Feliz cumpleaños

Llevo dos días haciéndole fotos a mi kindle nuevo y con la tentación de ponerlas en Instagram con un filtro sepia o algo. Pero, aunque pueda parecer otra cosa desde que subí la de mis piernas en mi pijama azul de búhos tomando un vino blanco y leyendo un libro de Garci, todavía me queda una pizca de mi proverbial dignidad y vergüenza torera.

El kindle es un invento de demonio. Os lo tengo dicho. Me despierto por las noches y enciendo la lámpara de la mesilla para mirarlo, arrobada, como si fuera un hijo. O peor aún, me temo que con más cariño con el que miraría a un hijo mío. De hecho, que se levante su padre.

Es una cosa muy peligrosa para alguien como yo, del tipo ansioso. A veces paso de página antes de haber acabado la anterior, la que estoy leyendo, de las ganas que tengo de ver qué es lo próximo que ocurre. Eso me pasa también con los libros en papel, pero mucho menos, porque la maniobra de pasar de hoja es más complicada, exige un movimiento de muñeca más complejo.

Que haya tantos libros disponibles; libres, piratas o a buen precio; es algo que me emociona y me desespera a partes iguales. Siempre he tenido muy presente que no me da la vida para todos los libros que quiero leer, pero es algo que se hacía mucho más evidente cuando me encontraba en una librería o en una biblioteca. Ahora entro en Amazon y me dan palpitaciones. Además es que cada poco tiempo tengo esa necesidad intensísima de leer un libro concreto azuzada encima por la facilidad de la compra online que, como sabéis, es mi perdición. Antes me controlaba, mal que bien, porque el capricho no llegaba hasta pocos días después, a través de mi amigo el chiquito de Seur, y para entonces ya sospechaba yo, con buen criterio, que la obsesión se habría disipado un poco. Ahora la inmediatez me lo pone mucho más difícil. Así que tengo el kindle lleno de libros y los voy pasando con el dedo un poco alocadamente, intentando decidirme por uno u otro, pero es como estar en un bufé libre todo lleno de comida igualmente apetitosa.

Hace algunos años alguien me dijo que el simple hecho de la tenencia física de un libro nuevo le hacía feliz. En su momento me pareció una frase de lo más inspirada, inducida por un ardor por la lectura digno de admiración rayana en lo amoroso. Ahora creo que es consumismo puro y duro, porque ni lo has leído ni sabes si es bueno o si te va a gustar. Es como eso que haces cuando no tienes dinero y sales a darte una vuelta por las tiendas, que vuelves con un brillo de labios o con un pintauñas. Ojo, es consumismo puro y duro pero lo comparto. Ya no me parece algo tan digno de amar porque es una cosa muy pretenciosa de decir y ahora estoy más por los tipos humildes, pero es cierto que es la promesa de buenos momentos, o de unos labios jugosos y rompedores. 

Un kindle es lo mismo pero elevado a la enésima potencia porque en el mío caben más de mil libros, que no es enésimo, y menos enésima potencia, porque enésimo significa indeterminado, pero no deja de ser bastante.

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