Las historias y los amigos

Me avergüenza un poco reconocer que esto es lo primero que escribo desde el post del martes pasado, que tampoco se puede decir que fuera literatura elevada. Llevo un par de semanas con la capacidad de concentración de un niño de 6 años en una tienda de chucherías: Salto de actividad en actividad de manera desaforada (Stephen King, me has jodido la vida con tu manía a los adverbios). Tengo que ver los capítulos de Homeland en dos tandas. Y no sólo porque la serie se haya convertido en un auténtico coñazo.

El sábado tenía cinco libros empezados (por leer) y un relato a medias (por escribir). A día de hoy he conseguido reducir los libros a tres, pero del relato no he escrito ni media palabra. No sé cómo continúa y mucho menos cómo termina. Salgo a correr o a dar un paseo con la esperanza de que se me aclare la cabeza. De que, de repente, “vea” la historia. Yo qué sé, me ha pasado otras veces. Pero es inútil, no hay manera. Lo llamaría bloqueo de escritor si no fuera porque esa expresión, aplicada a mí misma, me parece increíblemente pretenciosa.

El relato lo empecé en 2008, y mi idea era terminarlo e incluirlo en el proyectado libro en formato electrónico que se supone que tengo que subir a Amazon este mes. Es casi todo un diálogo y me gusta, me parece prometedor. Creo que soy más o menos buena escribiendo diálogos: Los escribo, los releo y los encuentro naturales. Puede ser para compensar el hecho de que soy una pedante irredenta para todo lo que no lo sea (he aquí un ejemplo).

La buena noticia, por tanto, es que he conseguido reunir la constancia necesaria para terminar de leer dos libros que tenía a medias. Uno de ellos era La insoportable levedad del ser, así que vale doble. En realidad son dos buenas noticias. Una de ellas es la de la lectura. La segunda es que estoy ahora mismo escribiendo esto.

En las últimas dos semanas he ido por la vida mendigándoles historias a mis amigos. Les suplico que me cuenten historias y prefiero escuchar en lugar de hablar (lo que sospecho que les resulta de una novedad refrescante). Calculo que, si sigo así, me habré fraguado una reputación de “persona que sabe escuchar” bastante sólida para Navidad. Lo equilibro un poco agobiándoles con datos insignificantes que a mí me parecen trascendentales y que arrojan una nueva luz sobre mis obsesiones recurrentes. Pero bueno, si no yo creo que no me reconocerían.

Esto de escuchar no es (y lo digo con pesar) altruista ni nada por el estilo. Las historias de mis amigos son tan buenas que tengo un arsenal de ideas para entradas que son entradas casi hechas. Yo pido permiso para contarlas y me limito a reproducirlas con más o menos gracia o adornos. El sábado me preguntaba una amiga cómo pensaba contar una historia suya. “Tal cual”, le dije. No creo que pudiera inventarme nada que la hiciera mejor.

Aquí supongo que lo suyo sería incluir una reflexión trascendental y existencialista del tipo “qué importante es vivir para escribir”, seguida de una amable admonición: “¡Vive!” No sé si estoy de acuerdo con que tener muchas experiencias sea necesaria para escribir y, en cualquier caso, no me gusta decirle a la gente lo que tiene que hacer. Así que me limitaré a dar las gracias por tener amigos con historias geniales que se toman la molestia de contarme. Y, por si fuera poco, que me permiten escribirlas y publicarlas.

Comentarios

  1. Gracias a ti por ser e impedirte dejar de ser así.
    Y despoja a ese "creo" de cualquier atisbo de incertidumbre que tenga, porque eres buena escribiendo, muy buena.
    No tiene el escribir sexo para mi, sea ella o él quien escribe lo que me hace, sin capacitación o formación literaria o crítica para ello, decir que es muy bueno escribiendo es, cómo lo diría, un descenso esquiando, la lectura adquiere velocidad y atención al mismo tiempo, disfrutas del momento, de todos los detalles aunque parezca que no da tiempo, y cuando llegas al final ya solo piensas en volver a subir.

    Felicidades!

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  2. -nunca os limpieis la cara, en una casa ajena, con una toalla pequeña-. Supongo que en algún post de historias de amigos saldrá... :D

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  3. Me insoporto :) Con lo fácil que es decir que escribes muy bien

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  4. Jajajaja, gracias, Carlos! Me ha encantado lo de "me insoporto!". Lo voy a incorporar y me insoportaré continuamente ;)

    Un abrazo!

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