Un poco de lo que pienso yo sobre las bodas

Yo a las bodas les doy muchísimo ambiente, de verdad. No lo estoy diciendo sólo para que me invitéis a las vuestras. Me emociono y lloro. SIEMPRE. Evidentemente lloro más cuanto más apegada estoy a la pareja que se casa o a algunos de sus miembros. Pero yo he llegado a llorar en bodas en las que iba de acompañante y acababa de conocer a los novios. No sé, una lagrimita rebelde y furtiva se me escapa siempre. Y, como soy muy romanticona y me gustan mucho las palabras y los discursitos, si el ponente es bueno, especialmente si es un padre, que no sé por qué siento debilidad por los discursos de los padres, será por mi propio “empadramiento”, puedo emocionarme bastante y lloro con esas lágrimas densas de las películas, las canciones y los libros bonitos. Los comensales en mi mesa flipan un poco y comentan “mira esa chica rubia, tiene que ser íntima de la novia. Habrán crecido juntas o algo”. En realidad a la novia no la voy a conocer hasta que termine la comida, se pasee por las mesas, ella me dé las gracias por venir y yo por haberme invitado.

Tengo dos reglas de oro para las bodas que sigo siempre a rajatabla. La primera es ir a la ceremonia. Vamos a ver, que nadie sale ardiendo por poner un pie en una iglesia ni nada. Hagamos el esfuerzo si esa gente se está casando por el rito católico. O el que sea. Cualquiera. Con esto tengo una mentalidad de lo más abierta. Mi segunda regla de oro es, en las bodas de cóctel, localizar la puerta por la que entran los camareros y colocarme estratégicamente.

Cuando leo en un atril en una iglesia adopto una pose muy seria, muy severa y grave. Un poco como si me encarara con los feligreses, a ver si alguien me chista. Nadie osa, evidentemente. Hace poco se casó una de mis primas, leí un par de peticiones y mi familia asegura que, al decir aquello de “roguemos al Señor”, parecía que en realidad lo que estaba diciendo era “¿Eh? A ver, ¿eh? ¿Pasa algo?”

Lo que de verdad ocurrió fue que estaba nerviosísima. Yo me fui para la iglesia sin preocuparme por las preces ni por nada, habiéndolas leído un par de veces en casa desde el móvil, sin imprimirlas, pensando que mi prima, que siempre ha sido muy ordenadita, lo iba a tener todo preparado. Allí estaba la hoja, sí, pero yo no sabía cuándo entraba yo. Parecía aquello una función de teatro del colegio. Le daba codazos a  mi otra prima, Luxi, y le preguntaba “¿Ya? ¿Me toca ya a mí?” y ella me contestaba “Vas después de María”. Y yo, histérica “¡¿Quién es María?! ¡¿Quién es María?!”

Luego reprendí a Luxi duramente porque a la novia no podía, que por algo era la novia. “Claro”, le decía yo, “es que como TU prima (siempre decimos TU prima cuando echamos en cara, aunque sea prima de las dos, como esos padres que dicen “TU hijo”, como si la responsabilidad en estos casos no cayera de los dos lados) ahora es una hippie y está en plan zen… pues esto es un sindiós!”Eso le ha hecho el amor a mi prima. Se casaba y lo de menos eran las lecturas, o las flores, o el vestido si me apuras. Nada de eso era lo importante.

Mi amiga Reque, por ejemplo, asegura que ha organizado su boda en dos fines de semana. “Para que luego digan que no se puede…”, me decía. Yo le auguro una vida matrimonial felicísima y amorosa, aunque no es preciso llegar a estos extremos. Un término medio de previsión me parece lo justo y necesario. Le preguntaba angustiada hace un par de semanas “Pero, ¿y el vestido? ¿Lo tienes ya?”. “Bueno, tengo una idea…”, me respondía evasiva. Se casa en mes y medio. ¡Qué vivan las novias hippies!

A mí me gustan mucho las novias despreocupadas por dos motivos. Primero, porque pienso que poner tantas expectativas en un día es una cosa peligrosa y que puede resultar muy frustrante. Las novias controladoras me estresan y me dan pena a partes iguales. No sé por qué pero es algo que sólo he visto en mujeres, por eso me refiero a las novias. El segundo motivo es que, francamente, si el día más importante de tu vida es tu boda, si eso es el culmen de tu relación, el gran final; entonces lo llevas jodido. Llamadme romántica. Las bodas no deberían ser el fin de nada, sino el principio de algo. Al menos eso opino yo.

El año que viene será la de mi queridísima Luxi y me ha prometido que yo voy a ser la segunda chica más importante de esa boda. Eso quiere decir que leeré esa lectura tan bonita del amor, Corintios, 12. Y me gustaría ser una de esas personas que lee de manera pausada, ora con la vista puesta en el atril, ora alzándola y sonriendo a la afición afectuosamente. De esas que miran arrobadas a los novios y se les nublan un poco los ojillos. Sin embargo, me temo que, con lo que quiero yo a mi prima, y entre mi tendencia al lloro y mi hieratismo etrusco en los púlpitos, lo que voy a terminar pareciendo es un oso panda muy enfadado.

Comentarios

  1. Pues que no te de por ver los discursitos del programa de Divinity, que no suelo ver ese canal porque me parece de lo más cansino, pero la empatía artificial de David Tutera me pirra jajaja

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  2. el programa en cuestión es "My fair Wedding" y hay bodas de lo más horteras!!

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  3. Jajaja, definitivamente suena como un programa que debería ver. Yo he visto alguna vez uno de bodas de Divinity (confieso), pero creo que trataba de buscar el vestido perfecto o algo así :) En este qué pasa? El presentador da el discurso en la boda?
    Un besote, Ayrim!

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  4. Pues en este programa, le elige el vestido a la novia, a las damas de honor, también hace bodas temáticas, en plan "Boda en un rancho", "Boda Tunning", es bastante hortera todo y muy gracioso. Lo echan sobre las 7.

    Por cierto, echa un vistazo ahora a mi blog, que ya están bien puestas las fotos, que se me había desconfigurado todo!! y estaba feísimo! xD

    Un besoo

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  5. 1.- He de decir que todo lo relatado en esta entrada acerca de la boda de la prima ordenadita, ahora hippie, ocurrió punto por punto como está escrito. Y la bronca me la llevé yo.
    2.-Será una lectura inolvidable, segurisimo!!! y por supuesto, leida por la segunda chica más importante de la boda.
    Siempre serás mi oso panda preferido.
    Luxi

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