lunes 30 de junio de 2008

Contigo no, bicho!

A veces tiene que ser muy duro ser un tío...

"Tú dices: mañana será otro día. Pero... no. Es que no va a ser otro día. Ya nunca será otro día. Siempre va a ser el día después de que Chewaka te dijera: Contigo no, bicho"

Cortesía de esequenopuedesernombradoenlosblogs.

jueves 26 de junio de 2008

Venancio

Hoy he ido a estudiar a la biblioteca y, a media mañana, he salido a tomar un café. He entrado en un barucho decorado con recortes de periódico de corridas de toros y con fotos de Cayetano, y con el suelo lleno de colillas y migas de patatas fritas, a pesar de que eran, apenas, las 12 de la mañana. Evidentemente estaba desierto. Todo tenía un aspecto entre cutre, viejo y sucio de lo más castizo. Así que he pedido un café. El camarero es el típico hombrecillo acostumbrado a lidiar con parroquianos fieles. Le miras y ya le presupones una cierta tendencia entre misógina y machista. Pasa absolutamente de todas las teorías acerca de las ventajas competitivas que parece que ahora son la base de todo éxito empresarial. A veces me pregunto cómo sobrevivirán este tipo de negocios. Luego pienso que, después de todo, yo podría haber entrado en cualquiera de los otros cafés de la zona. Hay uno muy elegante justo en la esquina de la calle principal. Pero lo decadente tiene un cierto encanto, supongo.

De repente se me ha ocurrido que me apetecía el café con hielo. Con leche y con hielo lo tomo yo. No me importa que la leche se quede aguada a medida que los hielos se van derritiendo. Todo lo contrario.

El camarero me ha mirado con perplejidad, con esa cara de “pero qué raras son las mujeres” que se les queda a veces a algunos hombres ante una petición inexplicable, y ha murmurado algo sobre brebajes, pero no le ha quedado más remedio que ponérmelo, claro. Yo creo que hasta le ha molestado un poco. Luego me he sentado en una mesa de formica que olía a gel con lejía. Sugería limpieza, pero tampoco he querido investigar mucho más.

Al rato ha entrado una chica morena y delgada que desprendía un fuerte olor a esos perfumes de vainilla que tanto odio. Me recuerdan a una compañera de cuarto rusa que tuve en Inglaterra y que se lavaba poco. Ha saludado al camarero. Venancio se llama. De lo más apropiado. Han estado hablando. Al parecer, ella le traía unos papeles. He creído entender que se trataba de algún tipo de subvención que le concedían, o quizás un crédito. No lo he pensado mucho, la verdad. Cuando la chica se iba ya, Venancio le ha ofrecido dinero, en agradecimiento por sus pacientes explicaciones sobre dónde debía firmar. Ella se ha negado. Después de todo, era su trabajo. Ha intentado escabullirse prometiéndole al camarero que, otro día, se dejaría invitar a algo. Pero no ha colado. Él ha insistido, y se han enfrascado en una mini discusión: La dignidad de la chica frente a la generosidad un poco anquilosada del camarero. He tenido la impresión de que realmente no quería el dinero. No estaba disimulando. No se trataba de esa primera negativa, la de la buena educación, a la que irremediablemente sigue un gesto de sumisión, tímido y agradecido, así, como inclinando la cabeza y achaparrando los hombros avergonzados.

Al final, Venancio le ha puesto el billete en la mano (yo no miraba, pero es así como me lo he imaginado) y a ella no le ha quedado más remedio que cogerlo y marcharse. Contrariada. Con el orgullo un poco herido, yo creo. Venancio no sólo parece el típico hombre que no acepta nada de una mujer sin humillarla un poco con una propina, sino que sé con certeza que cuestiona decisiones tan personales y tan irrelevantes para el destino de la humanidad como tomar el café con hielo y, además, con leche.

lunes 23 de junio de 2008

Rectificar es de sabios y bla, bla, bla...

Me trago mis palabras. Una por una...






Pero qué monín que es este chico...

Mis próximas predicciones son:

  1. Que NO me voy a sacar la oposición a la primera.

  2. Que, la próxima vez que ponga un pie en la calle, NO voy a darme de bruces con el doble de Rob Thomas: Un chico guapo, rico y disponible que estará loquito por mis huesos, y que cantará 3 a.m. como el mismísimo.

