"Poner la Navidad"

Yo los domingos por la tarde pongo lavadoras, como todo el mundo, pero este además "he puesto la Navidad". "Poner la Navidad" consiste, obviamente, en adornar la casa, y tiene un reverso maligno que es tener que "quitar la Navidad", hasta el punto de que todos los años siento la tentación de no pasar por este trance. Pero siempre me puede el espíritu navideño, que se ve que en mí es especialmente acusado.

En este blog nos gusta mucho la Navidad aunque hagamos bromas a costa del amigo invisible, las cenas de empresa y todo, básicamente. El martes pasado estuve en una zambombada flamenca, que es como estar en una reunión de amiguetes andaluces que tocan y cantan villancicos muy bien. Los villancicos en general pueden parecer algo un poco banal lo que, por otro lado, tiene toda la lógica porque no vas a plantificarle delante a un niño La insoportable levedad del ser, por poner un ejemplo. El martes comprobé que los villancicos flamencos en concreto, aparte de hacer demasiadas referencias a la boda de San José y la Virgen María, que yo siempre he creído que era un tema que había que procurar no tocar, son alegres, familiares (en estas cosas todo el mundo es familia), un poco juerguistas y tienen un puntito canalla lo cual, lejos de ser un contrasentido, les añade un suplemento de encanto. En realidad, lo que ocurre es que toda expresión de alegría así, como con mucho jolgorio, tiende a parecer un poco banal. Tenemos la idea de que la alegría honda es algo que se lleva, no se expresa, o al menos no de una manera muy evidente. Eso le deja una cierta pátina de superficialidad a la otra, a la alegría que se celebra, lo que, si se piensa, resulta bastante injusto.

La zambombada me gustó mucho (especialmente la compañía, un beso, chicas, ¡muchas gracias por el plan!), con la excepción de un villancico que despertó en mi memoria un recuerdo infantil dormido y terrible. De repente se arrancaron con una estrofa que se correspondía, con ligeras variaciones a esta que reproduzco a continuación sin chuleta ni Google ni nada por el estilo, lo cual sugiere la dimensión de mi trauma:

"A las puertas de un rico avariento llegó Jesucristo y limosna pidió,
y en vez de darle limosna los perros que había fue y se los echó.
Pero quiso Dios que los perros de rabia murieran,
y el rico avariento pobre se quedó"

Es curioso que de niña lo que más me preocupara fuera que los perros, que no tenían culpa ninguna, murieran de rabia. Debía de parecerme una clara manifestación del Dios justiciero del Antiguo Testamento que me daba mucho miedo porque, por aquel entonces, un terror mío recurrente era el infierno.

El martes me vi, a mis siete u ocho años, sentada en un taburete alto en nuestra primera casa en Cáceres frente a un plato de palitos de pescado, mientras la chica que nos cuidaba entonces, y cuyo nombre no recuerdo, cantaba esta canción, interrumpiéndose para decirnos que nos termináramos la cena.

El miércoles, se lo contaba a mi madre, y ella se partía de risa y me preguntaba qué chica era aquella. El caso es que tengo la intuición de que le tenía simpatía, a pesar de sus coplillas apocalípticas.

Así que ya está; ya está "puesta la Navidad". Feliz Navidad a todos.

Comentarios

  1. Jajaja yo llevo tres años sin poner adornos en casa, a todo el mundo le digo que es porque estoy contra las fiestas pero en realidad la casa queda muy resultona con lucecitas y adornitos varios, el problema es que pienso que habrá que recoger todo eso y se me va el espíritu navideño de golpe, así que al final lo dejo todo desangelado. Soy un grinch.

    Abrazos.

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