Especial Navidad: El amigo invisible

Inauguramos este Especial Navidad con un asunto que genera amores, odios pero, sobre todo, recelos: El amigo invisible. El amigo invisible nos vuelve suspicaces, porque en el fondo todo el mundo teme que le caiga una manualidad.

Collares de macarrones aparte, el drama comienza con la feliz idea de todos los años, repetida como si fuese nueva: "¡Ey! ¿Y si organizamos una cena de Navidad (las cenas de Navidad merecen un post aparte) con regalos? Pero hacemos el amigo invisible mejor, que está la cosa muy mala y así sólo hay que comprar uno..."

Una vez latente el germen del mal, se toma la decisión que, invariablemente, va a ser participar en el amigo invisible porque en el fondo es una de esas cosas bonitas que dan pereza, como los Ipad y la prosa poética. El siguiente hito es fijar un presupuesto. El presupuesto suele ser un tema peliagudo, especialmente para los que suspendimos pretecnología. Yo voy por la vida suplicando que me dejen al menos gastarme quince euros, porque hay ya muy pocas cosas por diez que no se tengan que comprar en un chino. Y regalar chino queda muy deslucido.

Sin embargo, el miedo a las manualidades es totalmente infundado. Los mejores regalos de amigo invisible que he visto a lo largo de mi vida han sido DIY ("Do it yourself" si vuestra vida no gira en torno a Pinterest, "hazlo tú mismo" si además pensáis que contamos con suficientes palabras en castellano como para tener que recurrir a anglicismos chorra). Aunque también puede deberse al hecho de que mis amigas son especialmente mañosas. Recuerdo un año en el que todo el mundo se regaló cosas significativas, hechas, con sentimiento. Yo regalé un libro ni siquiera escrito por mí. Vale que era un libro muy bueno pero, ¡ahí la gente estaba regalándose con el corazón! ¡Dándose a sí mismos!

Yo me considero una buena regaladora aunque impaciente, de esas que no pueden evitar decir con voz saltarina cosas como "Tengo un regalo para ti....¡y te va a encantar! ¿Quieres que te lo de ya, ¿eh?, ¡¿Quieres?! ¡Por favor, por favor!". En lo de recibir regalos, menos en una ocasión en la que alguien me regaló una lámpara para colocar velas (WTF?), he sido siempre muy afortunada. Es por eso que, en parte por corresponder y que se mantenga el equilibrio del universo y por el deseo de no desencantar a mis regalandos y, en parte por no llevarle la contraria a mi autoesquema, los amigos invisibles suponen un enorme peso sobre mis hombritos fatigados.

Opino que regalar cosas hechas por uno mismo está muy bien, siempre que se acredite un mínimo de aptitud y pericia. Si vuestro amigo invisible soy yo, que sólo tengo para aportar mi gusto exquisito para (casi) todo, no os quedará más remedio que recibir (con la mejor de las sonrisas) algo comprado.


Comentarios

  1. Años ha que renuncié a participar en este invento del demonio, después de acumular en mi casa objetos a los que todavía no he encontrado uso alguno pero que me da pena tirar porque son un regalo...

    Ay señor...

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  2. Pues yo casi siempre he tenido mucha suerte con los regalos, la verdad. Lo que me agobia es regalar! :D

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