Mis cinco visitas a Londres

Londres no llega a la categoría de "una de mis tres ciudades favoritas del mundo conocido por mí", (para los nuevos, Roma, Lisboa y Estambul), pero me gusta bastante.

Creo que habré estado en Londres cinco veces en mi vida, y cada una de esas ocasiones tiene su propio elemento definitorio. 

La primera vez que fui a Londres ha quedado definida por un recuerdo difuso de Covent Garden y, en él, un teatro de marionetas, libros de Beatrix Potter y lo que más adelante he podido identificar como la Benjamin Pollock's Toy Shop. Coincidiréis conmigo en que es un primer recuerdo bastante molón.

Lo que conservo de mi segunda vez en Londres es una visión fugaz de Ginger, la momia del British Museum. También recuerdo buscar como una posesa la piedra Rosetta, porque ese es el tipo de niña repelente que yo he sido y puede dar una idea aproximada de lo dura que fue mi infancia. (Esto es una mentira gorda. En realidad tuve una infancia de lo más feliz.)

En mi tercera visita a Londres fui a una boda india. En realidad la boda no fue en Londres, sino en un lugar encantador: Leisceter (no Leicester Square), en el condado de Leicestershire. Un pequeño error de cálculo.

En mi cuarta visita a Londres comimos, comimos y comimos. Estábamos tan entregadas al acto de comer, nos regodeámos tanto en ello que, cada vez que estábamos a punto de hincarle el diente a algo, teníamos que sacarle una foto, en previsión de poder compartir la maravillosa experiencia de no parar de comer con todos nuestros seres queridos.

Y os preguntaréis, ¿vas a Londres precisamente a comer? ¡¿En serio?! ¡¿Londres?! ¿Londres como ejemplo de alta cocina? Pero, ¿qué se puede comer en Londres?

En Londres se pueden comer todas esas cosas que no te permites en otro sitio de forma habitual: hamburguesas de McDonald's, perritos calientes con ketchup y mostaza en puestos callejeros, patatas fritas, kebabs, bocadillos de roast beef, chocolate... (sobre todo chocolate). No tiene sentido económico procurar comer algo más nutritivo, porque los precios son prohibitivos. No tiene sentido común procurar comer algo típico porque no lo hay (quizás el fish&chips que, he de confesar, no he probado en mi vida y que, por otro lado, no me llama nada).

Ah, el chocolate. El chocolate en Inglaterra merece su propio post. Mi preferido sin duda es el de Cadbury, el Dairy Milk de toda la vida. En esa visita descubrimos un milagro de glotonería: el Dairy Milk con galleta y leche. Era empezar una tableta y tener que terminarla, "ya que está empezada...." Y las tabletas eran de 500 gramos. En una noche consumía las necesidades calóricas de un ciclista en día de puerto de montaña.

Pic taken by Anie
Bah, en realidad exagero. Para hacerse una idea de nuestros días londinenses el invierno pasado, lo mejor es leer el post que escribió al hilo mi querida Anie.

En mi quinta visita a Londres caminamos, caminamos y caminamos, lo que considero que compensa en parte mis excesos alimentarios de la visita anterior. Estoy segura de que en las otras ocasiones también nos dimos una buena paliza, porque eso es lo que uno hace cuando es turista. Pero esta vez tengo la sensación de que no hicimos otra cosa que andar. Y puede ser cierto. Al fin y al cabo visitar Portobello, Camden, Covent Garden, Soho, Chinatown, Picadilly, Trafalgar Square (con una breve visita al Matrimonio Arnolfini), el Big Ben, London Eye, la zona de la Tate y el Thames y la London Tower es menos de dos días parece una empresa bastante ambiciosa.

Tengo la esperanza de que la próxima visita sea todo Benedict Cumberbacht.

Comentarios

  1. ¡Amanda ha vuelto! ¡Viva! ¡Viva!
    A la visita temática de Benny yo me apunto, por si te cabía alguna duda.

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  2. No tenía ninguna duda, my dearest! :D

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