Shakira y demás torturas

Esta tarde he amenazado a mis amigos en un grupo de guasáp que tenemos con ponerme de "yavoy" la canción de Addicted to you, de Shakira. Pensaba que iban a mostrarse encantados, emocionados incluso, porque es casi como una tradición nuestra. En cambio me he encontrado con una oposición tibia pero evidente, con frases del tipo  "Deja de consumir cosas raras""Como aquel infernal Hips don't lie que tenías, ¡qué horror era!" Yo tengo la certeza absoluta de que un año tuve de "yavoy" La tortura, así que he concluido que mis veranos son una sucesión de "yavoys" de Shakira y que mi relación con ella se remonta a mucho antes que la suya con Piqué y a mucho, mucho antes de la concepción y alumbramiento de Milán.

El caso es que a mí estas canciones me gustan, soy así de macarra. La otra mañana estaba en el cuarto de mi hermana comentando su noche de fiesta porque esto debe de ser la vejez, comentar con tu hermana sus farras mientras se queja de lo que le duele la cabeza y te pide por favor que le traigas de la cocina un ibuprofeno. Estábamos escuchando la lista de éxitos de Spotify para que yo no pierda el contacto con la realidad del mundo de la noche y después de que sonara Mal de amores, que me explicó ella que es el megahit del verano, saltó Shakira y yo le dije "Ah, está bien la canción nueva de la Shaki, no la había escuchado nunca. Vamos a ponerla otra vez". Mi hermana me miró a través de las procelosas aguas de su resaca, primero con sorpresa y luego con lo que me pareció compasión, y se acercó a darme un beso en la coronilla mientras musitaba "¿No la habías escuchado nunca? Pobrecita" con un tono de lo más lastimero. 

Años ha que, como decía, cuando me llamaba la gente, en el lapso de tiempo que discurría hasta que yo contestaba, mi móvil les deleitaba con un super éxito de Shakira. De la Shakira rubia y bailonga, no de la morena con mechas rosas que era prácticamente una cantautora. Rafa, que siempre ha sido un sibarita musical con un gusto exquisito, me llamó un mes de agosto para felicitarme por mi santo y lo primero que me dijo, nada más descolgué fue: "QUITA.ESO" con una voz muy seria y muy autoritaria. Aún así mis amigos no quisieron abandonarme y seguían llamándome. Creo que alguno de esos veranos hasta ligué, y el muchacho tuvo que llamar y escucharse la canción del verano con estoicismo, lo cual yo creo que dice bastante de mi atractivo en términos generales. El amor es muy ciego, las cosas como son. Probablemente ese pobre hombre tenía poquísimos datos sobre mí y yo, lo primero que le lanzaba a la cara, era Hips don'l lie. O igual la cosa no fructificó porque descubrió demasiado pronto que a mi lado se iba a pasar el invierno escuchando gimotear a Quique González.

Pero la historia es más sangrante aún. En aras de la transparencia y el full disclosure tengo una confesión más que hacer. Hace un par de veranos, cuando me dirigía por primera vez a mi examen de la muerte caminando por la calle Goya con la congoja atenazándome la garganta con mano de hierro, en mi iPod sonaba en bucle el Waka Waka.

Ahora os dejo, que tengo prepararme psicológicamente para la final de Masterchef.

Nota: A mis amigos. Por hacer la vista gorda cuando me pongo estrafalaria e incluso reírse conmigo. Y por Masterchef, of course.

Comentarios

  1. jajaja, ese Rafa es un gran tipo. Otro no hubiese aguantado semejante tortura.

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  2. Oh my effing G. NO! Ramuseyou!! Que vuelva Ramuseyou!!! :D :D

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