Jabois o el humor que salva

Empecé a leer a Jabois gracias a este post de El Guardián. Con El Guardián tengo una relación unilateral y ambivalente de amor-odio (yo le amo o le odio, dependiendo del post, y él no sabe que existo), pero de su gusto literario y musical me fío mucho. El verano pasado leí Todo lo que muere, de John Connolly (me pareció muy bueno) y Siempre el mismo día, de David Nicholls (no me emocionó) siguiendo sus recomendaciones estivales así que una mañana de invierno estaba buscando un libro, recuperé ese post y me pregunté, ¿quién será el Manuel Jabois este?

En mi búsqueda en Google topé con un artículo de Elvira Lindo, imperdible y lúcido, en el que expresa de manera increíblemente perspicaz lo que yo también creo que debe ser el humor: 
"Los que piensan que el humor reside en la capacidad de mofarse del contrario no saben que quien lleva escrita la ironía en el código genético (que es donde tiene que estar escrita) suele entregarse desarmado ante el lector y mostrarle, en una desvalida desnudez, sus cicatrices infantiles, sus manías, todo un catálogo de imperfecciones para someterlas a la risa ajena. [...] La malevolencia española nos atrasa: es autoindulgente, solo disfruta del defecto ajeno, no mide la crueldad, y jamás llega a la esencia del humor moderno, esa en la que el cronista, antes de disparar al prójimo ha de pegarse un tiro en el pie, para recordarse a sí mismo que, cuando te atacan, duele."
Fue así como descubrí que el tal Jabois había publicado un libro recopilatorio de artículos. Volví a mi Google querido, tecleé "Irse a Madrid Manuel Jabois" y encontré el primer artículo suyo que leería en mi vida. Me enganchó totalmente con esta frase "A veces pienso que en Madrid no deben de tener otra cosa que hacer que esperarme a mí". Y es que así son los cuelgues: En ocasiones no hace falta más que una frase con apariencia de intrascendente.

En mis obsesiones me muestro leal y exagerada, con lo cual no pude descansar hasta que tuve en mis manos el libro. Es cierto que todos los artículos se pueden leer en su blog, pero yo quería reírme a gusto en mi cama y además a la gente que me hace tan feliz me gusta premiarla. El artículo de Un despido procedente me salvó un día desastroso; el de Una tertulia en la cárcel lo tuve que leer varias veces de lo bueno que me pareció y se lo mandé a todo el mundo, como en una especie de histeria proselitista que es una cosa muy mía; y el del Tuneo me arrancó carcajadas, que no es que sea difícil hacerme reír pero vino mi hermano a preguntarme que si me había vuelto loca y que qué animada estaba para ser domingo por la noche, que menudo jolgorio.

Si la ambición que Jabois tenía aparcada era la de ser un punto en el orden del día de su comunidad de vecinos, la mía es llegar a hacerme a mí misma tanta gracia como me hace Jabois. Por él leo a Julio Camba, a ver si se me pega algo. Y como yo soy de natural ofuscado y en ese momento Manu aún no se había publicado, he llegado incluso a leerme (y a disfrutar, que es lo chocante) su Grupo Salvaje aún a pesar de que el fútbol me da lo mismo (menos cuando juega Xabi Alonso o juega España, que entonces me hago un máster avanzado y exprés y en cuanto acaba el trofeo que sea lo olvido todo de manera inmediata) y el Real Madrid por extensión (menos cuando juega Xabi Alonso). Yo no participo del sentimiento madridista pero puedo entender lo que es una pasión, gestada desde la más tierna infancia, y empatizar con alguien que escribe cosas como:
"Leía como no volví a leer nunca, desde Las mellizas en Santa Clara hasta Los Cinco, de ahí también un poco mi prosa punk y ambigua sexualmente, como Georgina"
"Y allí, tragando vodka claro en vasos de plástico, me juramenté en silencio, y me dije que las torturas había que sufrirlas con la misma intensidad que las alegrías, y que de nada valía ir de un lado a otro de la carretera según fuese el viento, porque lo bonito es estar siempre acompañado de los mismos, como en las bodas y los funerales, a punto de aguantar la risa."
Manu lo devoré en un trayecto infernal en tren sobresaltando a mi vecino de asiento un par de veces o tres con alguna risotada inopinada aunque, si tengo que elegir un libro de Jabois, yo me quedo con Irse a Madrid sin dudar. A veces se le critica que habla demasiado en primera persona, que sus artículos son una sucesión de "yos" y de "a mís", pero son esos precisamente los que más me gustan. Mezcla, como me decía mi amigo Jose el otro día hablando de una cosa totalmente distinta, el buen castellano con el tono coloquial y, como Camba, pretende deshacerse de todo lo superfluo:
"Este modo mío de solventar los asuntos es nuevo y viene de un tiempo para aquí. Se trata básicamente de tirar para adelante y hacer las cosas de forma tan sencilla que parezcan estúpidas. No siempre fue así. Hubo un tiempo en que aspiraba a la trascendencia; fue la etapa más insufrible de mi vida. Colaba frases de Shakespeare en algún reportaje, pretendía emocionar en las columnas o hacía pomposas reflexiones acerca de la vida y la muerte que daban vergüenza ajena leer. Pero he abominado de la solemnidad, he allanado la escritura hasta evitar, en la medida de lo posible, citas de nadie, y procuro sobre todo no emocionar. Emocionar deliberadamente me parece una bajeza." (*)
De Jabois me encanta que no se toma demasiado en serio. El humor que más gracia me hace, de siempre, es un poco "autoparódico" y creo que es cierto, como dice Elvira Lindo, que sólo habiéndose reído uno mucho de sí mismo puede empezar siquiera a pensar en hacerlo de los demás. Jabois a veces es lírico,  a veces es culto, a veces es tierno, a veces es un poco animalote y a mí leerlo me ha salvado de mañanas pesadas como losas o de tardes desesperadas. Porque el talento me devuelve la esperanza.


(*) Igualito que yo, vaya, que en esta entrada me estoy cebando con las citas. Por cierto que esta pertenece al artículo con el que se despidió en Diario de Pontevedra cuando se vino por fin a Madrid para escribir en El Mundo. 

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