

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