Lecturas de adolescencia (y II): Adolescencia profunda

      1. Y decirte algunaestupidez, por ejemplo, te quiero. – Martín Casariego Córdoba.
“El amor es una estupidez, lo tengo comprobadísimo. Vuelve a la gente medio estúpida y le cambia el carácter, y a lo mejor le hace más feliz, vale, pero eso no cambia nada, y por descontado que a los que ya son estúpidos no les vuelve inteligentes.”
No sé cómo decirlo para que no parezca exagerado. Esta es la mejor novela juvenil que he leído. EVER. Y os aseguro que han sido muchas.

Y decirte alguna estupidez es el típico libro en el que no ocurre nada especialmente extraordinario, y es por eso mismo por lo que tiene tantísimo mérito. Uno se imagina que puede sentarse inmediatamente después de leerlo y escribir una historia, sobre su vida incluso, así de buena. Bueno, pues no.

De este libro me quedó el decirle a todo el mundo que Bécquer había muerto de tuberculosis “la enfermedad romántica por antonomasia”, y gracias a él, empecé a verle las ventajas a los buenos chicos normales, corrientes y mentalmente saludables a los que les gusta la cerveza y ver el fútbol con los amigos.

Mi personaje favorito era Santi, Santiaguín le llamaban a veces, porque era muy bajito. Harto de los desplantes de una tía desdeñosa de la que está enamorado le cuenta al protagonista que se va a forzar a que le guste otra que sí que le hace caso “y hacer saltar por los aires todas nuestras teorías sobre el amor por generación espontánea”. O algo por el estilo.

El libro está en casa, totalmente baqueteado, y aún de vez en cuando releo algunas partes

2. La casa de los espíritus.- Isabel Allende.
“Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto.”
Leí La casa de los espíritus un verano en la playa porque me la dejó mi tía. Ella y mi prima lo acababan de leer, y nos paseábamos todos por casa recitando eso de “Clara, clarísima, clarividente”.

Años después, cuando hicimos Selectividad, el tema de literatura fue precisamente la novela hispanoamerica. Era uno de los últimos del temario y mi amiga Amp, a la que no le había dado tiempo a estudiárselo y que era una fanática de Isabel Allende, resolvió la papeleta hablando de Eva Luna, de Paula y De amor y de sombra, como si fuera Allende la única sudamericana a la que se le hubiera ocurrido empuñar una pluma en su vida. Ni García Márquez ni leches: Isabel Allende a saco. Tracatá.

Más tarde leí esa novela infame, El penúltimo sueño, de Ángela Becerra, claramente inspirada en Allende, Ángeles Mastretta y toda esta gente. La tipa incluso se inventó un género literario: Idealismo mágico. Flipa. Ganó un premio y todo. Me reí muchísimo con ese libro. Era totalmente disparatado. “La empotró contra el piano…” decía contando un envite amoroso. Y las teclas sonaban plan, plan, plan… Tremendo. Qué risa.

     3. Malena es un nombre detango.- Almudena Grandes.
- Verás, india- la voz le temblaba como si estuviera enfermo, aterrado, agonizando de hambre, o de miedo-. Todas las mujeres no son iguales. Hay tías para follar, y tías para enamorarse, y yo…Bueno, me he dado cuenta de que a mí ya no me interesa lo que tú me puedes dar, así que…”
Este libro me dejó huella realmente porque era bastante guarro para el criterio que yo manejaba por aquella época. Y no sé qué problema tiene Almudena Grandes con los hermanos, pero definitivamente es algo a lo que debería prestarle atención.

Mi personaje favorito era el de Agustín, un periodista físicamente horrendo pero muy ingenioso que le dice a Malena que tiene muy mala suerte, porque vestida no aparenta estar ni la mitad de buena que desnuda. Malena le contesta que en todo caso eso será tener buena suerte. Entonces Agustín le dice “¿Tú crees? Me imagino que a lo largo de tu vida te habrá visto más gente vestida que desnuda”.
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      4. Cumbresborrascosas.- Emily Brontë
"Porque ni la miseria, ni la degradación, ni la muerte, ni nada que Dios o Satanás pudieran infligirnos nos hubiera separado, tú, por tu propia voluntad, lo hiciste. Yo no he roto tu corazón, tú lo has roto, y al romperlo has roto el mío. Mucho peor para mí que soy fuerte. ¿Es que quiero vivir? ¿Qué clase de vida será cuando tú?... ¡Oh Dios! ¿Te gustaría vivir con tu alma en la tumba?”
Con esta novela me volví completamente LOCA. Así, con mayúsculas. Insistí, con una intensidad rayana en el fanatismo, en que mis amigos y familia lo leyeran, deseando ganar prosélitos (curiosamente muchos no me hicieron NINGÚN caso). Yo tenía una edición buenísima y cuando la gente que por fin había accedido a leerlo me decía que no, que imposible, que no les estaba gustando nada, yo cogía su libro, lo hojeaba con ojo experto y lo devolvía diciendo con desprecio “Bah, es que el tuyo está fatal traducido”.

