El desayuno

El desayuno es la comida más importante y la que más claramente diferencia un día de diario de un fin de semana o un día de fiesta. No hay mayor gozo que empezar el día desayunando con toda la calma, repetir de café, leer las noticias o un libro, o incluso escribir una entrada para un blog, tal y como estoy haciendo yo ahora mismo.

El desayuno, sin embargo, es traicionero y ambivalente en ocasiones. Salir a desayunar es un lujo, por ejemplo. Tener que salir en una ciudad extranjera porque has reservado sólo estancia, sin desayuno, en el hotel, puede ser un auténtico fastidio. Bajar a comprar los churros es una pesadez por un lado, especialmente en invierno, pero compensa sólo por el hecho de llegar a casa con ellos calentitos bajo el brazo y quitarte el abrigo dejando al descubierto el pijama que aún llevas puesto. Salir de noche y "llegar a los churros" al amanecer es un horror lo mires por donde lo mires. Lo relaciono inmediatamente con fiestas de Nochevieja y pies doloridos y empapados. Hacer un examen a las ocho de la mañana e ir luego a desayunar a El Gran Café (eran tiempos) o a El Horno de Santa Eulalia aúna el alivio con la felicidad intrínseca al propio concepto del desayuno. Desayunar después de una carrera o de subir a la montaña supone la satisfacción del deber cumplido, un chute de endorfinas y esa excusita tan conveniente de "tengo tanta hambre porque el deporte cansa".

Desayunar "un café bebido" o incluso comprarlo de camino al trabajo podría tener su justificación en un mundo de prisa arrebatada, taxis y cotizaciones en el que no me interesa vivir. Pero, desconfiad mucho de la gente que, teniendo tiempo, no desayuna. "Prefiero aprovechar el tiempo de otra manera" o "Yo es que al levantarme no tengo hambre". Esos que no son capaces de disfrutar del rito del desayuno son los mismos a los que no les gusta la Navidad. Algunos, obsesionados con la eficiencia, se dejan la vida leyendo libros de autoayuda y gestión del estrés. Yo he leído alguno últimamente y siempre procuro hacerlo durante un relajado desayuno, por no ir en contra de mis principios.

Queridos, feliz lunes de fiesta a todos. Disfrutad de vuestros desayunos. No aprovechéis el tiempo. Leed mi blog o un libro (hay libros peores y muchos libros mucho mejores que mi blog, me vienen a la cabeza ejemplos de ambos casos). Incluso otros blogs (hoy me siento magnánima porque he desayunado en condiciones). O lo que quiera que haya nuevo sobre el pequeño Nicolás. Bajad a comprar churros para alguien a quien queráis, como si el amor se midiera en frío sacrificado y calorías. Poneos otro cortado a mi salud. Extended bien la mantequilla y la mermelada en la tostada. Sed felices hoy sin pensar en la máquina de café de la oficina del mañana.

Comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo. Hoy he desayunado con un libro, muchos días lo hago leyendo el twitter u otras cosas pero ese ratito de desayuno que no falte. En días de fiesta como hoy, se alarga y se disfruta todo lo posible :-)

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    1. Es ocio máximo leer durante el desayuno :) una maravilla!

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  2. Casi por casualidad he leído este post y lo comparto al 100%,como buena cacereña que no puede empezar el día sin su desayuno!

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    1. Bienvenida, Elvira! Veo que tenemos al menos dos cosas en común :) muchas gracias por tu comentario!

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  3. Los churros post-fiesta son lo peor del mundo, vas caminando como alma en pena, como si la vida se escapara en el vaho que exhalas y cuando ya los has comprado te das cuenta que después de la borrachera lo que menos te apetecía era meterte unos cuantos churros en el cuerpo...al final te vas a dormir resacoso y con el estómago revuelto y pasas el día siguiente como si te quisieras morir.

    Pero los desayunos en casa tranquilito, eso es harina de otro costal, por esos pago, hay que darse el gustazo.

    Y a diario no desayuno en casa porque soy muy vago y me gusta aprovechar la cama al máximo, pero al llegar al curro no perdono la cafetería antes de entrar.

    ¡Un abrazo!

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    1. Sin embargo, los churros en casa son la bomba :) Pues mira que a mí lo del desayuno en bar antes del trabajo no me llama nada: estoy como agobiá!
      Un abrazo y gracias por tu comentario, Óscar!

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