Alma o el ardor

Lo de pelearse me ha parecido desde siempre una práctica bárbara y sobre todo peligrosa y es por eso por lo que he procurado evitarlo en la medida de lo posible. Menos con los hermanos, claro. Pegarse un poco con un hermano es un deber fraternal, casi como la deuda alimenticia familiar. Yo me he pegado, creo, una vez en la vida, y otra estuve a punto de que me dieran una paliza pero al final fue todo una gran decepción que quedó en agua de borrajas.

La vez que sí me pegué recuerdo que caminaba yo con mi hermano por la calle de nuestra casa y, al llegar al cruce de la farmacia, un chico rubio pasó por nuestro lado y le dio una colleja. Me giré, instinto protector, porque mi hermano suficiente tenía ya con que de tanto en tanto le atizara yo, y le pegué al desconocido un capón. Entonces él se plantó delante de mí, me miró y, como si no le quedara más remedio, casi suspirando un poco, me plantó un puño en todos los morros que es una parte de mi cara que se presta mucho al golpe, como ya contaré en otra ocasión. Mucho más que la nariz, que ya le decían a mi madre casi aterrados los vecinos del pueblo en el que estuvo destinada el primer año de mi vida que "la niña esta es que no tiene nariz". A mí los labios se me amorataron y esa misma tarde, en la academia de inglés, nació una leyenda: La chica rubia de la coleta que parecía tan seria iba por ahí dando y recibiendo mamporros a destajo.

La vez que casi me pego pero al final no, era un poco más mayor y estaba con mis amigas a la puerta de la tienda de chucherías de enfrente del colegio. De la nada salieron unas chicas con aspecto amenazante que se acercaron a nosotras. Algunas de mis amigas se retrajeron prudentemente y yo puse mi cara hiper seria, que no utilizo desde el año 99 aproximadamente. Una de estas chicas se vino para mí y me dijo que su primo, de nombre que no recuerdo, y que vivía en las Minas, le había dicho que yo iba diciendo por ahí que ella era una puta. A mí eso ya me sonó a excusa para poder hacerme bullying con un poco de fundamento, pero aún así le expliqué pacientemente que era la primera vez que la veía, que no sabía quién era su primo y que, de hecho, no había puesto un pie en las Minas en todos los días de mi vida. No sé cómo siguió la cosa, supongo que las demás nos rodearon en estampa hienesca de El Rey León, alguien con aptitudes diplomáticas mucho mejores que las mías debió de terciar como pudo y después de que por fin la convenciera de que yo no la había llamado puta (aunque empezaba a tener ya mis motivos) Alma, que así se llamaba la muchacha, se me presentó, nos dimos allí todas, los dos grupos, un par de besos muy cívicos y Alma me recomendó, como amiga, que no me pusiera nunca más tan chulita porque un día "te vas a llevar una buena hostia". Y así quedó la cosa. Fue una historia bonita, y me sentí un poco como en esas películas en las que uno no se deja achantar por el matón de turno, lo admira con su coraje y se termina ganando su respeto. Yo ya digo que nunca he tenido mucha ocasión y de cualquier manera se empieza a ver muy mal que las chicas se peguen cuando llegan a una edad mientras que en los chicos se ve como señal de varonía, que a mí lo que me parece eso es una putada, pero bueno. El caso es que las palabras de Alma se pueden usar no en su sentido literal, sino metafórico, en prácticamente cualquier circunstancia de la vida. Así que ahora, siempre que parece que la cosa se me va un poco de madre, recuerdo el sabio consejo de mi Maestra Jedi y procuro no ponerme tan chulita. A ver si me van a calzar una hostia o algo.

Comentarios

  1. Amanda, esta tarde hemos visto "Las ventajas de ser un marginado". Y ahora acabo de leer tu post sobre la sabiduría teen del calzamiento de hostias, ¿casualidad? no sé, echa un vistazo a la peli y ya me dirás si no tiene gracia cierta escena de típica pelea del "insti"... un abrazote

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  2. Qué bonita es esa película. Nos dejó enamoraos perdíos. Hay un post de febrero o así en el que hablo de ella. Otra que es preciosa es Moonrise Kingdom, para vuestro próximo domingo cinéfilo :) Un besazo!

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  3. Creo que muchas hemos pasado por esas situaciones. Yo por si acaso siempre tenía una amigo cerca que nunca viene mal para evitar palizas.
    Chimeneaverde

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  4. Jajaja, yo creo que de mis amigas la más grande era yo y por aquel entonces no nos juntábamos con chicos que pudieran salir en nuestra defensa, así que me hubiera llevado yo las tortas en cualquier caso.
    Un beso y gracias por pasarte!

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