La despedida de soltera (I)

Dije el otro día que iba a hablar de la despedida de soltera de mi amiga Mart y aquí vengo, dispuesta  a hacer la crónica.

El grupo favorito de Mart es El desván del duende. Si sois extremeños los conoceréis seguro, porque son de Badajoz e hicieron la canción promocional para Cáceres 2016: Macetas de colores. Actualmente participan en festejos diversos y han sacado ya tres discos.

A mis amigas, que son amorosas y absolutamente detallistas, porque yo he sido lo suficientemente hábil como para rodearme de este tipo de gente y así compensar mi entrañable dejadez, se les ocurrió que podía ser una buena idea celebrar la despedida en alguna casa rural de algún lugar donde tocaran y llevar a Mart, de sorpresa, al concierto. Por cercanía y cuadre de fechas reservaron una casa en Candeleda, un encantador pueblo de la provincia de Ávila en el que, ese fin de semana, se celebraba un festival.

Un par de semanas antes del evento, Canuti escribió a los chicos de El desván por Facebook para contarles que íbamos al pueblo ese sólo por ellos, que nuestra amiga era su fan número uno y que por favor, por favor, le dedicaran una canción, o la saludaran durante el concierto. Ellos contestaron muy encantadores que por supuesto, pero que se lo recordáramos un día antes aunque, cito literalmente “nos acordaremos cuando veamos que sois el único grupo de muchachas entre millones de heavies (carita sonriente)”. En ese momento en nuestro grupo de guasáp cundió el pánico. Bea, que era la que había encontrado el festival, nos dijo que es que era un poco “rockerillo”, y nos mando toda la información relacionada con el, atención, Shikillo Kandefest. En este plan.

De sobra os imaginareis que yo había dedicado ya varios días a planear el outfit festivalero perfecto, como si de Coachella o Glastonbury se tratara, porque lo cierto es que nunca había ido a ninguno. Hasta el Shikillo Kandefest, claro. Por fin me había decidido por unos pantalones cortos y botines “para no llenarme los pies de barro ni llevarme pisotones”. Que no pensé en calzarme las Hunter porque no las tengo. A la vista de los recientes acontecimientos ya no sabía si ese estilismo era adecuado, si tenía que vestirme de jevi o bastaba con ahumarme los ojos y cardarme el pelo. Menos mal que, discutiéndolo con mi amiga Marina, llegamos a la conclusión de que si los jevis se daban cuenta de que yo era una jevi de palo, una pija infiltrada disfrazada, lo mismo me llevaba alguna galleta por ir de lista, porque si no el ridículo hubiera sido épico, como entenderéis dentro de poco.

Después del terror inicial el temor se disipó y condujo a una especie de guasa histérica colectiva que cada día iba enriqueciéndose con los nuevos detalles que íbamos conociendo. El cartel hizo mucho. También el hecho de que se celebrara en el patio del instituto. Como en principio no sabíamos a qué hora tocaban los nuestros (luego resultó que empezaban a las dos menos cuarto de la mañana, con lo cual teníamos tiempo para cenar y beber alguna copilla en casa), alguna de mis amigas sugirió que podíamos llevarnos las botellas y los vasos y ponernos a beber allí, a lo que Anarouss apuntó, yo creo que temiendo una regresión a la adolescencia o alguna otra patología grave,  que si a Mart nos la llevábamos a hacer botellón a las escaleras de un colegio le iba a dar un ataque.

(Continuará...)

Comentarios

  1. Tocaba un grupo que se llama "Carroña"? En serio? Me voy corriendo a leer la parte II. Por cierto, te imagino requetedivina con tus pantalones cortos y tus botines. Además, tampoco hay que pasarse con eso de allá donde fueres. Mira a Pilar rubio, que hasta s epone mona para ir de boda. Bueno, aunque su gusto en lo que a hombres se refiere no es encomiable ;-p)

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