Un post en un AVE

De nuevo en el AVE, comiendo chocolate atolondradamente, de esa manera en la que termina picando un poco la nariz, el paladar y la lengua (si no sabéis de lo que hablo nunca habéis comido demasiado, podéis respirar aliviados).

El AVE es muy diferente del tren que va a Cáceres, y no estoy a punto de soltar aquí una diatriba regionalista. 

Mientras el tren a Cáceres sale de un lóbrego sótano donde una señorita va cantando el destino, el andén y la hora como si se tratara del número, la serie y el premio del Gordo de Navidad (que espero que este año me toque a mí y todos vengáis al bar a ver cómo lo celebro); en la Planta 1, Salidas, hay unas cómodas pantallas y un portento tecnológico de megafonía. Mientras que en la mazmorra aquella apenas pueden permitirse una mísera maquina de vending; en la Planta 1, Salidas, intentan encasquetarte la American Express. Extraña que todo esté pasando en la misma estación. 

En el tren a Cáceres uno escucha quejas por el retraso y gritos de niños; en el AVE pesca al vuelo comentarios tales como "Es que este es el corporativo..." refiriéndose al teléfono móvil, e incluso hay un "Vagón del Silencio", que el otro día me lo ofrecieron y tuve que preguntar qué implicaba eso exactamente. En el tren a Cáceres te llaman "Mi niña"; en el AVE, "Auricular, señora".

Pasa ahora mismo a mi lado un señor ofreciendo sándwich vegetal o muselina, aparentemente para comer. Y yo, que en mis casi 3 décadas de trenes cacereños (la primera vez que subí a un AVE fue para viajar a Valencia, a los 27 años) y libros de Ana, la de Tejas Verdes, vivía pensando que la muselina era para vestir.

Cuando uno se dispone a coger el tren a Cáceres o desde Cáceres, se despide de su seres queridos como si fuera a la guerra: "En algunos momentos (de Cáceres a Plasencia y luego otra vez al pasar por Gredos) no podré escribirte (porque no habrá cobertura), ¡pero no te olvidaré!" "Quizás, ojalá, mi asiento tenga enchufe pero, si no, procuraré reservar batería para poder escribirte (ya sabes que el papel y la tinta escasean en el frente y que el servicio de correos está suspendido, pero te escribiré cuando pueda)". En el AVE les falta incorporar un iPad a cada asiento. Aunque la mayor parte de la gente trae el suyo. El corporativo.

Uno se monta en el AVE y parece que ya se está bajando; en el tren a Cáceres se siente envejecer. 

Yo he visto a gente viajando en los pasillos de un tren a Cáceres. Es más, he sido una de ellos (y Soraya Arnelas tuvo que pasar por encima de mí para llegar al baño.)

Y no es que el AVE sea la panacea (ahora mismo estoy echando mucho de menos el "Vagón del Silencio”, por ejemplo), pero el agravio comparativo es evidente. Tampoco le pido yo al tren a Cáceres supervelocidad ni ningún exceso por el estilo. Con que vaya un poco más recto y un poco mas directo, me conformo. Que me lo apunten los Reyes Magos.

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