Roma VS Seúl: La réplica

Mi amigo Ángel, después de 4 años como ingeniero de Microsoft, decidió dejar su trabajo para hacer realidad su sueño de viajar por el mundo. Comparte sus aventuras en un blog fenomenal: Vivir al  Máximo.


Aviso importante: Es conveniente que, antes de continuar leyendo, pases por su blog y leas su post, no sólo porque es divertidísimo, sino porque así entenderás todo esto mucho mejor.

En esta entrada yo contraataco, me atrevo a dar la réplica, y argumento por qué no es que debas elegir Roma como destino vacacional por encima de Seúl, sino que probablemente deberías pensar en establecerte en Italia durante una temporada.

1. Ser un galán es el deporte nacional.

“¿Sabéis que sois un guapo mozo?”
Federico el Grande, 1764, en el parque de Sanssouci, observando a Casanova e interrumpiéndole de pronto. En la foto, Heath Ledger caracterizado como Casanova en la película de 2005.

No le encuentro el sentido a tener que ser campeón de Starcraft II, o de ninguna otra cosa, para ligar. Los italianos le han dado totalmente la vuelta al concepto y han erigido el ser un galán en el deporte (y oficio) nacional. Uno primero es un galán y ya, a partir de ahí, es además cantante, actor, jugador de fútbol, Papa o primer ministro.

Julio César y Marco Antonio, por ejemplo, conquistaron a Cleopatra, que está claro que era una chica de armas tomar. El caso del Papa Borgia, ni siquiera italiano sino de Játiva, confirma que todo se pega y es la prueba de que también hay mercado para los españoles en Roma.

Incluso Roberto Benigni, que es un señor bastante poco agraciado, dejó prendadas a niñas y mayores con su pose simpática y una frasecita catchy, entre moñas e ingeniosa.

Sin embargo, el principal exponente de la seducción italiana fue Giacomo Casanova. Veneciano, hijo de comediantes, su pericia amatoria y savoir-faire con las mujeres le sirvieron para codearse con las grandes personalidades de su época. Olvidaos de Neil Strauss: El primer Método lo escribió un italiano. Más de 3.600 páginas de memorias en las que relata cómo amó a 132 mujeres. Puede que no parezca un número exagerado, no sé dónde tendréis vosotros la nota de corte, pero es que Jacobo fue fraile por un tiempo, perseguido por la Inquisición y además las monjas y novicias cuentan doble.

Casanova, como el Tenorio (“Desde una princesa real a la hija de un pescador, ha recorrido mi amor toda la escala social”) no discriminaba. Es más, según cuenta él mismo, no le hacía ascos a prácticamente nada. En sus propias palabras “He sido, durante toda mi vida, víctima de mis sentidos. Me he complacido en descarriarme…”

2. Las cafeterías son algo secundario.

No me ha quedado muy claro si es que en Seúl mientras te hacen una mamoplastia de aumento te sirven un café o viceversa. El caso es que ese modelo de negocio no tendría ningún éxito en Italia, puesto que la mayoría de las italianas vienen ya bastante bien dotadas de fábrica. 

Claudia Cardinale, Sophia Loren y Monica Bellucci reivindicando la copa C.

¡Ah! ¡Estos astutos y sibilinos italianos, genios del marketing! ¡Dándole nombre a varios tipos de café me habían convencido de que a ellos  les salía especialmente bueno!

No importa. De todos modos en Roma las cafeterías son algo secundario. Y es que lo más probable es que si uno se sienta en un café esté ocupadísimo CREANDO. De paseo por cualquier calle romana se puede ver a un sinfín de jóvenes bien parecidos consumiéndose por el ardor creativo mientras se mesan los cabellos y escriben sublimes poemas a la altura del mismísimo Keats. Es lo que pasa cuando se vive rodeado de tanta belleza.

De todas formas, si tienes interés en pagar 10 euros por un café, siempre puedes sentarte en el Canova, en Piazza del Popolo, que dicen que Fellini visitaba a diario. O, ya que estás en Italia,  quizás quieras acercarte a Venecia. (Venga, no te quejes tanto: hace un momento estabas dispuesto a gastarte más de 1.500 euros en un billete para Seúl.)  Allí podrás tomarte un cappuccino con panna por 10,50 euros en el Caffe Florian, del que dicen que es el café en activo más antiguo del mundo. Por él desfilaron personajes como Goethe, Lord Byron, Dickens, Marcel Proust, Stravinsky o el mismo Casanova (fue el primer local de Venecia en el que se permitió la entrada a las mujeres). En el menú te avisan de que tú, concretamente, en este momento, estás sentado en el lugar más hermoso del mundo. Los italianos serán unos charlatanes y unos troleros, pero definitivamente saben cómo hacer que una se sienta especial.