Si me equivoco me comprometo a tragarme mis palabras, una por una, y a reconocer que no siempre tengo razón en todo...

domingo 22 de junio de 2008

Mierda rezumante

Mis padres acaban de marcharse. Ha sido un fin de semana agotador en todos los sentidos. Mi madre ha cogido algún tipo de virus estomacal, o ha comido nata en mal estado, y ha estado vomitando los dos días. Mi hermana, sumergida en su adolescencia profunda, nos trata a todos con la displicencia propia de su edad del pavo superagravada. Mi padre, el pobre, intenta mantener el buen humor y la sangre fría, pero dos horas solo, debajo de una carpa, a las 12 de la mañana, escuchando discursos requetemanidos acerca de la Parábola de los Talentos y la búsqueda de la excelencia, perturbarían a cualquiera. Ni siquiera la graduación de la hija primogénita de uno puede compensarlo. Y menos aún si se trata de la segunda (graduación). Mi hermano alterna arbitrariamente el brote absoluto previo a los exámenes finales y una fiebre futbolera un poco desproporcionada. Mi perro se pasea por la casa a altas horas de la madrugada, haciendo ruido con sus uñas extrañamente afiladas, bailando una especie de sádico claqué encima del parqué. Yo apenas duermo, he sido desposeída de la cama que me pertenecía legítimamente, y comparto sofá con mi hermana, trasunto de Hannah Montana.

Pero, por fin, he recuperado la paz y el sosiego de espíritu. Hace unos días rescaté del baúl de los recuerdos veraniegos de mi adolescencia un disco de los Wallflowers (Bringing Down The Horse) y, mientras me recupero físicamente y me preparo psicológicamente para los diez días de estudio (al que tan rápidamente me he desacostumbrado) que me esperan, lo escucho con el ventilador a plena potencia golpeándome en la cara, y que haría que mi pelo ondease graciosamente al viento, enmarcando mi abotagado rostro, rollo yosoybeayerafeaperoyano, si no fuera porque mi pelo sufre de estrés postfiesta, y es un pegote hecho un rebujo en un moño-coleta bien prieto.

Mi madre ni aún convaleciente es capaz de sustraerse de su rol (de madre): Acuérdate de comprar naftalina para la ropa de invierno que, si no, se la comerán toda las polillas. Y la próxima vez que venga no quiero ver todas esas cosas por el suelo y este desorden. Ah, y limpia toda esa mierda rezumante. Eso me dice al salir por la puerta. Ni felicidades hija mía, ni milongas. Seis años y un reconocimiento tan tibio.

Somatizar

Yo soy mucho de somatizar. Y, aunque contradice la definición, a veces soy capaz de hacerlo voluntariamente (¿cómo será la palabra que se definiría como transformar problemas psíquicos en síntomas orgánicos de manera voluntaria?). Hay días en los que simplemente uno no está de humor para encarar la vida, aunque resulte de lo más cobarde. No es que lo haga continuamente tampoco, pero sí que es verdad que algún día en el que me encontraba especialmente de mal humor me he metido en la cama tapada hasta la barbilla y, no sé si por sugestión o porque realmente al final enfermaba de tanto estar tumbada, he conseguido ponerme mala.

Por ejemplo, las nauseas. Supongo que a todo el mundo le ha pasado alguna vez eso de echar la papilla justo antes de un examen, de puro nervio. Pero, ¿cuántos de vosotros vomitáis por encontraros en una situación desagradable? A veces me pasa que todo me da una pereza bestial. Y lo peor es cuando se toma conciencia de ello. Es como cuando en El Guardián Entre el Centeno, Holden Caulfield decía eso de “y de repente me di cuenta de que Sally me daba mil patadas” (creo que no era así exactamente la expresión, pero de forma aproximada). Es también como en El Amor en los Tiempos del Cólera, cuando Fermina se encuentra con Florentino en el mercado y se da cuenta de que no, que de ninguna manera. Esa especie de iluminación sobre las personas, o sobre las situaciones, es traumática a veces. ¿Qué tendrá esto que ver con la nausea?, os preguntaréis. A mí se me revuelven las tripas en estos casos. Y no sólo en sentido figurado. Tendré que preguntarle a Anarouss. Seguro que todas estas cosas están perfectamente documentadas, y me lo puede explicar estupendamente. Igual así me termino de aclarar.

Cuando estaba en el despacho y el día anterior me habían hecho quedarme hasta tarde, la mañana siguiente era una mañana perdida: Yo, en mi cama, supurando rencor por todos los poros de mi piel. Es increíble lo importante que es el humor en la vida. La cosa es aún más grave si además se es transparente, como yo. Por un lado mola, porque vas por el mundo siendo sinceridad en estado puro. Pero es jodido ser transparente y además tenerle fobia a las situaciones conflictivas. He estado pensando bastante en eso últimamente y creo que mi evolución personal pasa por evitar cada vez menos los conflictos y decir cada vez más la verdad, no sólo con la cara y los gestos, sino de palabra. ¿Más aún?, se preguntarán algunos. Más aún, responderé yo.

jueves 19 de junio de 2008

España-Italia o Ganas de Bronca

Bien sabe dios, que está en todas partes, y todo lo sabe, y todo lo oye, y todo lo ve, que a mí no me gusta ser aguafiestas. Bien lo sabe. Pero, si no lo digo antes del domingo, luego se me acusará de oportunista, y eso sí que no. España no va a pasar de cuartos. Y no hace falta ser dios para saberlo.

