Ritos iniciáticos: Mi primera vez en la esteticista

Ayer fui por primera vez en mi vida a que una esteticién me hiciera la cara. Fist time ever. Como una Tamara Falcó cualquiera.

Consiste en que una señora te haga una serie de perrerías que te la dejan como el culito de un bebé. Y la señora que te lo hace se llama en verdad esteticista. Pero a mí esteticién me gusta mucho más, así que voy a pedir aquí mi comodín de la insumisión lingüística.

Mi madre había insistido mucho en que fuera y, al final me convenció y pedimos cita. “Verás qué bien”, me aseguró, “ella te hace un masajito de una hora y te quedas medio grogui. ¡Es un gustazo!” Pues sí, será un gustazo, no digo que no. Pero para el que le guste que le toque gente extraña.

Allá que me fui poco después de comer, con la pechuga de pollo a medio descenso faringe abajo, y un par de vinos. Mitad para envalentonarme, mitad para anestesiar, que yo tengo el umbral del dolor bajísimo.

Llegué y la esteticién, sibilina ella, me dijo que tenía una piel preciosa. A mí, con dos palabritas aduladoras se me tiene ganada, así que me relajé un poco. Me tumbé en una camilla, me enchufó una luz cegadora y presumo que muy poco favorecedora a la cara y añadió que la tenía sequísima. “Ya empezamos”, pensé. Esta línea argumental me resultaba mucho más familiar porque, siempre que se va a algo relacionado con la belleza y el cuidado corporal, alguna reprimenda se lleva uno puesta para casa.

Después me dijo que cerrara los ojos y me echó un ungüento de composición desconocida pero de olor agradable. Escuché entonces, junto a mi oído derecho, el inconfundible sonido de un taladro. “Tranquila”, me dijo, “que ésto suena pero no duele.” Se me ocurrió que eso debía de significar que pretendía pasarme el chisme aquél por la cara. Me sentí muy cercana a mis antepasados sefardíes ante aquel torno inquisitorial y recordé, no me explico por qué, las palabras de un amigo cuando visitamos el Haman de Cemberlitas en Estambul: “Ya está. Ya he ido a parar a una cárcel turca.”

Mis temores eran infundados. La verdad es que ésto no dolía. ÉSTO.

Luego me rebozó la cara en un potingue con fuerte olor a limón que escocía un poco, y se dedicó a limpiarme los poros sucios, uno a uno y de manera concienzuda, pellizcándome la piel y empujando la guarrería entre dos uñas. Mientras me caían lagrimones como melocotones, ella me iba diciendo: “Ya está. Una más, mi niña”. Así treinta o cuarenta veces. Y de fondo Cadena Dial. Según parece, Hugo Salazar sigue cantando.

Me volvió a echar otra crema, esta vez calmante, y me dio un masaje. Luego salió de la habitación y yo me quedé dormida. Es algo que me pasa siempre después de llorar, que me entra sueño. Al poco regresó y me preguntó, toda ufana, si me había dormido un ratito. Le dije que sí, aún entre hipidos y sollozos, y ella me pasó, en represalia, lo que me pareció un papel de lija por toda la cara. Me frotó entonces con un paño mojado y, acto seguido, salió un momento a mostrárselo a la chiquita que estaba en la mesa de recepción: “Mira, eh, ¡mira! ¡Y parecía que tenía la cara limpia!”, le oía yo decir desde mi cuartino, mientras ella ondeaba el paño, otrora blanco y ahora lleno de asquerosa sustancia sebácea, victoriosa.

En fin. Yo, como experiencia vital, en una escala del 1 al 10, le pongo un 7. Una vez que me ha bajado la hinchazón sí que es verdad que me veo la piel más luminosa e incluso me encuentro más guapa. La gente me lo dice y todo: “¡Qué bien te veo! Si acaso los ojos un poco hinchados” “Gracias, es que he estado llorando”, respondo.

Lo que me da un poco de miedo es que me haya cambiado la fisonomía. Antes me tanteaba la cara y tenía mis accidentes geográficos reconocibles. La esteticién me ha dejado una tez meseteña que en vez de estar tocándome la cara mía me figuro que es la de la Preysler.

Yo creo que volveré en Navidad.

Comentarios

  1. Venga, me has convencido, iré a una steticien, supongo que será una experiencia enriquecedora después de todo xD

    Me hace gracia la parte en la que dices "Pues sí, será un gustazo, no digo que no. Pero para el que le guste que le toque gente extraña".

    La verdad, me gusta tu blog, no solía prestar atención a los blogs personales o de opinión pero tu forma de escribir y lo que cuentas me han echo cambiar de opinión.

    Un abrazo y sigue así!!

    ResponderEliminar
  2. Jajaja, lo que me pude leer anoche mientras leía esto xD

    Yo es que paso de ir a que me valoren la cara, que parece chacina >.<

    ResponderEliminar
  3. Jajajajajaja, me parto de risa con este tipo de historias. Mira que odio que me hurguen en la cara y he tenido novias absolutamente obsesionadas con ello. Pero es verdad, se sufre pero luego te ves como de otra manera. Más como el culito de un bebé.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares