Bienvenido, septiembre

Septiembre tiene algo de comienzo de todo, pero no a la manera del Año Nuevo. Mientras que el Año Nuevo consiste en desear que las cosas vayan mejor, septiembre va de proponerse mejorarlas.

Contaba Nick Hornby en En picado que en Nochevieja es el día en el que más suicidios hay, seguido de cerca por San Valentín. No me extraña. Yo nunca he hecho balances de año formalmente, aunque es algo inevitable pensarlo un poco y entiendo perfectamente la angustia existencial que pueden generar. Por otro lado, hace ya mucho tiempo que no voy a un cotillón ni me compro un vestido para esa fiesta diabólica. Descubrí que las expectativas no me dejaban vivir. Tenía que ser la noche más inolvidable: Llevar el vestido que mejor me sentara, pasarlo increíblemente bien, amortizar la barra libre, bailar hasta el amanecer y, por último, caminar alegremente con los zapatos en la mano sobre el suelo mojado (no sé por qué, pero el Año Nuevo tiene la mala costumbre de recibirnos con lluvia en mi ciudad) a la búsqueda desesperada de una churrería abierta (jamás encontré ninguna). Me di cuenta de que, con tanta presión, en lugar de todo esto hubiera preferido estar en mi cama calentita a las cuatro de la mañana, o incluso haberme quedado en casa viendo a Bisbal hacer playback en galas grabadas desde octubre. Y que no me pasa sólo a mí, que a mi amiga Dol, aunque ahora lo hacemos todo de manera mucho más sencilla, aún tenemos que convencerla con triquiñuelas y chantajes emocionales, apelando a nuestra amistad inquebrantable de años, para que salga. Es ya tradición: Dol negándose y nosotras presionando. Por teléfono, a través de mensajes en una zona gris entre la persuasión y la coacción o presencialmente, en forma de manifestación frente a su casa. Hacemos lo que haga falta.

En cualquier caso ahora, como decía, lo vivimos todo de una manera más sana. No hacemos planes, yo no estreno vestido, pago mis copas una a una en función de las necesidades (y la noche me sale mucho más barata) y, cuando intuyo que la cosa va a empezar a decaer, en esa especie de epifanía que, no me lo neguéis, tenemos todos en algún momento de la noche, me marcho a casa con la conciencia limpia como una patena, con los zapatos en los pies, el rímel en su sitio y la dignidad intacta.

Todo esto viene de la idea de que la Nochevieja tiene que ser un pórtico del nuevo año. Un portal místico. Es una especie de superstición maligna, como si fuese un adelanto, una preview, de lo que nos van a deparar los doce meses siguientes. Y claro, todo tiene que salir perfecto. Yo llegué a un punto en el que, si en mayo me pasaba algo horrible, me lamentaba de no haber sido capaz de comerme esa última uva antes de que sonara la última campanada. Es como la gente que dice que ha sido más feliz en los años pares, o en los impares. Mira, pues será casualidad. "Ah, este año es par, ¡qué bien! ¡Esos son los mejores!". Permíteme que ponga en duda la base científica de este planteamiento.

Septiembre, sin embargo, es un comienzo que depende de uno mismo. Sin magias extrañas ni movidas. El balance no lo tiene que hacer cada cual, sino que se nos dio hecho en forma de notas académicas o de evaluaciones de desempeño allá por el mes de junio. Lo bueno o lo malo que sea el curso no está sujeto a cuestiones cabalísticas, sino a nuestro esfuerzo y determinación. Es como una nueva singladura en la que podemos estudiar al día y llevar hechos los deberes. Intentar resolver los putos ejercicios de matemáticas y preguntar en las tutorías. Podemos hacer mejor las cosas. Estrenamos agenda: Tenemos una oportunidad más y la posibilidad de ocupar nuestro tiempo como se nos antoje.

Feliz comienzo de curso para todos.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, señorita. A mí también me da bastante pereza la Nochevieja. Me has insuflado un poco de optimismo, que no me viene mal.
    A por este septiembre!

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  2. Me gusta mucho tu reflexión, pero lo que me encanta es como liberas del yugo de las cosas quietas.
    Llega septiembre y el no lo sabe, monótono con sus días bajo el brazo y tan borde con agosto como siempre, bueno en realidad todos los meses lo son, parecen piezas de una cadena de montaje!
    Pues absorto en su caminar no sabe que hace tiempo que quedó atrás, que las campañas de otoño ya están en marcha, las fechas en rojo ya se llenan de cosas que no hemos hecho en vacaciones, las agendas de trabajo tienen señalamientos y plazos marcados, los recibos ya van por el dos mil diecitantos y septiembre llega como si fuera el primer día del futuro, pobre...

    Pero tienes razón, Nochevieja es una pieza clave de esa maquinaria infernal que nos seduce, atrapa, inmoviliza y reduce a ciclos ambulantes de bucles descalzos. Los kioskos comienzan a llenarse de fascículos de colecciones, los mercadonas de ofertas y los carros de compra de todo el material escolar posible.
    Fuera la guerra de siempre, el paro de siempre, atentados, hambre, y arriba pues los de siempre, tal vez te parezca que algo ha cambiado cuando vayas a pagar la matrícula y no es que la subida de tasas te deje fuera, es que no está la sucursal de tu banco! :o
    Pero tranquila, que no la han desahuciado, solo que se ha mudado a otra manzana desde donde se le puede ver mucho mejor.
    Llega septiembre y los meses -mbre con el.
    Pero si algo hace que sigamos inmunes a tanta realidad negativa es que hayas personas que como tú se empeñe en llamar a un amigo y/o manifestarse delante de su casa, pero no dejarle ni un momento rendirse.

    Avanti! :)

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