Doce maneras de esperar el final

Nota: Empecé a escribir este post en septiembre en Madrid, por eso hablo de “lluvia preotoñal”. Ni ahora estoy en Madrid ni ha llovido en Madrid esta semana.


Muchos años hace ya desde ese día en el que entré en Clamores, dispuesta  a escuchar a Zahara, y salí de allí habiendo escuchado a Carlos Siles, un chico con un ligero (he dicho ligero) acento de Granada  al hablar, nunca cantando, que le dedicaba bromas tímidas al micrófono y cuya Cenicienta siguió acompañándome mucho tiempo después de abandonar el local.

Aprovechando esta semana de lluvia madrileña preotoñal que se prestaba mucho al asunto, me he empapado de su nuevo disco: Doce maneras de esperar el final. Y es que yo creo que a la música de Siles hay que acercarse con una cierta predisposición del ánimo, si no del espíritu. Es mejor escucharlo animado, pero se disfruta más si uno está un poquitito triste.

Como digo, aunque escuché el disco nuevo completo cuando salió, ha sido esta semana cuando he podido hacer un intensivo. Voy a confesaros una cosa. Yo tengo un problema, y es que Cuántas veces he intentado que juegues conmigo me gustaba de una forma casi brutal y además a mí me puede la nostalgia. Cuántas veces era un discazo impresionante, un debut extraordinario; y se puede decir que marcó una etapa de mi vida, unos años muy concretos, con su correspondiente deriva existencial porque cada época tiene la suya.

Carlos Siles tiene una voz personalísima y realmente bonita y una sensibilidad especial para la melancolía. En Cuántas veces era una melancolía joven, y yo en Doce maneras la veo más adulta y más de vuelta de todo. Es una melancolía densa que pesa pero que, extrañamente, se sobrelleva bien.  No sé cómo explicarlo. Yo creo que es porque se atisba entre tanta niebla un poquito de esperanza o un anhelo al menos de tenerla. Como en Si tú te vas me voy contigo. No está todo perdido. O En El Reencuentro. "Nunca más pensaré “nunca más”.

Algunas de sus canciones son breves, como Lo he vuelto a hacer mal. También son compactas: no les sobra ni una sola coma. Otras tienen frases que son un mazazo en el alma, como Caótica con sus “no me hables de maneras de querer” o “que me necesitas, eso no te lo crees”. Las dos son mis canciones favoritas (de esta semana).

Carlos tiene además un buen gusto estético indudable que se deja ver de forma clara en cada uno de sus vídeos. De hecho, pienso que debería plantearse compaginar el cantautorismo con la dirección de cine. O algo.

DOCE MANERAS DE ESPERAR EL FINAL. Ahí queda eso. Doce canciones que yo creo que hablan de fases, de momentos en las relaciones. Relaciones que están abocadas a acabar. Sin embargo, lo importante es el camino. Sentirnos gigantes, convertirnos en segundos, convencernos de que entonces nunca acabará y de que el mundo se puede parar.

Lo que ocurre con las canciones es que tendemos a hacerlas nuestras. Y hay algunas que nos lo ponen más fácil que otras. Las de este disco son de ese tipo. Canciones un poco crípticas que cada uno interpreta como le parece. Como le conviene. Es algo que todos hacemos, darles a las canciones un sentido que case con nuestra vida, con lo que nos va pasando. Y yo no iba a ser menos. Yo ya tengo asumido que mi vida es lo que a mí me va pasando entre disco y disco de Carlos Siles.

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