Vaya por delante que yo no tengo ni idea de fútbol. No sé ni cómo de bueno es EL EQUIPO, ni cuál es su estrategia, ni si los italianos siguen jugando tan bien, o eso era antaño (creo que mi padre me dijo ayer que no les ganábamos desde el 69). Ni siquiera sé con certeza qué jugadores integran EL EQUIPO. El otro día, por ejemplo me enteré de que no iba Raúl, ¡¿qué no va Raúl?! Esto ya es el acabóse. No es sólo que las modelos, las actrices, las cantantes, sean todas más jóvenes que yo. No es sólo que el plantearme hipotéticamente cualquier tipo de affair imaginario con los yogurines que ahora campan a sus anchas por las televisiones y las salas de cine me parezca un infanticidio. Es que, encima ahora, a los jugadores de fútbol que he conocido y tolerado, ya los echan a un lado como un trasto viejo. Así que esto es crecer, ¿no?

Como iba diciendo, es que no necesito saber nada de todo eso. Me basta con conocer una máxima de la existencia que es nuestra obligación transmitir, generación tras generación, porque no deja de ser uno de los mejores mecanismos de supervivencia que se han formulado. Casi un seguro de vida. Cuando se crean muchas expectativas, sea en el campo que sea, el resultado siempre será peor del esperado. En una relación puramente dicotómica como es ganar o no ganar, pasar o no pasar, sólo hay dos posibles resultados: el bueno y el malo. No queda mucho margen para matizaciones. La culpa es nuestra, por no concretar. Podría hablar un rato sobre las relaciones “suma cero” y todo eso, pero la verdad es que me estaría inventando prácticamente todo menos el nombre, que sí que existe.

Decía Bridget Jones, y decía bien, que ¿qué es la vida sino un montón de expectativas, de deseos insatisfechos hacia los que encaminamos nuestros pasos sin descanso? ¿No es acaso eso la felicidad? Las cosas molan menos cuando ya las hemos manoseado bien. De lejos tienen el atractivo del reflejo de nuestras caras en los escaparates de las tiendas.

La gente debería ya estar acostumbrada a las decepciones. De hecho, sé con certeza que lo está. Yo lo estoy. Pero eso no obsta para volver a emocionarse, después del pertinente periodo de luto, con la siguiente potencial fuente de frustración: Un nuevo trabajo (aunque el trabajo es ya, de por sí, una mierda para la mayoría de la gente), un nuevo amor (¿qué se puede decir que no se haya dicho ya sobre el amor?), o con la Eurocopa. Además, es inevitable, como diría mi querida Anarouss. Eso de “yo prefiero no hacerme ilusiones”, es una falacia del tamaño de la provincia de Badajoz.

En el caso de la Eurocopa además es todo una gran excusa para emborracharse, una mega campaña de marketing orquestada por la industria de la cerveza en su conjunto, aliada con Cuatro. También tengo una crítica que hacer a eso, por supuesto. ¿Dónde se ha visto que en este país el consumo intempestivo de alcohol necesite una justificación?

Para templar los ánimos, propongo una porra del partido España-Italia. Sólo por el gusto de apostar. Si al final España pasa de cuartos me comprometo a tragarme mis palabras, una por una, y a escribir un post aceptando humildemente que no siempre tengo razón.

Venga, ya podéis desenfundar. Yo marcho a tomar el sol.

miércoles 18 de junio de 2008

Otra vez Esther

El otro día tuve que reprimir mis más soeces instintos para no plantificar aquí la portada del Interviú, con la inefable, casi adolescente, pero consecuente Esther enseñando sus atributos, tal y como auguraba el también inefable (hay días en los que todo es inefable para mí), yo creo que un poco oportunista y, en cualquier caso, bastante menos consecuente Risto Mejide.

A mí, que queréis que os diga, me da penina. Veo las fotos de antes, con esa cara de lolita un poco macarra, con su pincita en el pelo, y su vídeo iniciático en el que repite eso de ”Mi padre, para mí, es lo más grande”, y las fotos de ahora, con esa cara de actriz porno de saldo, que pretende ser cautivadora pero que está predestinada a ilustrar, como mucho, los calendarios de las gasolineras (de las gasolineras antiguas, se entiende, que las nuevas son asépticas cual Vips). Ni a la obscenidad le dejan ya ser auténtica. Ahora todo está recubierto de una pátina de pretensión, hasta el sexo sucio.

Una entra en el Vips, o en esas gasolineras de las que antes hablaba, se acerca a la sección de revistas, y ahí está el Interviú, al lado del Hola, del The Economist y de la Cosmopolitan (que no deja de ser a las mujeres lo que el porno es a los hombres). Igualmente, en las gasolineras ya no queda ni un solo recordatorio de ese pasado suyo, de hojas de calendario manchadas de aceite, amarilleando por la humedad. Sólo anuncios de cambios de aceite en oferta y estanterías repletas de chocolatinas. ¿A dónde fueron a parar las cintas de María del Monte y los vídeos porno totalmente exentos (ni falta que hacía) de glamour?

Yo podía reírme impunemente de Esther, sin ningún tipo de escrúpulo de conciencia, cuando sólo había visto esa actuación suya, que prendió indefectiblemente mi atención de la nueva edición de OT. A mí sí que me cautivó, con esa voz de berrea que se marcó, acompañada de movimientos pretendidamente sensuales. Estaba ante mi nueva diva, sin duda alguna. Luego vi vídeos, a su padre, tan callado, aplaudiendo ante los desplantes de Risto, no dándose cuenta del público escarnio al que su hijita estaba siendo sometida, y me empezó a hacer aguas el corazoncito. Es como cuando una se cruza en el super con su profe de mates, a la que odia con la sinceridad todavía no mancillada por la mayoría de edad y, de repente, ve como llena la cesta de cartones de leche marca Día, y ya nunca más puede olvidar que ella también es humana.

domingo 15 de junio de 2008

De estreno veraniego

Llega el verano por fin, después de mucho (pero mucho) hacerse de rogar y, precisamente, coincidiendo con mi fin de exámenes, porque ya era hora de que el karma tuviera a bien compensarme de alguna manera. Y, con él, llegan las sandalias. Y, con ellas, las tiritas, las raspaduras y los callos.

Los pies. Necesaria y despreciada parte de nuestra anatomía. Torturados por tiras de sandalias sin piedad, por zapatos con tacón demasiado alto. Una se encuentra en la difícil tesitura de decidir, día tras día, si asume su destino, genéticamente determinado, de cómoda estatura media hispánica o si, por el contrario, se monta en unos imposibles e incomodísimos tacones de Zara (no nos da el presupuesto para unos Manolo’s) para, de esa forma, epatar al personal desfilando por las terrazas veraniegas de la capital.

Lo malo es que, de verano en verano, nuestros pies se acostumbran a ir, la mayor parte del tiempo, calentitos y recogiditos en mullidos calcetines, en cómodas zapatillas deportivas, en botas con tacón ancho. De repente, un rayito del sol estival nos deslumbra, abrimos el zapatero, desenterramos el calzado veraniego, y nuestros pies se encuentran de lleno con la cruda y dura realidad de los hongos de las piscinas comunitarias. Los exponemos, sin ningún tipo de prevención, al contacto directo con el contaminado aire urbano, con el asfalto, con el sol, con el agua clorada. Las más precavidas intentan empezar con sosiego, de forma escalonada, y eligen de entre su fondo de armario esas sandalias que creían recordar que eran cómodas. Sí, eran cómodas en septiembre, después de varios meses de doma y por la fuerza de la costumbre. A día de hoy de cómodas nanay.

Pero claro, una eso no lo percibe mientras admira su reflejo en el espejo trucado (espejo amigo) de la entrada de su humilde pisito alquilado de estudiante, sufragado por su sponsor (Papá). Una piensa que esos centímetros de más le sientan divinamente y que sí, maldita sea, que cree recordar que esas sandalias eran de las cómodas. Y sale a la calle, con su amiga, y se dan un garbeo por el Retiro, y se agobian con la gente, y se redescubren como misántropas y ermitañas, y deciden que, en lugar de cocerse a fuego lento bajo la solaera de media tarde, cuanto mejor estarían en una terracita, disfrutando de una cañita y unas papas. O en Fnac, que también hay libros y además aire acondicionado y, de vez en cuando, una puede alegrarse la vista avistando a algún don Cachondo que sabe que no, que ese libro se ha agotado, sin necesidad de que haya que deletrearle el nombre del autor para que pueda consultarlo en su ordenador. Cómo me gusta que la gente sepa tanto, sobre todo cuando yo no tengo ni puta idea, para que me asesoren. Para revivir, día tras día, la ilusión de la certeza de que hay tantas cosas que no sé, que todavía me queda tanto por aprender, por ver, por escuchar, que me da para llenar todos los días de mi vida de sentido.

Pero mis pies me hacen descender a consideraciones más prosaicas. Porque me están matando. Ya estoy previsualizando las marcas rojas en el empeine, de sangre incluso, y oyendo el sonido silbante, gelatinoso, un poco hueco, del cuero desprendiéndose de la piel lacerada, como un adelanto de lo que me espera al llegar a casa, después de haberme pateado Madrid sin pensar en mis feos, un poco demasiado grandes, en ocasiones doloridos pero, en el fondo, los únicos que tengo, para toda la vida, más fieles que traidores, piececillos. Y en que esta noche tendré que dormir destapada, al menos de tobillos para abajo. Porque hasta el roce de las sábanas me va a hacer daño.

miércoles 11 de junio de 2008

Exámenes

Odio los exámenes por la tarde porque me paso toda la mañana mamoneando, pasando hojas y mirándolas sin verlas, y queriendo hacer cosas que mi conciencia me dice que no puedo hacer porque debería estar estudiando. Así que, al final, simplemente no hago nada. Y me encabrono.

Los exámenes deberían ser todos a las 11.00 a.m. Lo suficientemente tarde como para no levantarse con el panadero y poder dormir en condiciones y para el repaso de la tranquilidad y lo suficientemente pronto como para tener una tarde ociosa entera por delante. Algo que te compense de la putada que supone hacerlos.

Y, ¿por qué demonios se ha puesto a llover precisamente ahora? ¿Pero qué puta broma es ésta?

lunes 9 de junio de 2008

Vampiros

Llevaba ya un tiempo queriendo escribir sobre los vampiros pero es que me fui a documentar (entiéndase por documentar poner “vampiros” en Google y terminar leyendo la Wikipedia), y al final perdí el hilo con tanto dato, y tanto Nosferatu y toda la pesca. Así que nada. Voy a hablar de lo que yo pienso y yo sé sobre los vampiros, y si hay errores, imprecisiones o incluso faltas de ortografía (lo cual no sería únicamente culpa mía, ciertamente, sino también del corrector ortográfico del Word) pues me perdonáis, que para eso estamos entre amigos.

Los vampiros. Los vampiros son, de entre todas las posibles criaturas maléficas y de ultratumba, sin duda alguna los más glamurosos y elegantes. ¿Hay vampiros feos? Si los hay nadie habla de ellos. No hay más que pensar en la gran película Entrevista Con El Vampiro, basada en la novela homónima de Anne Rice, que reunía a tres (cuatro, si a alguien le gusta Christian Slater, como es mi caso) de los hombres más deseados de todos los tiempos. El mismo Gary Oldman, en Drácula, le daba cien mil vueltas al tibio de Keanu Reeves. Por no hablar de Ángel o de Spike (mi preferido), en Buffy Cazavampiros. Pues eso. Partimos entonces de la base de que no hay vampiros feos. Son todos atractivos y seductores.




Y claro, esto tiene toda la lógica. Porque, en muchas ocasiones, los vampiros tienen que camelarse a sus víctimas potenciales para que les inviten formalmente a entrar en sus habitaciones. Todo el rollo este del vampiro seductor es muy evidente, por ejemplo, en la peli de Coppola, a la que me he referido antes. Y es que, el universo vampírico se caracteriza por su voluptuosidad. Todo el proceso de alimentación de un vampiro va acompañado en ocasiones de un verdadero ritual, lleno de sensualidad. La inefable atracción de lo prohibido, lo misterioso. De lo diabólico incluso. Eso de que a las tías les van los malotes no se dice por decir.

Además, los vampiros suelen tener una especie de poder de persuasión o, más bien, de telepatía de recibir, pero también de emitir, con la que ponen en la mente de las personas con las que se relacionan aquello que quieren que hagan. Es como cuando escuchas en tu cabeza cosas como “debería estar estudiando, y no cotilleando el Tuenti…”. Sólo que la secuela de seguir el consejo de esa voz interior suele ser más desastrosa que beneficiosa.

Otra de las cosas que explica también que los vampiros sean siempre guapos es que no envejecen nunca: conservan para siempre el aspecto que se corresponde con la edad a la que fueron creados. Y los vampiros, elitistas como son, no se dedican a ir por ahí contagiando a gente ni vieja ni fea. En ocasiones se les va la mano y contagian a niños, y esto generalmente deriva en conflictos interiores de lo más desagradables para el pobre niño-vampiro. Su desarrollo físico y su desarrollo intelectual se descompensan. Como yo, que me quedé en un estadio mental anterior a mis 24 primaveras, pero al revés. Ejemplos de estos hay a porrillo. Kirsten Dunst, antes de ser la novia petarda de Spiderman fue una niña-vampira enamorada más que platónicamente de Brad Pitt. En esa soberbia serie de libros infantiles, El Pequeño Vampiro, de Angela Sommer-Bodenburg, la pobre Anna tenía que convivir con su cuerpecito de niña pequeña, siendo la más madura de todos sus hermanos, y vivir enamorada de Anton, sabiendo que él crecería, e incluso moriría, y ella seguiría siendo, por siempre, una cría chica.


Precisamente, parecida en parte pero muy distinta a los libros de El Pequeño Vampiro, es la novela que estoy leyendo ahora. En Déjame Entrar también hay dos niños, una de ellas vampira. Pero las consecuencias de la diferencia entre su edad mental y su edad física son algo más desasosegantes que en los tiernos libros infantiles a los que antes me he referido.


La novela impacta desde el principio. Desde la contraportada, sin advertencia previa, nos golpea directamente en el sistema límbico la fotografía de su autor, John Ajvide Lindqvist, un sueco no sabemos si perturbado pero, en cualquier caso, perturbador. Uno ya empieza la lectura acongojado. Por no decir otra cosa.



Con todo, de esta novela me quedo sin duda con la descripción de lo que siente una persona en el tránsito de vivo a no-muerto y, en concreto, con el descubrimiento de la sangre:

“[…] Se llevó inmediatamente el dedo a la boca para chuparse la sangre. Una
mancha cálida, saludable y sabrosa se extendió desde el punto en que la yema de
su dedo entró en contacto con la lengua, propagándose. Chupó con más fuerza. Su
boca se llenó de una concentración de todos los sabores buenos.[…]”


Una concentración de todos los sabores buenos, ¿os imagináis?

jueves 5 de junio de 2008

Cuentista

¡¡El blog de relatos vuelve a funcionar, el blog de relatos vuelve a funcionar!!

He colgado un relato que presenté a un concurso de la universidad, por si alguno quiere leerlo.

¿Dejará de llover en algún momento? Y, lo que es más grave aún, ¿por qué cada vez que salgo de casa para ir a hacer un examen está lloviendo?, ¿se trata acaso de un mal presagio?

lunes 2 de junio de 2008

Luis Ramiro

Podría hacer una introducción sobre quién es Luis Ramiro y a qué se dedica y tal, que parece que es lo que toca. Pero para eso ya está Google en general y su web en particular.

Luis Ramiro es, básicamente, un cachondo mental con una presencia impresionante en el escenario. El tío entra, se sienta, como si fuera un chico normal, y ni por asomo te esperas lo que va a pasar a continuación. De repente coge, tuerce la sonrisilla y suelta el primer chascarrillo. A partir de ahí no puedes apartar la vista de él durante todas las horas (y suplicas mentalmente que sean muchas) que dura el concierto. Por lo que yo he visto, en directo y en Youtube, suele “desenchufarse” al final de los conciertos. En el que yo estuve incluso se movía por la sala, guitarra en mano. Hay que ser muy grande para hacer eso, y hacerlo bien. Según parece es además extraordinariamente prolífico (haciendo canciones, para el resto de las disciplinas no disponemos de información).

Este mes de mayo, como ya dije, se lo he dedicado a él casi en exclusiva. De hecho, ya tengo mi Top de canciones suyas, y estoy deseando volver a vérmelas con él en un concierto. Soy una chica afortunada, porque suele haber con bastante frecuencia (leo en el foro de la web que el siguiente es el 9 de junio, y no me viene del todo mal).

El otro día Percomo me preguntaba qué era lo que más me gustaba de los cantautores, la letra, la música o la voz. Contesté inmediatamente que las letras, que es lo obvio. Pero, en este caso concreto no sabría decir. Algunas de sus canciones, como Ahora “…entre tu cuerpo y mi cuerpo, lo que existe en medio es la soledad…”, Manuel y Antonia “…y si bailas conmigo, morena, se me quitan las penas que tengo en el alma…”, o Dónde Te Vas (en la que, al final, canta muy rápido, casi hablando, diciendo muchas cosas, que es algo que me encanta, como en esa canción de Sabina, Todos Menos Tú) me gustan por el ritmillo, porque voy por la calle escuchándolas y me dan ganas de caminar más rápido, de levantar la cabeza y de marcarme un par de pasos de baile. Me dan ganas de saber tocar la guitarra.




Luis Ramiro tiene letras absolutamente melancólicas, como cantautor que es. Yo por ejemplo, no puedo escuchar Otro Día Más, porque me pongo inmediatamente a llorar. A veces me despierto por las noches y recuerdo eso de “…te busco en la cola de los Ideal”, y se me sube la congoja hasta el cielo de la boca casi. Anclado en la Estación, tan descriptiva, la escucho porque me encanta, porque considero que dejar de escucharla sería un desperdicio tal que no puedo permitírmelo. Simplemente.

Pero Luis Ramiro tiene también un punto macarra. Habla sin tapujos de tangas, de dedos, de tetas, como en Los Siete Pecados, como en Cuerpos a la Deriva, como en Perfecta (una de esas canciones-coaching para mujeres, como el No Estarás Sola, de Ismael Serrano). No es, en absoluto, un cantautor melifluo. Blando. Y, si alguien pretende hablar de amor, se agradece que hable de un amor que sea real, al menos en potencia. No todo misticismo y milongas. Porque el amor es todo y tiene de todo eso. El amor es miedo, añoranza, puro cabreo mezclado con despecho (“...sólo quise verte muerta y enterrada en un papel, tu recuerdo en un papel...”), es sexo, es deseo, es fugaz, y casi nunca es eterno. Pero también es encuentro, es casualidad y pasión. Y es mejor que alguien te diga que es todo eso, para que luego no te coja por sorpresa. Aunque cuando lo escuches de labios de otro no termines de creértelo mucho. Luego no podrás decir que nadie te avisó.


domingo 1 de junio de 2008

Deberes

Realmente ésto tendría que ir en el blog de relatos (http://amandapinkleton.com/) pero no sé por qué la página no tira. Si no se restablece pronto voy a tener que tomar medidas, ¡maldita sea!