Cuando ya lo había leído tropecientas veces me puse a buscarle sustituto y así llegué a Jane Austen, pero no había ni color. No me reconcilié con ella hasta que descubrí a Elizabeth Bennet, que al menos tenía otra actitud ante la vida y un puntito de swing. Esas inglesas melindrosas que se pasaban el día tomando té, tocando el piano, yendo de picnic y calculando mentalmente rentas anuales en libras esterlinas no tenían nada que hacer frente a Cathy y Heathcliff. En el libro este se agarran del pelo apasionadamente y todo. Parece una tontería, pero es una novela victoriana.

Y no me hagáis hablar de Una habitación con vistas, de E.M. Forster. Se supone que los protagonistas se besan en un campo en Florencia y tú no te enteras hasta 100 páginas después, cuando a alguien se le ocurre sacar el tema. Por fin llegué a Jane Eyre, pero eso ya es otra historia. Que, por cierto, la película nueva me gustó muchísimo.

     5. El guardián entre elcenteno.- J. D. Salinger
-  Sí. Supongo que sí. Supongo que debería haber elegido como tema a su tío si es que le interesaba tanto. Pero es que hay quien no sabe lo que le interesa hasta que empieza a hablar de algo que le aburre. A veces es inevitable. Por eso creo que es mejor que le dejen a uno en paz si lo pasa muy bien con lo que dice. Es bonito que la gente se emocione con algo.”
Me hizo mucha gracia leer un artículo en The Frenemy en el que Alida hablaba de su síndrome premenstrual y de cómo, en esos días, iba por la vida odiando a todo el mundo: I see an innocent man reading Catcher in the Rye.  You simpleton! Are you FOURTEEN?” A veces pienso que sí, que es verdad, que ser fan de El guardián es ya postureo emo de más, pero no puedo evitarlo. Lo releo aún hoy, libre de paranoias adolescentes (más o menos), y me sigue encantando.

Con este libro pasa un poco como con el de Casariego. Lo terminas y te ves capaz de escribir algo parecido.

Se lo afané a mi prima un día que fui a su casa en Madrid. Ella aún se refiere a él como “ese librillo deprimente”. Estaba en un momento en el que abominaba de toda hipocresía, me sentía muy incomprendida y además cargaba con el sambenito de “chica poco simpática”, o eso me figuraba yo en mi egocentrismo tan atroz. Sufría de adolescencia profunda, en definitiva. Esta sí que fue, sin duda alguna, la fase de mi vida en la que resulté más insoportable.

En cualquier caso, yo creo que todos tenemos dentro un pequeño Holden errático y con cierta tendencia a la depresión al que hay que hacer callar a cada poco. Yo, al menos, sé que lo tengo. Y puedo entender perfectamente que estés hablando con alguien y, de repente, te sorprendas odiándolo levemente. Entiendo que estés contento un momento y, al poco, te sientas muy triste. Entiendo que la visión de un vestido verde, o el ambiente en un bar, o un comentario de alguien, pueda deprimirte de pronto.

Para mí Holden es todo eso que uno no puede confesar que siente sin que lo tomen por loco. Hace buena la expresión aquella de que de cerca todo el mundo es raro. Sientes el deseo de consolarle pero, al mismo tiempo, querrías estar de él lo más lejos posible. No vaya a soltarte, sin provocación aparente, eso de que le das cien patadas.

      6. El maestro de esgrima.- Arturo Pérez- Reverte.
“Para que la obra fuese el non plus ultra sobre la materia que le inspiraba, era necesario que en ella figurase el golpe maestro, la estocada perfecta, imparable, la más depurada creación alumbrada por el talento humano, modelo de inspiración y eficacia. A su búsqueda se había dedicado don Jaime desde el primer día en que cruzó el florete con el adversario.”
Jaime Astarloa es mi personaje favorito de Pérez- Reverte. Con muchísima diferencia y con permiso de Angélica de Alquezar. Leí mucho y alocadamente a Arturito y así fue como se me ocurrió lo divertido que debía de resultar el ser columnista.

Un año fue Reverte a mi ciudad y dio una conferencia en un instituto. Yo iba a otro colegio, así que me la perdí, pero mis amigos me contaron que había respondido un poco impertinente a algunas de las preguntas que se le habían hecho allí. Dicen que luego pidió perdón, pero de todas maneras yo pensé entonces que hubiera caído muerta allí mismo, como fulminada por un rayo, si le hubiera hecho una pregunta a Arturo Pérez- Reverte y me hubiera contestado mal. Y yo creo que de aquí me viene esa reticencia casi dolosa mía a conocer a la gente a la que admiro.

Comentarios

  1. Antes de decirte alguna estupidez como que estoy en la casa de los espíritus y he conocido a uno que se llama Malena, mejor bailo un tango antes sobre cumbres borrascosas, porque este guardián del centeno reconvertido a maestro de esgrima reconoce el touchè y se rinde ante tus libros :-)

    Habéis leído más Jose y tú en vuestra adolescencia que yo en toda mi vida! Aunque tengo todavía una por delante para seguir leyendo y post como este animan a ello.

    ¡Felicidades! Un abrazo de este espadachín de tres al cuarto :-)

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  2. Me alegro de que te haya gustado, Carlos. Y por supuesto que sí,todavía te queda mucha adolescencia por delante! ;)
    ¡Un abrazo y gracias por tus siempre amables comentarios!

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