El progreso es un drama a veces

Yo tenía un cacharro de móvil entrañable que satisfacía todas mis necesidades básicas hasta que me decidí a cambiarlo por un Smartphone. Mi nuevo móvil, no siendo el mejor, es bastante decente, y decir que me queda grande es un eufemismo inmenso.

Yo sé que, así que pasaran veinte años, habría un potencial sin explotar e inexplorado en mi móvil nuevo. El mundo de las aplicaciones, por ejemplo, me tiene loca.

Primero empecé descargando lo básico: Whatsapp, Facebook y Twitter. Me situaba aún en el terreno de lo conocido, porque mi antiguo móvil hasta aquí llegaba, aunque a veces le costara un poco al pobre.

Luego descargué Spotify, que era algo que siempre había echado mucho de menos porque mi móvil antiguo tenía muy poca memoria, se atascaba con las listas y al final terminaba escuchando siempre las cuatro o cinco breves que toleraba. El sibarita musical de los cojones. Pues bien, Spotify en mi móvil nuevo me ha destrozado la vida. Me encuentro en un estado de nerviosismo y desasosiego permanente, bajo el temor constante de que podría estar escuchando una canción mejor, o descubriendo un grupo que no conozco. Antes escuchaba plácidamente Mad Season doscientas veces al día con la tranquilidad que proporciona lo cotidiano. A día de hoy, alguien me recomienda Standstill, yo pienso “¿Por qué no? Si está en Spotify…” y acabo con una crisis nerviosa.

Algo parecido me pasa con la aplicación de Amazon. Yo me hago un té, me siento en mi braserito a leer y enseguida me asaltan incertidumbres terribles: “¿Estaré leyendo el mejor libro posible? ¿No habrá otro más adecuado que contribuya a convertirme en la persona que quiero llegar a ser a la mayor brevedad? Mira que la vida es efímeraVoy a darle un repaso a la tienda de libros a ver qué se cuece.” Y no me hagáis hablar ya de los emails con recomendaciones personalizadas.

Es como cuando me pongo a escribir conectada a internet, que me ahogo en un mar de dudas. Estoy hablando, por ejemplo, de la Revolución Francesa: “En el año 1789…” “¿Seguro? ¿Fijo que es esta fecha? Mira que escribir algo así mal en internet es arrojarse al abismo del desprestigio…” Lo busco en Google "en un momentito" y, a las dos horas, me encuentro escuchando la banda sonora de Marie Antoinette de Sofía Coppola, después de haber saltado de página a página y de vídeo a vídeo de Youtube sin control ninguno. Y, por supuesto, sin haber escrito ni media palabra más.

Más tarde me descargué Evernote, y creo recordar que una vez en mi vida escribí una nota. Triviados dio lugar a algunos malentendidos con amigos. Tanto que lo tuve que desinstalar. Como si no fuera ya suficiente con el doble check de Whatsapp:

-          Oye, que te reté el otro día a una partida y te la has dejado caducar.
-          ¿Sí? Ni idea… No lo habré visto.
-          Pero, ¿cómo no lo vas a ver? ¿No te sale el icono?
-          No sé, yo es que con estos trastos modernos no me aclaro…
-          Ya, bueno. A ver si va a ser que es que no quieres jugar conmigo.
-          No, no, de verdad… Yo qué sé, estaría liada…
-          Como siempre que jugamos al Trivial te gano…
-          No sé de qué me hablas.
-          Que sí, que sí. La próxima vez recházame la partida por lo menos, que me quedo esperando como una tonta…

Y así todo. Ya es difícil tolerar esas reuniones sociales en las que alguna lumbrera propone un juego de mesa. Y eso que, por lo menos, suele haber alcohol. Trasladar ese tormento al día a día lo considero todo lo contrario al progreso. Además, sé que cuando jugáis contra mí a Triviados os ayudan en casa.

Pero, sin duda, las peores aplicaciones son las que “te hablan”. Yo tengo una que se llama Mi Calendario o algo por el estilo, en la que un perrito muy mono me anuncia con entusiasmo que “¡Sólo queda un día para el periodo!” Ay, ¡qué gozo más grande! ¡Vaya alegrón! ¡You’ve made my day, perrito bonito!

Endomondo también salta de cuando en cuando, tras tres o cuatro días sin salir a correr, con la excusa de una actualización. Sin embargo, él y yo sabemos que lo que ahí subyace es una recriminación, una reprobación. Una suerte de censura.

Y a mí, francamente, no me parece normal que me juzgue mi propio móvil.


Comentarios

  1. Pues yo aparte de todo lo que comentas que también lo sufro en carnes propias tengo la duda de no saber si tengo teléfono móvil o teléfono fijo, siempre estoy enchufado para cargar la maldita batería...

    A veces pienso que he solucionado muchas cosas de mi vida pero en otras he ido hacia atrás por culpa del móvil. Odio quedar con alguien y que se pase el tiempo respondiendo mensajitos, llámame loco, pero me hace sentir que no despierto el más mínimo interés.

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  2. Claro, uno de los inconvenientes de tanta app es que consumen muchísima batería. Es un horror.
    Yo, si estoy con alguien, procuro mirar el móvil lo menos posible. Eso sí, en el momento en el que me dejan sola un momento, se levantan al baño o lo que sea, aprovecho para echarle un vistazo. Es un vicio malo, lo sé :)

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  3. Pues llevo casi tres años desde que me mudé viviendo sin wasap, sin App, sin móvil, sin visa y sin bonobus y, empiezo a sentirme extraño... Seré un no muerto? xD

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    1. Jaja, yo no es por nada, pero creo que ya hasta los no muertos tienen móvil, Carlos! :D

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  4. Pero tengo ipad! :p soy un zombi que ha sabido adaptarse :D

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