Back 2 the 90's

Mis amigas y yo tenemos una lista de esas colaborativas de Spotify que se llama Back 2 the 90's (el nombre lo puse yo, petándolo desde 1984), y todos los posts nostálgicos que he publicado recientemente los he escrito escuchándola. A mí me gusta mucho la música, pero tengo muchas carencias. Es como el cine. Como la literatura. Como todo. En realidad es una bendición, porque no puedo imaginar una vida más vacía que la del que ya lo sabe todo de todo lo que le gusta. Yo leo cualquier artículo, o escucho hablar a cualquiera que sepa más que yo de cualquier cosa, y me doy cuenta de que no he llegado a abarcar ni una milésima parte del conocimiento sobre el tema en cuestión. Y es eso lo que me empuja a levantarme cada mañana, en cierto modo. Si lo supiera todo de todo escribiría ensayos sesudísimos en mi portátil desde la cama y luego llamaría a algún servicio de mensajería para que me los llevaran a la imprenta. Después de todo, el chiquito de Seur ya ha visto todos mis pijamas y tampoco es como si fuera a escandalizarse.

La música de los noventa, que es la de mi adolescencia, es una música un poco blanda, de amorcitos y desesperanza. No olvidemos que My Heart Will Go On, himno de una generación, es de 1998. A mí de todas formas la canción que más me ha gustado de Céline Dion, de siempre, es la de Because You Loved Me, que es una de esas canciones de agradecimiento post-amor para querer pegarse un tiro.

Lo de escribir con música es un vicio y a veces un estorbo. En ocasiones me cuesta escuchar mis propios pensamientos sobre la música y tengo que pararla porque es como si sufriera de una suerte de esquizofrenia muy a lo Carrie Mathison, pero con bastante peor resultado. Otras veces salen cosas más o menos decentes, como ese post que escribí escuchando en bucle Blackout, de Muse, y que goza del dudoso honor de ser uno de los que se ha salvado de la criba bloguera esta que he protagonizado.

Yo he llorado con canciones (incluso con anuncios de turrones Suchard en el momento hormonal oportuno), así que, si la canción que suena en aleatorio resulta ser triste, el post puede ser un auténtico dramón. Esos no los publico, porque cuando me he quitado la canción de la cabeza y recupero la cordura me da tanta vergüenza como cuando salgo de la sala moqueando y con el rimmel corrido después de haber llorado en el cine. No me gusta llorar en público, aunque la verdad es que tengo un llorar bonito, de lágrimas pesadas y densas. Nada de hipidos ni cosas lamentables. No es porque lo diga yo, que me lo han dicho: - ¡Tú sí que tienes un llorar bonito!.- Espero que no se prodigue mucho por ahí.

En el fondo, a mí me gusta mucho llorar, pero de emoción. Por eso, cada cierto tiempo, me encierro en casa y escucho canciones tristes, o leo sobre amores desgraciados, o me pongo El Secreto de sus Ojos; y lloro como una magdalena. Lloro como experiencia catártica, y luego ya puedo volver al mundo real a ser una jabata, porque es así como se ganan las guerras.

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