Eye liner

Hay cosas que se me dan mal y luego hay cosas que al común de los mortales les resultan sencillísimas y que yo hago rematadamente mal. Y es duro ser una inepta en este tipo de asuntos porque la gente es mucho menos indulgente.

En la cocina, por ejemplo, está constatado que soy incapaz de hacer un arroz comestible. Un arroz que no sea una pastaza infame, una mole informe. Siempre le echo agua de más, lo dejo tiempo de menos, me canso de remover, o pienso que se me quema. Una vez, hace años, vino Esequeno a comer a casa y preparé arroz a la cubana. Pues bien, mi hermano tuvo que rehacer el arroz porque era repugnante. Y Eseque es muy bueno y no se merece ese tipo de maltrato. Además los huevos fritos no son mi especialidad tampoco, con lo cual la elección del menú fue meritoria, vaya: Un plato que no tiene ninguna ciencia y que a mí además me sale especialmente mal.

En mi defensa debo decir que en algunas cosas he mejorado a fuerza de práctica. Las tortillas, que son un plato muy socorrido, ahora me salen simétricas, increíbles de bonitas y técnicamente perfectas, pero durante años me convencí de que es que a mí lo que me gustaba era el revuelto.

Conducir es una cosa que parece fácil, pero a mí siempre me ha resultado complicadísimo. Puede ser por mi proverbial despiste vital o porque objetivamente es muy difícil dirigir el coche con el volante mientras se pisan los pedales adecuados, se mira por el retrovisor, se meten las marchas y se canta la canción que en ese momento esté sonando en la radio. Yo he optado ya por entregarme a la costumbre burguesa del choferismo. Tengo el carné metidito en una funda verde que compré cuando me lo saqué a los diecinueve años, ahí, muerto de risa. Al menos me sirve de identificación.

Y qué voy a contar de el uso de khol o del lápiz de ojos. La gente me mira como si fuera una marciana cuando digo que nunca he sabido hacerme la raya: Siempre aprieto de menos, no se ve, se difuma o termino pareciendo un oso panda. Envidio con ansia casi culpable a todas esas mujeres que salen de casa con la raya perfecta. Y la idea de conseguir hacerme el efecto ojos de gato es ciencia ficción directamente.

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