Lecturas de adolescencia (I): Primera adolescencia

Hace unos días leí en el blog de Jose Alberto Arias una entrada en la que hablaba de sus lecturas de adolescencia y se me ocurrió que me apetecía mucho intentar algo parecido.

Evidentemente el tema se me ha ido bastante de las manos, así que he dividido la empresa en dos partes. Esta es la primera entrega. He intentado organizarlo todo por orden cronológico (más o menos), pero ha sido complicado. En primer lugar porque no soy capaz de decidir dónde acaba la niñez y empieza la adolescencia.

1.    Rimas y leyendas.- Gustavo Adolfo Bécquer.
“Mientras ella hablaba así el joven, absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuente desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca. La mujer de los ojos verdes prosiguió así: 
-   ¿Ves, ves el límpido fondo de ese lago, ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?...Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales…” 
De la leyenda Los ojos verdes.
Con Bécquer me dio bastante fuerte. Fue una de las fases más insufribles de mi vida. Caminaba por la vida en pose lánguida, aquejada de espíritu romántico. Cuando me mandaban a colocar el cuarto yo respondía “Ah, el orden. El orden es como un rayo de luna”. Si me decían “Arréglate, que hay que ir a Misa” yo contestaba “La religión. La religión es como un rayo de luna”.

Me gusta Bécquer porque era el típico al que la inspiración le despertaba en medio de la noche, se levantaba y se sentaba a escribir arrebatado.

Le debo mi primer contacto con la poesía (sus rimas fue de lo poco que he podido tolerar hasta fechas relativamente recientes) y el haberme introducido en la narrativa gótica, donde me dejó vagando, como se verá, varios años, como en un Monte de las Ánimas.

2.    El Conde de Montecristo. - Alejandro Dumas (padre)
- A cambio de tu ayuda te ofrezco algo de valor incalculable. 
-  Mi libertad?  
- Nos pueden quitar la libertad, como tú ya sabes. Te ofrezco el conocimiento. Todo lo que he aprendido.”
Esta fue la primera novela gorda, en el sentido de larga, de mi vida.

Conocí a un chico que me contó que era su libro favorito. “Por lo de la venganza”, me dijo. Aparte de la comprensible desconfianza que me generó inmediatamente, pensé que el pobre lo había entendido todo al revés.

Sin embargo, y aunque a posteriori se confirmara que el muchacho estaba un tanto desequilibrado, sí que tengo que reconocer que se siente una cierta satisfacción inconfesable cuando Dantès se va vengando y van cayendo todos los que le traicionaron, uno a uno, como en Diez negritos.

3.    Relatos.- Edgar Allan Poe
“Sus ojos no tenían brillo y parecían sin pupilas; y esquivé involuntariamente su mirada vidriosa para contemplar sus labios, finos y contraídos. Se entreabrieron; y en una sonrisa de expresión peculiar los dientes de la desconocida Berenice se revelaron lentamente a mis ojos. ¡Quiera Dios que nunca los hubiera visto o que, después de verlos, hubiera muerto!” 
Del relato Berenice.
Llevo media vida engañada, pensando que Berenice era mi relato favorito de Poe, creo que porque, en aquel entonces, mi padre iba por todas partes cantando la canción esa del Emigrante, de Juanito Valderrama: “Tengo que hacer un rosario con tus dientes de maaaaarfil…”. Escribí un relato y todo para el colegio, que no sé yo cómo no llamaron a casa, o me enviaron a la psicóloga o algo, como en esas películas americanas en las que aparece el niño por clase con un dibujo de cómo asesina a sus padres, o con un folio en blanco en el que sólo ha escrito, en letras rojas “I HATE YOU, I HATE YOU” “REDRUM, REDRUM”. Mi madre estaba super orgullosa.

Pero resulta que el otro día supe por ella que no, que mi relato favorito era El barril de amontillado. Si lo uno era bastante sórdido, lo otro es ya directamente sádico. No me explico cómo no me ingresaron directamente.

