-Hombre, lo de hablar rápido es buena señal: eso quiere decir que piensas rápido.
-Ummm, también puede ser señal de inseguridad, como si pensases que lo que estás contando no es tan interesante como para que la gente se quede hasta el final, y lo tuvieses que contar muy deprisa.
-O que tienes muchas cosas que decir y no te da tiempo...
-Si, bueno. La gente dice muchas tonterías...
lunes 28 de enero de 2008
Hablar rápido
lunes 21 de enero de 2008
Mala gente
Yo no sé si es por el creciente consumo de grasas saturadas, coincidiendo con la cercanía de los exámenes, aunque creo que no, porque ya me venía de antes y, yo creo que incluso de serie, pero últimamente hay algunas actitudes ante la vida que cada vez tolero peor. Y ya pensaba que ninguna manifestación de la estupidez humana podría sorprenderme, pero qué va.
Lo último ha sido algo que me han contado de una pava que se permite el lujo de opinar sobre lo que otros son capaces de hacer, a lo que pueden aspirar, o lo alto que van a llegar. Ella evidentemente podría ser portada de la Vogue si le diera la real gana, pero prefiere dedicarse a asuntos más intelectuales. Lo de ser un puto icono de la moda ya está en el lote, viene por añadidura y se presume.
Personalmente considero que mi ambición no llega al nivel de renunciar a toda mi vida por ser portada de The Economist, si es que eso es posible pero, aún así supongo que tendría que respetar todas las visiones posibles de la vida. Me tendría que limitar a pensar algo como "bueno, a ver si la perra del averno es tan soberbia cuando, de aquí a unos años, tenga que hacerle favores sexuales al psiquiatra para que le suba la dosis de prozac...".
Peeeeeero, en lugar de esto, que sería lo más inteligente y me permitiría ahorrar energía para emplearla en cosas mucho más agradables y rentables a corto y largo plazo, como en pensar qué me voy a pedir en el Vips la próxima vez que vaya, me encabrono sin remedio, maldigo en alto, me llevo las manos a la cabeza, me meso los cabellos (qué bonita expresión esta) y termino diciendo algo como "¡pero quién coño se cree esta zorra que es para opinar de nadie?" Lo cual es ordinario y tan propio de mi últimamente que empiezo a asustarme.
Cada vez hay más zorras en mi mundo, más encarnaciones de Satanás, más patéticos seres y más gente que se merece todo mi desprecio y crueldad. Y ya me pregunto si es que el problema lo tendré yo, si estará en mi.
Pero, de repente, bajo de mi nube de egocentrismo y hostilidad, miro a mi alrededor y me paro a pensar en toda la gente normal, interesante y molona que he conocido y que voy conociendo y pienso que no. Que no es posible que tantos estemos equivocados. Y que si tanta gente grandiosa piensa que se puede vivir de otra manera, más allá del mero interés, y de un concepto de éxito en la vida tan limitado a lo material y a un absurdo, y definido con no sé qué soplapollez de criterio, estatus social, pues entonces es que todavía hay esperanza. Y, si no estuviera de exámenes, pues me bebería un whiskazo y me olvidaría de que esa otra gente existe. Pero, de momento, me tengo que conformar con pensar que yo tengo la razón, y con escribir aquí mis divagaciones.
para
Gente
2
comentarios
domingo 20 de enero de 2008
En la depiladora
-¿Y tú con cuánta frecuencia te exfolias las piernas, corazón?
-Ummmm..; ¿nunca?
Y la miró como si acabase de confesar que fue ella quien mató a Kennedy.
martes 15 de enero de 2008
Traición
Me siento absolutamente engañada. Una persona que yo creía buena amiga mía me ha vendido sin escrúpulo de conciencia ninguno.
