Clases de refresco

Hace unas semanas se me ocurrió que, ahora que por fin he aprendido a hacerme la raya del ojo (más o menos), y he descubierto el arroz instantáneo de microondas, había llegado quizás el momento de reaprender a conducir. Las cosas por su justo orden de prioridades.

Yo pensaba que conducir se me daba tan mal como hacer integrales, hasta el punto de que, cuando mi nuevo profesor me aseguró que no tenía ninguna incapacidad, ni orgánica ni funcional, para llevar un coche, estuve a punto de pedirle que me lo pusiera por escrito.

Creía que conducir no casaba con mi carácter, simplemente. Que requería un nivel de atención al detalle frustrante y agotador. Como cocinar repostería o hacer petit point.

Y, teniendo en cuenta que era la segunda vez que me proponía reaprender (atención, que no digo aprender) a conducir, parecía que la hipótesis había quedado ampliamente confirmada. Sí, habéis leído bien: he olvidado conducir ya dos veces en mi vida.

La primera vez que quise reaprender a conducir me apunté (también por primera vez) a lo que llaman clases de refresco. Quiero advertir aquí que las clases de refresco de conducir son una cosa muy digna, no hay de qué avergonzarse. Os dirán que hasta el más tonto sabe conducir, y es verdad. Eso no tiene nada de particular: Es increíble la cantidad de cosas que el más tonto hace mejor que yo.

Mi primer profesor de clases de refresco era un señor bajito que me llamaba “prenda”. “Frena, prenda”, decía sobre todo. “Le pisas mucho, prenda.” Y es que yo, no contenta con ser una conductora inepta era además una conductora temeraria. La cosa comenzaba más o menos bien, conmigo tensa, agarrando el volante con fuerza, los nudillos blancos. Miraba por los retrovisores, le daba al intermitente, cambiaba de marcha mal que bien. Salíamos a la carretera. Entonces el instructor se relajaba un poco y ponía la radio. Yo me veía de repente al volante a más de 80 kilómetros por hora, tarareando una canción, henchida de poder y orgullo propio: "¡Voy sola, voy sola!". Igual que la vez aquella en la que me quitaron los ruedines de la bici. Y, no se sabe cómo (ese trozo de la historia lo tengo en blanco en mi memoria), terminaba entrando en las rotondas en quinta. 

Mi profesor actual es un hombrecito encantador (parece casi como si ser pequeñito fuera atributo físico típico de los jinetes y de los profesores de autoescuela) que habla muy quedo, como quien le habla a un animalito salvaje. Como el ponente del seminario de estrés de aquel capítulo de IT Crowd. Ya puedo yo hacer todo tipo de barbaridades, que él nunca levanta la voz, nunca me riñe. Se dirige a mí siempre con un tono pausado y pedagógico. Hasta el punto de que me entran a mí ganas de provocarle. Aparco dando golpes con el coche en el bordillo, hago rechinar la caja de cambios. Nada. Este señor es imperturbable.

A pesar de todo yo tengo confianza. Me tengo mucha fe, como dice mi querida Mj. Creo que llegaré a ser una gran conductora. Lo digo para animaros: Dicen que nunca es tarde para aprender. Lo que no nos dicen es que corregirse suele ser mucho más complicado. Y, sin embargo, como veis, yo creo que es posible.

Comentarios

  1. ¡Ánimo! paciencia y pronto prodrás salir sola a la jungla del asfalto.

    :-)

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  2. Jajaja, que identificada me siento, aunque yo aún no estoy en la fase "reaprender", yo me saqué el carnet hace 7 años, conduje el primer día y hasta ahora ni intentarlo de nuevo, veremos como va cuando no me quede mas remedio... ¡Por ahora prefiero que me lleven! Y la de puntos que tengo!

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  3. He atravesado la península ibérica al volante de un Corsa, la itálica con un 2 caballos y un Ypsilon, y respondido con un si a la pregunta del ¿te gusta conducir? cada vez que lo veía en la tele, y es que creo que tendrá sus inconvenientes, polución, atascos, gastos, etc... pero corrigiéndolos en lo que se pueda, ese aprendizaje y reaprendizaje siempre merecerán la pena!

    Y cada vez que atravieso Madrid siempre acabo perdiéndome :-)

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  4. oye, he llegado a este blog a través de manuel jabois y he visto que te gusta david fonseca... eres gallega? ;) luego he visto otras cosas que te gustan y, con un gin tonic en la mano te digo, eres mi hermana?

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  5. Oski: Muchas gracias! Estoy ya planeando excursiones y todo... Ya te digo que me tengo mucha fe ;)

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  6. Larisavel: ¡Hola! Jaja, sí, yo también tengo todos los puntos. No te preocupes, para cuando llegue el momento ya sabes que "las clases de refresco" no son nada de que avergonzarse! :D

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  7. Carlos: Me encantaría atravesar la península itálica con cualquier tipo de vehículo. Me lo voy a fijar como objetivo vital (otro!) :D

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  8. Mr Anónimo: Soy extremeña :) Oye, pero David Fonseca es portugués! Supongo que quieres decir que te ha gustado el blog, me alegro mucho! :) Tengo dos hermanos confirmados, ¿eres alguno de ellos? ;)
    Un abrazo y gracias por leer y comentar!

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  9. Ay madre, de verdad...cada vez que te leo, parece que me leo a mí misma. Yo no sé si mi situación es peor que la tuya, pero necesito que me digas dónde puedo apuntarme yo también en Madrid. Me he comprado un coche y mi novio cree que soy un peligro público al volante. Es cierto que yo no me siento muy segura y voy con miedo, pero creo que no soy tan desastre, pero en fin. El caso es que tengo el trabajo a 10 minutos en coche y sin embargo, como no me atrevo a coger el coche yo sola, pillo un bus hasta el centro de Madrid y luego un tren que me lleva a casa. Así que cambio los 10 minutos en coche por casi 1 hora y media y dirás (y cualquiera que me lea) "Tú eres gilipollas" pues sí. Pero es es ver un volante y en la indecisión en él y me dan ganas de quitar los pies del embrague, freno y acelerador. Soy una inútil! y quiero solucionarlo, no sé si apuntarme a las clases de "refresco" o que mi novio no venga nunca más de copiloto. Ay dios, esto parece un comentario directo a un consultorio!!! Necesitaba desahogarme.

    Un saludo!!!

    Ayrim

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  10. Hola Ayrim!!
    En Madrid no tengo ni idea, la verdad (ahora estoy en casa, casa), pero estoy segura de que puedes apuntarte en cualquier autoescuela. Yo he dado unas cuantas primero con el coche de allí y la idea es dar alguna con el instructor y mi propio coche para quitarme el miedo definitivamente. La semana que viene es posible que vaya ya sola por la vida. A ver qué tal, ya te contaré! :)
    Un besazo y no desesperes. Quítate el miedo cuanto antes y aprovecha todo el tiempo de más que vas a tener sin tanto bus y tanto tren!

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  11. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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