Bodas de sangre, Heathcliff, Cathy y el destino trágico


"Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
[...]
¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba."


Apenas un mes atrás, en el aniversario del nacimiento de Lorca, estuve siguiendo en Twitter un hilo interesantísimo de Ernesto Filardi en el que hablaba de Bodas de sangre. Yo no había leído la obra, así que la apunté mentalmente y hace unos días la empecé y terminé. Lo bueno del teatro es que se lee en un plis-plas. Lo malo es que no se aprecia del todo si no se ve representado, pero una obra mal hecha es un suceso muy lamentable en el que todo el mundo pasa mucha vergüenza. Quedé bastante fascinada con el simbolismo, y creo que conviene informarse sobre qué significado le da Lorca a las cosas (el caballo, la luna, el agua, etc)  antes de leerla o mientras se lee para disfrutarla al máximo. Yo era una ignorante absoluta al respecto y me parece tremendo, la verdad.

Explicaba Filardi la diferencia entre drama y tragedia de este modo:

"La obra es una tragedia como la copa de un pino. Para ponernos en situación, hay que conocer la diferencia entre drama y tragedia. Para entendernos, digamos que en un drama los personajes pueden elegir su destino pero eligen mal y pierden. Final triste. Chinpún. En una tragedia, en cambio, cualquier opción que tengan los personajes les llevará a la destrucción. No existe una solución buena. Nunca."

Me gustó mucho porque, aparte del amor trágico que como concepto siempre me ha atraído, en esta definición se habla del destino. ¿Existe el destino? ¿No existe?

De toda la vida he sostenido que no creo en el destino y ahora pienso que lo he dicho siempre muy rápido y sin reflexionar demasiado, de una manera casi instintiva. Entiendo la tranquilidad que puede proporcionar en ocasiones el pensar que lo que tiene que pasar terminará pasando y supongo que es una interpretación desviada la de que puedes sentarte tranquilamente a esperar que te vengan dadas todas las cosas buenas que nos tiene reservadas. Pero, ¿de dónde me viene esa inquina un tanto desproporcionada? (esta palabra la aprendí hace muchísimos años leyendo y representando pasajes de El Camino, que ya sé que no se representa pero en mi colegio es que éramos muy teatrales. True story.)

Yo creo que me parece una creencia que facilita el eludir responsabilidades: Hay una fuerza superior que determina tu vida y tú poco o nada puedes hacer por resistirte. Esto de la responsabilidad se ve muy bien en el tema de la pasión y hay muchísimos ejemplos literarios. Uno de mis amores favoritos es el de Heathcliff y Cathy en Cumbres Borrascosas. Se quieren, pero en realidad, si llegaran a estar juntos, se destrozarían. Como de todas maneras no pueden estar separados, no renuncian nunca el uno al otro, viven en un "no pero sí" continuo y al final terminan puteando a todos los que tienen alrededor, porque las tragedias estas siempre tienen daños colaterales. A ver, ¿quién es aquí la verdadera víctima? ¿Cathy y Heathcliff o los pobres Linton e Isabella, que ni pinchan ni cortan? ¿Leonardo y la Novia o el desventurado Novio y la desconsolada Madre?

Y es que, en su mejor vertiente, el destino está muy bien: Da mucha paz; reduce el estrés; proporciona confianza en el futuro y; a unas malas, consuelo. Pero, ¿por qué va a ser uno bueno o medio bueno? ¿Y si el destino que nos espera es trágico? ¿Y si nos conduce inexorablemente hacia un desenlace fatal y nosotros no podemos hacer nada por evitarlo? ¿Qué es preferible creer entonces? Supongo que entonces preferiremos pensar que no existe: que nosotros somos los únicos dueños de nuestra vida. Y que a veces es un drama, es cierto; pero al menos había una opción que era la buena.

Comentarios

  1. Yo tampoco creo en el destino, my friend. Eso pasa en las obras de teatro porque el autor es omnipotente, es él quien decide que el prota no sea capaz de superar sus condicionantes, o que las circunstancias se lo pongan tan negro que no haya aparente solución.
    Más que entre la tragedia y el drama, me parece más clara la comparación entre la tragedia y la comedia. Janet Suzman explica muy bien cómo tienen que interpretar los actores las tragedias y las comedias en el teatro clásico. Dice más o menos que en la tragedia te ves arrastrado por una fuerza insuperable que no te permite ver más que lo inevitable de la muerte. En cambio en la comedia, por mucho que metas la pata, al final hay una segunda oportunidad para arreglar el desaguisado, siempre queda vida por delante. Yo prefiero ver la vida como una buena comedia: en las buenas comedias a veces se llora, pero siempre hay esperanza, empieza una nueva aventura.

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  2. Pero qué sabia eres, my friend: Clarividente.
    Pensar en términos de comedia/tragedia es mucho más optimista que en términos de drama/tragedia, eso es así :)
    Un besazo!

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