INSTRUCCIONES

1. Cada persona pondrá el nombre de su blog delante de sus frases.

2. Enviará la historia a dos personas.

3. Las siguientes personas, al copiar el post, borrarán las direcciones de blog puestas, harán sus líneas y se las mandarán a otras dos, así sucesivamente.

4. No se puede devolver el post a la persona que te lo envió.

5. Y si te vuelve a tocar, no se la puedes enviar a la misma persona que se la enviaste.

6. El blog número 100 terminará la historia y se la mandará al email leinad19xico@hotmail.com.

7. Si tenéis alguna duda ya sabéis donde localizarme.

8. ¡Ah! Última y muy importante regla, la persona a la que aviséis de que es la siguiente, sólo tiene un día para coger el relevo, si en un día no lo ha hecho no vale, y se lo tenéis que comunicar y cambiar de blog.Si esto sale bien, durará un máximo de 100 días y serán unas 1000 frases. El responsable de la idea es http://www.melees.blogspot.com/


Éste es el relato:

LA HISTORIA INTERMINABLE:

Era impensable, no me lo podía creer, mi mente daba vueltas una y otra vez y no conseguía ser consciente de lo que había pasado, ya no había vuelta atrás, era todo tan confuso.Miré durante unos instantes el martillo ensangrentado, lo envolví en un paño que encontré en el primer cajón de la cómoda y lo escondí en el fondo del armario. A los tres minutos me encontraba en la calle, necesitaba airearme, pensar...En aquellos momentos mi mente aún no estaba preparada para ello... el aire gélido de la mañana cortaba mi rostro como un cuchillo acerado, aún sentía en mi pecho el ritmo acelerado de mi corazón sobresaltado por los espeluznantes hechos que había, en fracciones de segundo, vivido... Aún no podía explicarme cómo demonios había llegado el martillo hasta mis manos y porqué reaccioné de la forma tan brutal como lo hice... Sólo sé que había acabado todo, que era el fin de mi tortura y el comienzo de una vida mejor.Por primera vez, me sentí libre. Había logrado lo que estaba deseando hace mucho tiempo. ¿O realmente yo no lo había deseado nunca? Solamente las circunstancias me habían hecho llegar a aquel extremo en el que me encontraba.No, seguro que detrás de todo aquello había una fuerza misteriosa que me apoyaba. La pregunta era ¿Por que? Sacudí la cabeza.No me debía engañar por mas tiempo, no, yo ya se mi verdad, pero al estar dormitando tantos segundos de mi vida me va a costar desperezarla. Tal vez, la bruja de mi suegra no merecía brecha de tales dimensiones en su cráneo. Sin embargo, por una vez, creía haber hecho lo correcto.Por otra parte si yo no la hubiese atacado a ella quizás ahora sería yo la victima. Porqué a decir verdad la relación con mi suegra siempre había sido de amor-odio. Pero ya había pasado todo y no era hora de pensar en "si hubiera sido de otra forma". Ahora tenía que explicarle a mi pequeña hija Andrea que ya no vería más a su malvada y querida abuelita.Sentí un ruido lejano, parecían las agujas de un reloj y esto hizo que me sobresaltara. Estaba un poco aturdida, ¿se trataba sólo de un mal sueño? Me dirigí al último cajón donde creía haberlo guardado y toqué algo frío y húmedo. Algo extrañamente húmedo en un cajón. Retiré la mano instantáneamente, me asusté, aquel objeto no me resultaba familiar, pero la duda me carcomía por dentro. La eterna lucha entre la curiosidad y la prudencia, pues yo, en el fondo, sabía que debería cerrar ese cajón para siempre y olvidarme de lo que había tocado, pero no fui capaz de resistirme y volví a introducir temblorosamente la mano. Mientras cientos de instantes paseaban fugazmente por mi cabeza, pensé que lo tenía todo embrollado, estaba perdida. Me había metido en un montón de negocios insensatos en lugar de pensarlos despacio y con método. Las facturas de los gastos de mi propia casa y de mis aventuras en el juego se acumulaban hasta el infinito.........

Suspiré y me dispuse a esconder todos los rastros de mi acto. He de limpiarlo todo antes de que lleguen mi marido y mi hijo. Arrastré el cadáver hacia la bañera de la planta de abajo. Una sonrisa fugaz asomó en mi rostro cuando pensé que, a pesar de que tenía a mi suegra por una cabeza dura, su craneo se rompió con bastante facilidad. Supongo que casi cualquier cosa se rompería con facilidad con un martillo de acero tan pesado.

Lo primero era decidir que hacer con el cadáver, tenía varias opciones para deshacerme del cuerpo, pero debía pensar con calma, cúal sería la que contaba con menos posibilidades de no ser descubierta por la policia. También debía buscarme una coartada, mi suegra estaba de visita y muchos familiares lo sabían. Pero lo primero es lo primero, hacerla desaparecer.

Barajando varias posibilidades, al final he decidido descuartizarla en la bañera, para después tirar sus restos en varios contenedores, para ello me iré a otra ciudad y puede que a otra provincia, tengo que echarlos a los de basura orgánica y la trituradoras de basura harán el resto. Creo que esa es la mejor solución por ahora.

Pero, ¡mierda!, ¿cómo coño iba a descuartizarla si no tenía ninguna sierra? Afortunadamente, una bombillita iluminó mi azorado cerebro. Fui corriendo hasta la cocina y rebusqué en uno de los armarios. ¡Bingo! Siempre supe que los cuchillos de la Teletienda acabarían por servirme para algo. Ahora sólo faltaba comprobar si realmente eran capaces de cortar cualquier cosa, como afirmaba muy ufano el chinito que los anunciaba. Volví al cuarto de baño con mis instrumentos de trabajo y comencé la ardua y repugnante tarea.

Con paciencia y esmero, con una exactitud pasmosa gracias a un interesante libro forense de un familiar, empecé a despedazar la rodilla. Introduje el punzante objeto contundentemente, el carnicero lo hacía, y no parecía muy difícil.

De hecho, resultaba extremadamente placentero pensar cómo iba eliminando pedacito tras pedacito a aquella miserable mujer que había arrasado y teñido de resentimiento los años más adorablesde mi estúpido matrimonio. Todas las mujeres odian a sus suegras y yo no estaba dispuesta a ser una excepción. Lo malo es que el odio había acabado por que sostuviese una cuenca ocular con mi mano izquierda mientras pensaba: "Nunca conseguiré entender cómo hay gente a la que le pone la sangre. A mí me vuelve de lo más maléfica". NO hizo falta que proclamase sus carcajadas en voz alta.

/brianedwardhyde/Todo fue rápido. Acabé la tarea, llevé las bolsas -cuatro fueron suficientes- al contenedor de la esquina y volví a casa. Entonces encendí un cigarro, llamé a Julio y le dije: "Julio, tu madre no ha vuelto aún, empiezo a preocuparme, llámame cuando puedas". Luego fregué los restos de sangre y me duché. Cuando salí de la bañera me miré en el espejo y comprobé la curvatura del vientre. Aún desnuda eché un vistazo en la habitación del bebé; faltaban cuatro meses y era importante poner las cosas en orden. Una tenía sus prioridades y, a pesar de lo que pudiera parecer, sus remordimientos. Pero ninguno por lo que acababa de hacer. Esa noche me metí en la cama con las sábanas limpias y frías, un nudo en la garganta y el corazón palpitante. Me sentía viva, podía oír hasta el canto del último grillo de la urbanización. Me masturbé, me retorcí en la cama y caí rendida. Más tarde soñaría con un amor de la universidad.

/vidasdemj/La propia amargura de aquel recuerdo me despertó o quizá fue el ruido procedente de fuera. Es ella, pensé, ha vuelto. Escondida tras la cortina, observé a la luz de las farolas la frenética actividad alrededor del contenedor. Más que hombres, eran sombras las que planeaban alrededor. ¿Habían olido la sangre?¿Me habrían visto bajar la basura?¿Había cerrado la puera con llave?Respiré hondo y me dije un "tranquila, no hay nada que temer" mientras intentaba que el miedo no aplacase mi sentido comun impidiendome actuar con cordura. Volvi a mirar por la ventana y, para mi tranquilidad, vi a un vagabundo rebuscando entre la basura. Pero de repente se pone a gritar de una forma que hace estremecer cada pequeña parte de mi cuerpo y luego sale corriendo con las manos manchadas de una sangre ajena. Tengo el corazon latiendome en la garganta y un grito clavado entre ambas sienes, aunque creo que sé lo que tengo que hacer. No puedo dejar el cuerpo tan cerca de casa, no puedo cometer errores tan tontos./vidasdemj/


/amandapinkleton/Rápidamente aparto las sábanas y salto de la cama. Me pongo directamente el abrigo encima del camisón, puesto que no hay tiempo que perder, y me calzo unas botas, las primeras que pillo. No sé si, de forma instintiva o como resultado de mi previsor instinto asesino, coloco con pulcra devoción el martillo de acero que he utilizado para aplastar la cabeza de la vieja (por un momento evoco con delectación el sonido de su cráneo partiéndose como una cáscara de nuez) entre el espacio que queda entre la basta tela del abrigo y mi delicado y ligero camisón de seda. En la esquina del callejón que lleva a los contenedores me topo de bruces con el mendigo, que se acurruca hecho un gurruño a mis pies. Me mira con terror. Parece que este paria ha detectado de inmediato en mis ojos lo que tantos años me ha costado a mí ver. Su vulnerabilidad me produce una cierta excitación y, sin pensarlo dos veces, descargo el martillo sobre su cabeza. Total, qué más da. Tal y como están las cosas no me va a quedar más remedio que hacer un viajecito./amandapinkleton/


Y yo nomino a Ídelo y a Anarouss.