3. La comida italiana está al alcance de cualquier cocinillas amateur.

Es cierto que la cocina italiana de pasto común no vale lo que cuesta. Está muy buena, pero la pasta es muy barata, y la mayoría de los condimentos están pensados para hacerse a base de sobras (tripas, casquería en general) o para ser muy contundentes y llenar mucho.

Es altamente probable que, mientras que yo tengo que conformarme con una copa de lambrusco, el cocinero se pimple todo ufano una copa de Monfortino a mi salud. No puedo culparle: Si yo le metiera ese gol a cientos de ingenuos turistas de manera constante brindaría a diario con Möet & Chandon.

Lo que es innegable es que la cocina italiana es asequible en precio y en ejecución. Uno pasa una temporadita en Italia, unos días si me apuras, y puede volver a España convertido en Masterchef. Y, no nos engañemos, saber cocinar es un punto. Además, si la pasta te queda un poco dura siempre puedes decir que es que “los romanos la preparan así” (le pasó a una amiga). Sinceramente, no me veo  yo agasajando a mis invitados con tentáculos en movimiento. Más bien me imagino persiguiéndolos por toda la casa. Y dudo mucho de que la advertencia “¡Cuidado! ¡Mastica bien o puedes morir!”, convierta la experiencia en algo mucho más apetecible.

Evidentemente los romanos no se comen a los perros. Cuenta la leyenda que una loba amamantó a Rómulo y Remo, los lobos y los perros son los dos de la familia de los cánidos, y todo resultaría de lo más perturbado. Además afirman que el tema del deseo sexual lo tienen ya cubierto. De todos modos, a mí lo de alimentarse de algo que atiende por el nombre me parece una práctica un tanto barbárica. Por favor, no os comáis a Toby.

4. Saunas, termas o cómo cuando los coreanos vienen los italianos han ido y vuelto ya mogollón de veces.

Plano de las Termas de Caracalla.

Personalmente no le veo la gracia a los jacuzzis, saunas, baños, piscinas y en general cualquier sitio en el que no se puedan identificar fluidos corporales con certeza. La experiencia más cercana que he tenido a una sauna coreana ha sido darme un baño turco, y no lo cuento entre los momentos más gratificantes de mi existencia. Empezó con un enconado rifirrafe con una estambulita gorda semidesnuda cuyos pechos desafiaban audazmente la ley de la gravedad, empeñada en tironearme de la parte de arriba del bikini y terminó conmigo tendida en un suelo de mármol, totalmente sometida, mientras la buena señora me refregaba el cuerpo con especial inquina, supongo que a resultas de mi pequeño acto de rebeldía.

Los romanos no comparten mi manía, simplemente les parece una cosa un poco demodé. Y es que llevan tomando baños de estos más de 2.000 años. Oh, vaya, qué originales los coreanos, ¿no? Cuando los coreanos no eran ni coreanos siquiera los romanos ya tenían termas con gimnasio, biblioteca, salas de agua fría y caliente, sudatorio o sauna e incluso taberna.  Las termas más impresionantes fueron las de Caracalla. Pueden visitarse a día de hoy pero no están en uso. ¿Qué? ¿Que tú querías darte un baño? Ay, te estás poniendo un poco pesado. Empiezo a pensar que deberías haberte ido a Seúl.

5. Los italianos tienen PELAZO.

Confieso que voy a la peluquería lo menos posible. Me excuso diciendo que es que soy partidaria de la melena salvaje y de un look “a su caer”, pero lo cierto es que me da muchísima pereza. Además, nunca me ha pasado eso de los mini-pelos asesinos, así que no es una problemática con la empatice mucho, por más que suene atroz.

Como tampoco me he cortado nunca el pelo en Italia y no sé cómo estarán los precios por ahí, estoy dispuesta a aceptar la tesis de que resulta caro. Venga va, pongamos que es caro. Pues ¿sabéis qué? Que lo vale. No sé qué clase de alquimia practican los peluqueros italianos pero allí casi todo el mundo tiene PELAZO. Es casi obsceno. Y no debe de ser algo genético porque no hace falta ni ser italiano. Alain Delon se pasó a rodar El gatopardo, un peluquero italiano puso sus manos mágicas sobre su cabeza, y otra cosa no, pero de pelo anda fenomenal.

Además en Italia si quieres puedes ver el auténtico David de Miguel Ángel :)

Marcello y Sophia con unos añitos ya pero luciendo melenaza.
6. ¿Es que el romanticismo ha muerto acaso?