Después de Poe di una batida general por la novela de terror (Frankestein, El retrato de Dorian Gray, Drácula… los libros del pequeño vampiro…). Me quedó una inquietante tendencia hacia lo escabroso y el gusto por el humor negro.

4.    Aquellas blancas sombras en el bosque.- Maria Gripe.
“La escuché cuando empezó a hablar sobre la foto y a explicar que, normalmente, la persona más importante nunca aparece en una fotografía. Se refería al fotógrafo, esa presencia invisible que, queriéndolo o no, influye en aquellos a los que fotografía. Su influencia se observa claramente en las caras de los fotografiados, en sus movimientos, en su porte… Aquí, en esta foto, estaba, además, presente como una sombra muy dominante.”
Era el segundo libro de la Trilogía de las sombras (que no tiene nada que ver con las infames sombras de Grey).

Descubrí a Maria Gripe por mis primas y leí la mayoría de sus libros. Me acuerdo mucho de Los escarabajos vuelan al atardecer y por culpa de Agnes Cecilia le tengo un miedo cerval a las muñecas de porcelana.

Pero las novelas suyas que más me obsesionaron fueron estas, yo creo que, porque al ser una serie, al terminar una te tenías que preocupar de hacerte con la siguiente enseguida. De sus personajes,  estaba Carolin que me parecía la típica carismática manipuladora. Eso sí, tenía que tener muchísimo encanto y muchísimo charm, porque ahí terminaba enamorado de ella hasta el apuntador. Berta era  apocadita y se dejaba embaucar por cualquiera que le hiciera un poquito de chantaje emocional. Mi preferida era Rosilda, que tenía un pelo rojo increíble, era muda y se comunicaba escribiendo en un cuaderno con un bolígrafo de oro.

Al final todo aquello resultaba ser un culebrón tremendo, pero te mantenía en vilo hasta el final. Hasta referencias a Hamlet tenía.

5.    La historia interminable.- Michael Ende
“Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acaba y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastian hizo entonces.”
A Bastian hay que quererle, pero mi personaje favorito era Atreyu. Tenía yo un pen pal alemán que había conocido en Inglaterra y que escribía con pluma y una letra caligráfica preciosa y, como Michael Ende también era alemán, le pregunté si había leído La historia interminable. No sé por qué, pero me parecía lo natural. Afortunadamente él nunca me preguntó si yo había leído El Quijote.

Estaba entonces con una novela en la que se hablaba sobre la División Pomorska (Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia, de Lorenzo Silva, que no es que yo me pasara la adolescencia entre tomos polvorientos de manuales de estrategia militar y tratados castrenses), una brigada de caballería del ejército polaco que cuentan que cargó, armados con lanzas y espadas, contra los panzer alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Así que le pregunté a mi amigo teutón por ella y por los polacos. Mirándolo con perspectiva la verdad es que no es el tema más correcto para sacarle a un alemán. Fue un poco como cuando, años después, me puse a hablar con un irlandés sobre el IRA en una boat party en el Tevere. La verdad es que el chico fue amabilísimo.

La historia interminable mola porque es un libro que está escrito en dos colores y que se contiene a sí mismo hasta el infinito, como una matrioska eterna. Recuerdo que, hacia el final, tuve que dejar de leer porque no podía soportar el cariz que estaban tomando los acontecimientos. Me gustaba tanto, le tenía tanto cariño a los personajes, que no podía con todo aquello que estaba pasando. Tardé un par de meses en armarme de valor y terminarlo.

Y, por favor, la película ni me la mencionéis.

6.    Mi familia y otros animales.- Gerald Durrell
 “- Yo no pretendo ser un hombre de acción y pelo en pecho- respondió Larry austeramente-. Mi sitio está en el ámbito de las ideas…en el esfuerzo mental, por así decirlo. Yo pongo mi intelecto a vuestra disposición para el proyecto de planes y estratagemas, y vosotros, los musculares, los lleváis a la práctica. [….] 
-       No digas bobadas- dijo Les con gesto de asco-. Siempre te crees que lo que hacen los demás es facilísimo. 
-       Es lo que nos sucede a los polifacéticos- suspiró Larry. - Por regla general, las cosas resultan ser ridículamente fáciles cuando yo las intento. Insisto en que no hay por qué ponerse así por un vulgar ejercicio de puntería. 
-       ¿Ridículamente fáciles cuando tú las intentas?- respondió Leslie incrédulo-. Todavía no te he visto llevar a la práctica ni uno de tus consejos. 
-       Calumnias infundadas- dijo Larry picado-. Siempre me encontrarás dispuesto a demostrar lo acertado de mis ideas.”
Es autobiográfico y el primer libro de lo que se conoce como la trilogía de Corfú.  En esa época mi sueño era vivir en una casa enorme y destartalada como la de la familia Durrell, con serpientes en la bañera, en algún paraje perdido de naturaleza exuberante. Lo que más me gustaba era las anécdotas que contaba sobre su familia, tan inglesa, entre tanto griego. Esa madre llamando a todo el mundo “querido”.

Aunque ya había estado remotamente enamorada de Julián, uno de los protagonistas de Los cinco, este libro me llevó a mi primer y brutal cuelgue por un personaje literario: Larry Durrell, un escritor extravagante y pretencioso que le hablaba a todo el mundo de manera displicente y llenaba la casa familiar de amigos pseudointelectuales, bohemios e impresentables. Una joyita, vaya. Al final resultó que tenía sus razones para creérselo un poco


Comentarios

  1. Cuatro de seis querida, como diría Mrs. Durrell :DD
    Me encantaba Berenice! Escalofriante y muy romántica a su manera jaja. De Bécquer mi preferida era "La cruz del diablo".
    De María Gripe leí "Los escarabajos...", pero la que más me marcó fue "La hija del espantapájaros", de la colección roja de Barco de Vapor.
    Y qué decir de Gerry y su familia, ¡no me cabía en la cabeza una vida más feliz! Todo el día comiendo higos por los campos de Corfú y haciendo excursiones en el bote para coger nuevos especímenes... Eso es vida.

    ResponderEliminar
  2. Ni sé el tiempo que hace que no comentaba en un blog. Estoy con el comentario de arriba en el que, si bien empecé por "Los escarabajos" de María Gripe, no lo recuerdo tan bien como debería. Pero "La hija del Espantapájaros" es un libro que sigo regalando todavía ahora, y no precisamente a adolescentes.
    El Conde de Montecristo también me marcó, como casi todo lo que escribió Dumas, me encanta. En mi más absoluta ignorancia, hasta hace tres años no supe que la isla de If existía realmente ( de repente, estaba en la isla, en el castillo, absolutamente flipada)
    Los demás como eran casi de lectura obligada...no los leí(rebel, rebel). Esperaré la segunda parte. Mientras busco ebooks de Maria Gripe.

    ResponderEliminar
  3. No me acuerdo mucho de "La hija del espantapájaros", voy a buscarlo ahora mismo, pequeñas :)
    "El comentario de arriba" dice! Pero si sois coleguitas de concierto de Fonseca! :D :D

    ResponderEliminar
  4. Por cierto, gracias por abandonar tu silencio bloguero (como Rosilda!) por mí. Me he emocionado un poco y todo <3

    ResponderEliminar
  5. Hala, qué bueno, me alegra comprobar que compartimos alguna que otra lectura de adolescencia. También me alegra comprobar que sigues mi blog xD
    Y que has logrado que la señorita Mj hable (¡habla, pueblo, habla!) en este caduco mundo bloguero :)
    Te sigo a pies juntillas.
    Muá.

    ResponderEliminar
  6. Jajaja, lo sigo sí :) . El poema del TOC del otro día me pareció tremendo. No lo conocía.
    Además tengo en cola los dos libros de Stephen King que recomiendas (Corazones en la Atlántida y Un saco de huesos) ¡Ya te contaré! En mi adolescencia me quedé en Misery, El resplandor y El retrato de Rose Madder :)
    Un besote!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares