domingo 17 de febrero de 2008

Días de pijama

Hoy he tenido uno de esos días grandiosos de pijama, series, pelis y messenger. Por suerte tenía provisiones en la nevera. Entre mis buenos propósitos estaba leer (aunque fuera un best-seller) pero se ha ido al garete, como tantos otros buenos propósitos de fin de exámenes. Acabo de mirarme al espejo y soy una especie de Helena Bonham Carter, pero como desubicada. Vamos, que en mi caso, no parece que llevar este pelo y tener esta cara, un tanto abotargada, hayan sido una opción personal. Más bien es irremediable. Y también supongo que no se me hubiese ocurrido que tengo los ojos como Helena si ayer no hubiese visto Sweeney Todd, y no me vería tan desmejorada si no fuera porque acabo de ver V de Vendetta, y Natalie Portman está guapa incluso rapada. Es evidente que no hay justicia en este mundo.

En estos días en los que me acuesto, y me vuelvo a acostar, sin necesidad de tener que darle vueltas a la llave de la puerta de mi casa, es cuando más añoranza siento de esa época en la que había siempre tanto tiempo para perder. Y es que el ocio mayor que concibo es precisamente esto. Bueno, esto, o cualquier otra forma de perder el tiempo, por decisión propia y sin nadie que nos inoportune. Por supuesto que muchos días como este me matarían. Terminaría teniendo que salir a la calle con gafas de sol y embozada para que los rayos del sol no achicharraran mi pálida piel ni quemaran mis sensibles retinas, acumularía basura y cuando los vecinos se acercaran a mi puerta, y llamaran para cerciorarse de que sigo viva, les echaría con cajas destempladas. ("Cajas destempladas" es la expresión que aparecía hoy en mi calendario. La palabra "embozar" era la palabra del día de ayer.)

Además internet me permite, en días como estos, tomar del mundo sólo lo que me interesa. Puedo leer las noticias que quiera, puedo ver las series que me de la gana, puedo hablar sólo con la gente que yo elija. Y eso es control, amigos míos. Y libertad. Sólo suena la música que yo quiero que suene, sólo se dicen en alto las palabras que yo quiero que se digan. Incluso diría que son los días en los que más cerca estoy de poder pensar sólo en lo que yo quiera.

lunes 11 de febrero de 2008

Cuentista

Emulando a mi admirada MJ, me he dado de alta como participante en el Cuentacuentos, y ellos han tenido a bien admitirme. Si el mundo no se confabula contra mi, si, de repente, no remonta la economía mundial y a todas las empresas les entra la locura de salir a Bolsa o de comprar parques eólicos de forma compulsiva, entonces escribiré una historia cada semana, que comenzará con la frase que, desde el Cuentacuentos, propongan.

Y arranco con una frase de MJ (¿no es acaso providencial?): Todo sucedió en un minuto.

Mi alter ego cuentista es Amanda Pinkleton. No es que yo sea la Amanda de la historia, evidentemente. Digamos que primero escuché una canción de Boston que se llama así, luego escribí la historia, y luego pensé que cómo me molaba ese nombre. Este es el iter criminis.


Sed críticos, porque quiero mejorar. Pero recordad también que el alma de Amanda Pinkleton es la mía, y es un alma sensible.

miércoles 6 de febrero de 2008

Best-sellers

Hay mucha gente que no lee best-sellers. "Yo no leo best-sellers, soy así de guay, ya ves." (la segunda parte de la oración está implícita). Y entonces recapacitan un minuto en silencio sobre la profundidad de su pensamiento e, inmediatamente después, te miran, expectante, a ver si por fin te decides a hablar de cosas interesantes de verdad.

En realidad ellos pretenden decir que no leen libros comerciales, no se dejan llevar bovinamente por los senderos de la mediocridad cultural. Olvidan muchas veces que, best-seller, independientemente de las connotaciones que tenga ahora la palabra (las palabras?), no significa más que super ventas. Y que algo le guste a mucha gente no tiene que significar, necesariamente, que ese algo sea malo. De hecho, de acuerdo con mi concepción de la literatura, y del arte en general, cuando uno hace algo, pretende que ese algo guste. Corrijo: cuando alguien hace algo y lo expone al público, espera que ese algo guste. Y, por supuesto, si alguien pretende vender algo, tiene que asegurarse de que ese algo va a gustar.

El decir "yo no leo best-seller" puede ser una afirmación meramente objetiva, resultado necesario de que uno tenga unos gustos literarios un poquito excéntricos, y no le gusten los libros que le gustan a la mayoría. Lo cual es absolutamente respetable. Pero decir "yo no leo best-seller" puede también denotar un cierto desprecio por la mayoría, así, como ente abstracto y democrático. Y, el desprecio hacia la mayoría va en contra de todos mis firmes principios constitucionales, inculcados desde mi más tierna infancia, porque yo nací ya en un Estado Democrático y de Derecho, y no tengo que dedicar energías a desvelarme en una inacabable disputa ideológica, mezclada con retazos de memoria histórica, algo corrupta, en mi opinión, aunque eso es otro tema.

Suponer que la mayoría se equivoca siempre, da razón de una falta de confianza en el ser humano que a los humanistas se nos hace intolerable, y es tan peligroso como decir que la mayoría siempre tiene la razón. Generalmente, una reflexión del tipo de la primera se encuadra en esa línea de pensamiento, tan común hoy en día, que opina que caminamos irremediablemente hacia el apocalipsis, por el camino de la decadencia cultural.

Sin embargo, la mayoría no es más que un grupo de personas, más amplio que la minoría, que está de acuerdo en algo. Ya sea en votar a un determinado partido político, ya sea en lanzarse a las calles, y comprarse todos La Sombra del Viento (genial libro, por cierto, y best-seller). No existe ningún ser, ningún ente superior, nadie que, de forma determinista, dirija los designios de nuestra voluntad, y nos diga que tenemos que pensar o leer. Por supuesto que hay elementos externos que intentan convencernos de cosas, pero están en su derecho, maldita sea. Si no fuera así no tendríamos ocasión de reafirmar, casi diariamente, nuestra autonomía de la voluntad.

No existe, por tanto, ese enemigo contra el que se revuelven los no lectores de best-sellers. No hay otra razón para despreciar todos los libros super ventas que el querer diferenciarse de la mayoría. Si uno dice que no lee best-sellers nunca, no está diciendo que opine que la calidad técnica de esos libros (que, por cierto, ¿qué coño es eso exactamente?) no satisface sus expectativas. Es que, directamente, no sabe, ni quiere saber, qué calidad técnica tienen. No los lee porque presume que casi todo el mundo los ha leído, y entonces ya no podría deslumbrar en los aquelarres pseudointelectuales, citando libros descatalogados, comprados en librerías de viejo.

Por eso, la mejor razón para empapuzarse un best-seller que podría darle a un "best-sellers-no", es que se documente, para luego poder cagarse en todo con verdadero conocimiento de causa, que siempre queda mucho más elegante.

Y ahora, que todos los que no hayan leído La Sombra del Viento se levanten al unísono y se acerquen a la librería más cercana a adquirir un ejemplar. Es un mensaje de ese ser opresor que controla nuestros destinos, nos aliena y nos despersonaliza. No intentéis resistiros, no serviría de nada.

Creo que la edición de bolsillo está ahora por los 12 euros. Ventajas de los best-sellers.