En Italia las españolas ligan bastante. Dicen las malas lenguas que es porque tienen un poco de fama de frescas y, si bien es cierto que a ninguna chica le mata de la emoción ligar porque piensen que es fácil, eh, al menos la opción la tienes. Si además aquí no te conoce nadie, tonta.

Si eres chico lo tienes un poco más complicado, especialmente si te gustan las pijas. Las pijas italianas son pijísimas: La italiana más pija le da sopas con honda a la más pija de las españolas en esto de la pijez. El arquetipo es Chiara Ferragni, una bloguera de moda que se hizo famosa por su fabulosa colección de bolsos de marca y por pasear a un monumento de novio que tenía (Richie y ella cortaron en mayo y  yo dejé de creer en el amor).

En cualquier caso, siempre puedes instruirte en el noble arte del piropo y el requiebro, de capa caída en España a excepción de algunos sectores como el de la construcción, y en el que los italianos se desenvuelven excepcionalmente bien.  Nada de cosas ordinarias del tipo “Te pedía para Reyes. A ti y al Ken”.  Los italianos oscilan entre halagos concisos y al grano como “Deja que te diga que eres guapísima” y otros mucho más elaborados, barrocos incluso. Sei la prima donna del primo giorno della creazione” o “Se tu non ci fossi bisognerebbe inventarti”, son sólo algunos ejemplos. Ay, sí, qué pesados los italianos. Vaya rollo. Qué fastidioso resulta que la cortejen a una, ¿no? ¡JA!

Lo de los Night Clubs coreanos me tiene super confusa. Por ejemplo, ¿es posible que si una chica es fea, o simplemente esa noche no ha tenido suerte, no recupere nunca su bolso? ¿No ha pasado nunca que alguna haya terminado capitulando de pura desesperación, en plan “Venga, va, este mismo. Devuélveme mis cosas que quiero pirarme ya de aquí”?

Lo de los DVD rooms me parece aseado pero un poco esterilizadito de más. No sé, me imagino a un coreano entrando en la habitación acto seguido y fumigando con Zotal. Y la imagen de la caja de pañuelos aquella me ha dejado deprimidísima, no sé por qué.

Yo es que este amor tan aséptico y estandarizado no lo veo. Me parece un poco como vivir en una casa de esas de exposición en un IKEA.

Roma se presta mucho más al arrebato. A hacer estupideces como colocar candados en el puente Milvio o a lanzar monedas a la Fontana di Trevi (una para volver a Roma y dos para enamorarse). En un tema como este del amor que se aviene mal a certezas, lo único seguro es que Roma seguirá allí si se quiere regresar. Que por algo es la  Città Eterna.

7. Nadie está feo con una máscara.

Máscara bauta, la preferida para los encuentros galantes. Imagen: Fabrizio/Fabula-docet.

Es verdad. Fotografiarse frente al Coliseo es tan ordinario como tener un álbum en Facebook de tu viaje a Londres titulado “London calling”. Y, desgraciadamente, lo más cercano a la experiencia de un Fotomatón coreano que puedes vivir en Roma es pagar a uno de esos pobres hombres vestidos de centuriones que se pasean por los alrededores del Foro para hacerte una foto penosa con él.

Pero, ¿qué tal si, ya que has decidido ir a Venecia a tomarte un café en el Florian y de paso seguirle la pista a Casanova, haces que la visita coincida con el Carnaval?

Reconozcámoslo: Las máscaras venecianas son sexis. Lo sabes tú, lo sé yo y lo saben Tom y Nicole. Los venecianos lo tienen clarísimo ya desde el siglo XI, cuando se generalizaron precisamente para adormecer conciencias, salvaguardar reputaciones, y facilitar el libertinaje. Cumplían además otra función: democratizaban las relaciones sociales y colocaban a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. A nadie le importaba si eras noble, comerciante o una vulgar sirvienta. No obstante, a los venecianos todo esto se les fue un poco de las manos, se volvieron un poquito promiscuos de más, y el uso de las máscaras se fue restringiendo hasta permitirse tan solo durante el Carnaval.

8. El atractivo de la clandestinidad.


Cuando yo vivía en Roma aún no se había prohibido beber en la calle y uno podía tomarse unas cervezas o una botella de lambrusco en las escaleras de Piazza Spagna con toda tranquilidad. Hoy en día ya no es legal. Puede parecer una medida poco popular y aguafiestas, sobre todo si lo comparamos con la promesa de botellones de 24 horas en parques coreanos. Sin embargo tiene su justificación. Después de todo, si las baldosas de las calles de Seúl, que están puestas desde antes de ayer, se ponen perdidas de vómito y percudidas de orines se pueden cambiar sin mayor complicación. En Roma el problema es algo más peliagudo. Digamos que las piedras no son tan fácilmente sustituibles.

Algo muy común en Italia es el Aperitivo. No es como en España, que se toma antes de comer. Allí se correspondería un poco con el “afterwork”. Se puede ir desde media tarde hasta la hora de la cena y consiste en pagar en torno a 8 euros y tener derecho a una bebida y a un buffet libre. Por cada bebida que pidas te toca pagar otra vez, pero puedes comer todo lo que quieras.

En cualquier caso, en  Roma también hay discotecas. La mayor parte se encuentran en la zona de Testaccio, aunque hay otras diseminadas por la ciudad, como el Piper o La Maison. Ya aviso de que cierran pronto para los cánones españoles.

Mi recuerdo más entrañable de la noche romana es, sin embargo, el de un garito infame que creo recordar que se llamaba KAOS o algo por el estilo, situado en alguna callejuela perdida del Trastevere. Sinceramente, no creo que en ningún momento haya sabido llegar yo sola. Yo creo que para pasar hasta te pedían santo y seña. Estaba abierto hasta las 6 de la mañana, era medio subterráneo y la gente fumaba como si no hubiera un mañana, por más que en Italia no estuviera permitido ya desde hacía años en los locales. Yo misma encendía el cigarrillo siguiente con el anterior, como en un paroxismo alocado, sólo por el placer de lo prohibido. Imagino que hace tiempo que habrá sido clausurado por Sanidad, pero seguro que siguiendo a un grupo de Erasmus podéis encontrar algo parecido. Y no me negaréis que suena encantador.



Comentarios

  1. ¡Hola!

    Leí el post de Ángel y tenía curiosidad sobre la tal Amanda (¿para cuando la foto con el vestido rojo?). Me alegro de que te hayas decidido a contestarle. ¡Menudo currazo te has pegado!

    Se nota que te has esforzado así que no te ofendas, pero no me has convencido. Estoy aburrido de los italianos. Me parecen una mezcla entre españoles y vendedores de cerveza-fría-un-euro. Vamos, unos pesados del copón.

    Aunque siendo tú mujer he de reconocer que entiendo tu postura. Se lo curran y son capaces de enamorar hasta a una piedra, aunque solo sea por pesados.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. ¡Hola Gorka!
    ¡Muchas gracias por tu comentario!
    Jajaja, no me ofendo en absoluto. Ya he renunciado a convencer a nadie. Al menos me retiro con la conciencia tranquila: I did my best :)
    La foto con el vestido rojo es inminente.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Amanda in red has hecho mi día, de hecho, lo has convertido en cinzanamente refrescante.

    El mundo no sería lo mismo sin Italia, como tp lo sería sin nuestra Amanda.. me ha encantado tu post niña, con entradas como ésta el mundo se me detiene.

    Tantas cosas nos ha dado ese imperio cuya capital tan bien describes.. el Divino Calvo.. Turandot.. y qué me dices del Spritz Aperol anaranjado aperitivo.

    Demasiado bárbaro en estilo y en estampa al que declararle la guerra de las Galias. A mi no me has convencido, en modo alguno, a mi irremediablente, me has conquistado. Como un Martini Royale. Rosato.

    Brindo por tí y por que Casanova vuelva a nuestros días, sus 3600 hojas una búsqueda y por epílogo.. aquella chica.. del vestido rojo.

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. You, sir, are a gentleman and a scholar. :)
    Que sepas que he tenido que preguntarle a Angiealquezar a quién te referías con lo del Divino Calvo, jajaja.
    Un besazo, caro!

    ResponderEliminar
  5. Bueno, bueno, me encanta, no sé como no me dio por pinchar antes en tu nombre, para ver si seguías con tu blog!!!

    Me encantan estos temas :) Soy Ayrim, pero es que tengo un lío con blogger para poder poner comentarios jejeje.

    ResponderEliminar
  6. ¡Muchas gracias, Ayrim! ¡Estoy encantada de tenerte de nuevo por aquí!
    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
  7. Me he partido el ojete! Como os gusta a las mujeres los galanes, aunque sepáis que sólo quieren daros turrón del duro jajajaja
    Al final tendré que ir a Seúl con escala en Roma!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues eso me parece una muy buena opción! ;)

      Eliminar
  8. Prefiero Italia que comer pulpo vivo!!Gracias Amanda, muy buena contra respuesta!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, Angie! Somos tocayas, según parece 😊

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares