La despedida de soltera (y II)

Por fin llegó el fin de semana, todas llegamos sanas y salvas y a una hora decente con la compra hecha (las de Madrid delegamos en las cacereñas porque así es como nos las gastamos en la capital) y resultó que la casa estaba fenomenal. Enseguida nos pusimos manos a la obra con la barbacoa puesto que llevábamos un planning de lo más ajustado. Sólo el viernes: Barbacoa, botellón, okalimotxo curradísimo (gracias, Bea) y concierto sorpresa. Como llegamos sobre las nueve de la noche y la barbacoa tarda en prender, íbamos un poco justas y Bea nos jaleaba exaltada para que bebiéramos más rápido y participáramos activamente en el juego. “¡Venga chicas, que estamos fuera de tiempo!” Parecía aquello la final de Masterchef. Yo he de confesar que no tenía mucho cuerpo de jota, todas las demás estaban muertas de cansancio por haber trabajado durante toda la semana y teníamos además, para completar la ecuación, una novia saliente de guardia. Aún así aguantamos el tipo como jabatas que somos y, alrededor de la una, nos fuimos escurriendo de pocas en pocas a las habitaciones a cambiarnos de ropa. Fue entonces cuando empezamos con nuestra bien orquestada farsa: Mart estaba que se caía de sueño y prefería quedarse en casa tranquilamente en lugar de salir y allí se produjo una escisión fingida y unas dijimos que sí, que en casa; y otras que no, que de ninguna manera, que de marcha por Candeleda. En teoría la opción “Juerga por Candeleda” se impuso y mandamos a Mart a cambiarse a regañadientes y regresó espléndida, con su vestido azul con la espalda al aire. Sin embargo, su otrora mirada dulce y amable había sido sustituida por otra que pocos le conocen: rencorosa y vengadora.

Ignorando el comprensible enfado de la novia, a la que nos llevábamos arrastrada y contra su voluntad a conocer la noche candeledana, nos dirigimos hacia el centro del pueblo y llegamos hasta el instituto. Nos pusieron unas pulseritas y entramos. Yo iba charlando alegremente con Dol hasta que enmudecimos ante un patio absolutamente desangelado con un escenario en el que el tío de Pereza que no es Leiva se esforzaba en animar a las masas inexistentes con esa apatía un poco condescendiente que les caracteriza a los dos, al menos cuando hablan. Huelga decir que no había ahí ni barro, ni posibilidad alguna de pisotones, ni medio jevi. Inmediata y cruelmente rebautizamos a Rubén Pozo como NO-Leiva y nos dirigimos a la barra a pedir una copa porque la situación empezaba a adquirir un cariz dramático: NO-Leiva seguía a lo suyo, a Mart la perdíamos por momentos y todas las demás estábamos agobiadísimas. A Villuky se le ocurrió entonces que podía ser una buena idea ponerse a confraternizar con un joven que vendía camisetas promocionales de Carroña, otro de los grupos invitados. Entre tanto,  NO-Leiva por fin había decidido darse por vencido y Patri se parapetaba entre Mart y el escenario para que ella no viera el nombre del siguiente grupo en la batería mientras se hacía el cambio. Lauri epataba al personal enfundada en su vestido negro, rompedora;  Anarouss, Canuti, Bea y las hermanas de Mart (la de siempre y la futura), fotografiaban y jaleaban a Villuky que seguía muy ocupada comprando merchandising de grupos de rock de nombre estrafalario; y Dol y yo nos echamos al coleto otro gin-tonic. Así, poco a poco, el ánimo fue remontando.

Mart, a quien su novio le había asegurado que la despedida le encantaría y le haría muchísima ilusión, nos confesaría al día siguiente que,  de camino al concierto, iba pensando “Es que no es ya que mis amigas no me conozcan porque, ¡¿cómo pueden pensar que me va a apetecer ir a un festival desconocido a las dos de la mañana de un viernes saliente de guardia?! ¡Es que además mi futuro marido no sabe nada de mí!

La situación dio un vuelco cuando El Desván del duende salió al escenario. Yo no los había escuchado apenas pero he de decir que son muy animados y tienen muy buen directo. Hasta diría que en el patio aquel había de repente mucha más gente, no sé yo si real o fue un efecto óptico de su entusiasmo desbordante. Os aseguro que parecía mucho más lleno. Me gustan mucho los músicos que se entregan con independencia de la cantidad de gente, me parece una actitud muy profesional. Es lo que le pasa a David Fonseca, que lo mismo le da 60 que 6.000. Es la máxima muestra de respeto al público y los fans.

La cara de Mart fue impagable. Se le iluminaron sus bonitos ojos verdes (gen recesivo) y empezó a pegar saltitos entusiasmada, como una cría. Nuestra Niña buena estaba más feliz que una perdiz.


Comentarios

  1. Me he imaginado un instituto en ruinas ubicado en Albuquerque (que no Arburquerque). Vaya, escenario a lo Breaking Bad con bolas del desierto, gatos y todo ;-) El pobre NO-Leiva es que no mandó a sus naves a luchar contra los elementos! jeje Todos los agobios valen la pena por ver a la novia feliz!!

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    1. Jajaja, hombre, no es para tanto, la verdad es que el pueblo es precioso y tiene ambientillo. Yo creo que también nosotras estábamos un poco sugestionadas por el fracaso de la operación. Íbamos pensando que el concierto iba a ser la remontada, de repente llegamos ahí y...
      El caso es que fue un finde muy divertido y muy bonito! :D

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  2. Me ha encantado lo de rencorosa y vengadora...si hubiese tenido a mano una navaja suiza, no hubiese habido Candeleda para correr!

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    1. Jjajajaja, ya, eh? Nosotras creyendo toda la vida que era una muchachita de lo más dulce!

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