Desde la mierda

Uno de mis textos favoritos de Jabois es un fragmento de su último libro, Manu, en el que habla de cómo era todo un año y medio antes de que todo cambiara. De que, de repente, se encontrara enamorado, padre y columnista de éxito. “Había cumplido 32 años y debía estar en lo más alto de mi profesión- fuese ésta cual fuese- y pasar las horas escribiendo; sin embargo los últimos meses los había dedicado al fatigado esfuerzo de demoler mi vida, empezando por un divorcio doloroso y siguiendo por una mudanza a casa de mis padres.”

A todos nos gustan mucho las historias de superación y de sobreponerse a la adversidad; pero lo cierto es que éstas suelen contarse ya a toro pasado. La verdad es que es difícil saber a priori si lo que nos proponemos contar va a ser un inspirado ejemplo de desarrollo personal o un encadenarse, un sucederse de traspiés y tropezones. Es difícil verse fuera de la mierda cuando uno está en la mierda y hasta el cuello. La mierda, por supuesto, es un concepto relativo. Mi idea de mierda no es tu idea de mierda. Pero la mierda de cada uno, con ser relativa, es una cosa muy particular y muy respetable que no se debe minimizar.

La mierda, cuidado, también tiene sus ventajas. Ayer mismo leía en un tuit de Jorge Bustos una frase de Ramón Gómez de la Serna: “Lo más hermoso de la vida es la ruina, sentirse completamente pobre de pronto y sentir que se abren todos los caminos de la tierra.” Me recordó a un post que leí hace algún tiempo en el blog de Greenpeetoes en el que hablaba del miedo. Hay una suerte de liberación en que se confirme tu peor temor, ese que ha condicionado tu vida durante un tiempo largo. Es una especie de mezcla entre pensar “Bueno, ya está, ya ha pasado. Sigo vivo” y “Realmente debes de estar confundiéndome con alguien a quien cualquier cosa le importe ya algo.”

El tema se complica aún más cuando uno se ha obligado a construir una fortaleza para preservar ese gran proyecto suyo de toda perturbación. “Que nada te turbe”, parece ser la máxima que se maneja. Sucede especialmente con los proyectos que requieren mucho esfuerzo mental y mucha concentración porque la mente es esencialmente incontrolable. El único control parcial, más control de daños que otra cosa, que se puede hacer, es de externalidades. Y se monta un sistema de seguridad a prueba de distorsiones; a prueba de tristeza, a prueba de sentimientos, de impulsos. Puertas acorazadas, contraseñas, identificaciones por voz, llaves y cerraduras. Como si se propusiera uno custodiar un diamante.

Tiene todo el tinglado montado y un día, de pronto, cae en la cuenta de que ya no tiene un diamante que proteger. Que el diamante se ha convertido en un trozo de carbón. Y que alguien se ha llevado su trozo de carbón. Y que ha usado su trozo de carbón para hacerse unas chuletillas de lechal en la barbacoa. Ahora la fortaleza carece de sentido. Es como una armadura vacía. Hay que dedicarse entonces a descerrajar las puertas, a abrir las cerraduras, a desconectar las alarmas. Y ya no le importa que le distraigan, o le decepcionen, o le enfaden, o llevarse un disgusto. O que le hagan daño. Y se puede permitir el lujo de ser débil si quiere. Porque la verdad es que ser fuerte es agotador.

A priori es difícil verse fuera de la mierda y más aún saber si la historia que uno se propone contar es de superación o de regodearse en el fracaso. Pero, eh, hay que ser optimistas. Y además la estadística y la teoría de los ciclos están de nuestro lado.


Esta es la primera página, en cualquier caso. Sea de lo que sea.

Comentarios

  1. Verse fuera de las situaciones es algo complicado. No conozco a nadie que sea capaz de ver la salida a algo cuando está metido dentro, aunque sepas a ciencia cierta que esa salida llegará. Y al final llega, pero en el momento todo parece una mierda auténtica, aunque sea tu mierda, y es una sensación horrible.

    Las historias de superación a veces no son tales. Simples relatos de lo que a uno le sucede, porque después de un bache llegan otros, aunque a veces tus historias de derrota pueden ayudar a otros a pensar que la salida llegará.

    Me alegra tu vuelta :-)

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