ASOS

Hoy voy a contaros el secreto de mi envidiado, imitado y depurado estilo propio (pero sin que su originalidad implique renunciar al fashionismo. Y no, esta palabra no está en el DRAE). Hoy voy a hablar de ASOS, y no me explico cómo no lo he hecho hasta ahora. ASOS es, junto con Amazon y el chino de Hermosilla lo mejor que me ha pasado en mi vida en términos de consumo.

Antes de nada tengo que aclarar que a mí no me esponsoriza (esta sí que está en el DRAE, aunque propuesta para ser suprimida en la próxima edición, lo cual me parece bien) ASOS ni nada por el estilo. Yo la buena nueva, el mensaje, lo comparto desde la bondad de mi corazón sin esperar nada a cambio. Nada más que vuestra gratitud cuando encontréis el regalo perfecto, el vestido perfecto, las botas definitivas; desde la comodidad de vuestro hogar y sin tener que sufrir el hedor en verano, el frío polar en invierno y las interminables colas, en los probadores de las tiendas físicas, ese concepto tan demodé.

Fue mi buena amiga Angiealquezar la que me introdujo en este fascinante mundo nuevo (brand-new world, porque ASOS es inglesa. Y chica, por supuesto.) Al principio, como a todo el mundo, no me convencía mucho el hecho de no poder tocar la ropa ni probármela. "Por supuesto que a la modelo que desfila en la catwalk esa de mentirijilla le sienta estupendamente, pero pone ahí debajo que mide 170 cm y usa una talla 36, así que es evidente que no es lo mismo." Sin embargo, la proverbial sabiduría de Angiealquezar y, sobre todo, la ropa tan chula que llevaba vencieron mis últimos recelos y yo, que soy como una de esas señoras de mediana edad de novela inglesa que con lo que más disfrutan no es con las compras, sino con encontrar chollos en las compras, hice la primera intentona en la sección Outlet. Ah, el Outlet de ASOS. Mis horas más gloriosas en la red las he pasado, por este orden, en el Outlet de ASOS, las rebajas de ASOS y en el difunto MSN Messenger. Siempre a la caza de la ganga.

Como decía, un buen día entré en la web, en la sección de Outlet, decidí cuál iba a ser mi talla en ASOS desde entonces y para siempre (y es tal mi determinación que nunca la cambio, aunque ha habido temporadas en las que me sobraba por todos lados y temporadas en las que parecía, como dice el padre de mi amiga Villuky, un morconcillo), e hice mi primer pedido: Un par de camisetas básicas. Llegaron, eran de algodón, eran mi talla, el algodón no amarilleaba a la segunda puesta y aquello parecía el paraíso mismamente. Así comenzó lo que se conoce en mi casa como "el período de las camisetas". A esa etapa le sucedieron "el período de las blusas", "el período de los vestidos" y "el período de los bikinis", este último con la nota extravagante de desarrollarse enteramente durante el mes de febrero de 2012. "Ahora me ha dado por los jerseys", le comento por ejemplo a Angiealquezar, y ella a entiende que está presenciando el advenimiento de "el período de los jerseys" y que el de las faldas de vuelo ha llegado a su fin.

Pero no todo es rosa y nubes de algodón de azúcar. Ni ASOS ni yo somos infalibles. Quiero decir que ASOS y yo también nos equivocamos. Como cuando ASOS me mandó una talla que no era y tuvo que corregir el error (hablar de ASOS como un ente, con sus pensamientos, sus defectos, sus sueños...). O como cuando me compré una falda tubo de licra negra con rayitas blancas que no podía quedarme peor  y con la que parecía una pija disfrazada, de la manera más falsa y abyecta, de malasañera.

Pero todo en ASOS tiene su silver lining, y a mi amiga Dol, que esa sí que es malasañera de pro, la falda le sienta estupendamente. La moraleja aquí es que, incluso cuando surge algún contratiempo, ASOS reparte felicidad en forma de deliciosos paquetitos de cartón reciclado.

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