Resulta que, este individuo, marcado desde ahora y para siempre con el estigma de la traición, me entregó una pila de DVDs asegurándome que, en ellos, estaban grabadas las 5 primeras temporadas de Scrubs. Yo, con la inocencia que me caracteriza, le creí a pies juntillas, además de jurarle gratitud eterna porque de buen nacido es ser agradecido. Así que, cuando terminé de ver el último capítulo del DVD correspondiente a la supuesta temporada 4ª, me pasé a la 5ª. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, con sumo asombro constaté que había una laguna en el hilo argumental! ¿Otra pérdida de memoria inducida por el consumo de alcohol? No, no lo creo. No es esta época de excesos.
Yo había tenido uno de esos días anodinos y coñazo de mes de enero, satinado de estrés postvacacional y, ¡NECESITABA ver Scrubs! ¿es tan difícil de entender? El caso es que, no pude resistirme, y vi el primer capítulo de la temporada 5ª, pero sin llegar a ver los dos últimos de la 4ª, lo cual, evidentemente, estuvo fatal, y me pesará toda la vida.
Esta conducta constituye un uso casi fraudulento de las series, del que no me siento, en absoluto orgullosa. ¡Qué digo de las series! De LA SERIE. Es, más o menos, como leer la última página de un libro. Pero no de un libro cualquiera: de EL LIBRO (y no me estoy refiriendo a la Biblia).
Como atenuante he de decir que actué en legítima defensa, si no fue en estado de necesidad. Fui mera autora mediata. Inimputable. Una víctima, en definitiva.
Quiero pensar que todo deriva de un error humano, de una negligencia. Sin más. ¿No se puede considerar esto como comisión por omisión?
Rafael, donde quiera que estés: aún puedes enmendar tu error. ¡Consígueme los dos capítulos de la 4ª, y la 5ª completa y esto no contará negativo!
lunes 14 de enero de 2008
La Ventana de Johari
En la clase de al lado había tres chicas que eran parecidísimas. Tanto que las llamábamos las trillizas. Las trillizas compartían el color de pelo, el color de los ojos, la forma de la cara, la constitución, aunque con matices, y un aire entre ñoño y pueril que, con el tiempo y la óptica adecuada, llega a resultar hasta tierno.
La falta absoluta de complejos, o el complejo de Peter Pan, les llevó a estrenar su vida universitaria con una carpeta de Jordi Labanda debajo del brazo y un estuchepeluche dentro de su bolsoositodeTous con pañuelo anudado. Las trillizas muestran esa indignación desmesurada, tan propia de los niños, ante acontecimientos de sus vidas que perciben como grandes injusticias, y hacen grandes aspavientos, y abren mucho los ojos o los mecen, en señal de desaprobación o sorpresa. Todo mucho más allá de los límites de lo socialmente considerado como discreto. Al principio uno las observa desde la distancia con incredulidad pero, al final, concluye que esa gran parodia, esa dramatización supina que es su vida, forma parte de su encanto.
No sé si las trillizas eran así de serie, y quiso la casualidad que se encontrasen, les gustase el reflejo de ellas mismas que vieron en las otras y se hiciesen amigas o, por el contrario, se conocieron y fueron acercando posiciones, hasta mimetizarse.
Hace un par de años, una de las trillizas, cansada quizás del mimetismo que las bautizó, decidió tirarse al aborigen, y diferenciarse, como uno de esos hermanos que se planta cuando su madre intenta vestirlos iguales. Se cortó y se tiñó el pelo, adelgazó y modernizó su vestuario, pasando de pijamadre a pijafashion.
Todos pensamos que había llegado el momento, el Gran Cisma de las Trillizas. Pero no pasó nada de eso. Siguieron siendo amigas, aunque ahora eran las mellizas y "esa otra" que siempre las acompañaba.
Y yo siempre me he preguntado si un día la trilliza disidente se levantó de la cama, se dio cuenta de que eran las tres iguales y se dijo que ya estaba bien. O si era una cosa que no percibían de ellas mismas, como el "Yo Ciego o Desconcertante" de la Ventana de Johari. Incluso puede que, antes del Cisma, fuera más importante para ellas el hecho de sentirse parte de algo que esa necesidad que casi todos tenemos de afirmar nuestra individualidad.
La verdad es que la explicación que más me gusta es la del "Yo Ciego o Desconcertante". Según mis apuntes de Psicología del Trabajo, es lo que los demás ven en nosotros y nosotros no vemos, la impresión que causamos en los demás. Y es un tema que siempre me ha intrigado muchísimo, hasta el punto de que he investigado, he sondeado, he hecho encuestas, diagramas y hubiera hecho un modelo econométrico si hubiera sabido, hasta que he conseguido que mi "Yo Ciego" me desconcierte cada vez menos.
para
Gente
2
comentarios
sábado 12 de enero de 2008
Cumbres Borrascosas
-Imagine una cinta transportadora, una enorme cinta transportadora y al final de la misma un gigantesco horno. En la cinta trasportadora hay libros. Todos los ejemplares del mundo de todos los libros que usted ama. Colocados en fila [...] En este preciso instante la palanca está en la posición de apagado. Al lado hay un individuo con una mano sobre la palanca, a punto de ponerla en marcha y usted puede detenerlo. Tiene una pistola en la mano. No tiene más que apretar el gatillo. ¿Qué hace?-Eso es absurdo.
-El individuo gira la palanca. La cinta transportadora se pone en marcha.
[...]
-El primero en caer es Shirley.
[...]
-Por ahí viene Cumbres Borrascosas. ¿Va a dejar que arda?
[...]
-Como quiera. Ahí va. ¿También Jane Eyre?
[...]
-Sólo tiene que disparar. No la delataré. Nadie lo sabrá jamás.
El Cuento Número Trece. Diane Setterfield.
Es curiosa la vida en general y, en particular, que en la misma semana haya estado leyendo El Cuento Número Trece y Fahrenheit 451, ya que los dos hablan de la quema de libros.
Concretamente, El Cuento Número Trece me ha recordado lo muchísimo que me ha gustado siempre Cumbres Borrascosas. Mucho más que Jane Eyre, que es de otra Brontë, pero más tibio, con un final más feliz, y como más para todos los públicos. Y, por supuesto, muchísimo más que todos esos libros soporíferos de Jane Austen llevados al cine en forma de películas absurdas en las que nunca pasa nada, tan incomprensiblemente victorianos que ni sabes lo que piensan ni lo que sienten los protagonistas, perennemente torturados porque van a tener que vivir con una renta anual de nosécuantitas libras, y prescindir de la modista, o ganar unas pelillas dando clases de piano. O como en el libro ese de Una Habitación con Vistas, en el que no te das cuenta de que ha habido beso hasta 40 páginas después, y tienes que volver para atrás para comprobar si es que en esa página te dormiste, o qué demonios pasó.
En las novelas de las Brontë es todo más de andar por casa. No hace falta salir de los páramos y dirigirse a la ciudad a la caza de un rico heredero. En las casitas vecinas hay de sobra para todo tipo de tormentos del alma y del espíritu. Todo discurre en torno a un par de generaciones de un par de familias. Pero, sin duda, lo mejor de estos libros es que son relatos de cementerios, sangre y fuego. Amores apasionados y traiciones ignominiosas. Una típica historia de familias enfrentadas, de infidelidades, matrimonios de conveniencia y amores secretos, en casas oscuras y alejadas, situadas en medio de páramos desangelados. El viento golpeando con furia las ventanas y fantasmas del pasado poblando las pesadillas de los vivos. El espectro de la pequeña Cathy intentando colarse por la ventana, y el señor Lockwood acercándole la muñeca a los cristales rotos, hasta que la niña empieza a sangrar. Muertos castigando con fuego a los vivos. Y, en medio de todo eso, el ama, como figura omnisciente, como la Gossip Girl del siglo XIX, para ayudarnos a desvelar todos los misterios.
para
Literatura
3
comentarios
