Soy nihilista

Ayer noche, en la blogosfera y en el messenger, todo el mundo estaba de un profundo subido. Yo incluida, como ya sabréis, si tuvisteis el detalle de leer mi anterior entrada. Mi querido Idelo, que para las frases lapidarias es un hacha, dijo algo como "últimamente estamos todos de un nihilista que tumba". Nunca pensé que yo fuera nihilista. Hasta hoy, que he recuperado mis apolillados conocimientos de filosofía-básica-de-andar-por-casa. Y va a resultar que sí, que soy nihilista. Vaya sorpresa.

Y realmente yo no quería hablar de esto, pero es que estoy intentando una nueva variante de post, que consiste, básicamente, en desbarrar, a ver lo que sale. Pido disculpas por adelantado, y eximo a mis amigos de la obligación de leerme. A veces leo algunos blogs en los que la gente habla de lo que piensa, sin mucho orden, y me gustan, y me digo "¡Maldita sea! ¿podría yo hacer algo así sin que resultase un tostón?" Pues bien, creo que este puede ser un buen momento para probarlo.

He releído un post que escribí hace tiempo ya en mi otro blog. El post se titulaba precisamente ¿Pero qué broma es esta?, y en él hablaba de una conversación que me había parecido una burla al recuerdo de alguien. Este fin de semana, después de tres años sin vernos, y sin contacto, aparte de esa broma de conversación, he vuelto a ver a ese alguien. Y no he sentido dolor, ni añoranza, ni lástima de mí, ni pena por lo que pudo haber sido. Y es que, la persona que estaba frente a ese hombre, tres años más viejo, pero tal y como lo recordaba, era tan distinta, que casi le costaba creer que esos recuerdos que el encuentro despertó fueran suyos.

El encuentro en sí no tiene ninguna importancia. Fue una cosa cordial, aséptica y aburrida. Lo importante es que, hace un poco menos de tres años, cambié. Cambió mi perspectiva. Del amor, al menos. O de las relaciones, que lo de amor suena casi tan fuerte como dolor. Y resulta chocante encontrarte de repente una noche con alguien y pensar "¡Ostras, este tío me cambió la vida!" Aunque fuera sólo un poco.

Hace tres años que no lo paso tan mal, como esa semana en la que me encontré de improviso con algo que no sabía que quería tanto, pero que luego no estaba dispuesta a soltar. En esa misma semana me lo quitaron de un tirón. Y yo primero me atormenté a base de negación, de incredulidad y de culpabilidad (porque algo tenía que haber hecho yo, no había otra explicación). Luego me emponzoñé de ira y odio, sazonado con autocompasión. Y, a los pocos meses, resurgí, como una criatura, no nueva, pero algo más sabia. Una noche salí a la calle, toda vestida de azul, me sinceré con él, conmigo misma, con el mundo, y es probablemente una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Desde entonces procuro ser siempre sincera.

Aprendí a valorar más a las personas, aunque suene extraño. Conocí a gente que, en mayor o menor medida, también me ha influido, me ha cambiado, y son corresponsables de la clase de persona que soy. Algunos de ellos son chicos con los que tonteé o salí. En muchos casos, polos opuestos a "ese hombre que me rompió el corazón". En ocasiones pienso que toda esta historia me liberó de muchos prejuicios y me colocó en la dirección adecuada. Tiene gracia. Después de tanto tiempo, ahora resulta que tendría que darle las gracias.

Comentarios

  1. Que guay este post... tenía que decírtelo :-)
    Un besito.

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  2. Tienes entradas muy buenas y ésta no se si es "caótica" o no, pero tengo que decirte que es una de las entradas que más me ha gustado. En serio.

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  3. Es que estoy que me salgo... :-p
    Muchas gracias, preciosa. Toda tú eres amor.

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