Rarezas

Eseque y yo nos mandamos varios correos a lo largo del día. Básicamente yo le bombardeo con remesas de blogs que me gustan o me han llamado la atención y él se esfuerza en que yo mantenga los pies en la tierra contándome experiencias del mundo real, ese gran desconocido. El otro día, entre otras cosas, me decía lo siguiente (y lo cito literalmente porque me ha dado permiso):

"[…] Aunque para complicado lo que he hecho en la comida…me he puesto a discutir con la gente del trabajo lo fácil que es matar a alguien, después a hablar de Dexter y finalmente de una revista que habla de viajes que hacer antes de morirse…vamos que piensan que soy un psicópata que está planeando su propia muerte…deberían dar un curso de cómo hacer amigos sin que lleguen a pensar que estás mal de la cabeza. […]"

Luego comentaba lo curioso que era el hecho de que, esa misma conversación, hubiera sido absolutamente normal si, en lugar de con sus compañeros de trabajo, hubiera estado hablando de eso con nosotros. Nadie nunca se hubiera sorprendido por lo estrafalario, o incluso un poco tétrico del tema sino que, con toda seguridad, hubiéramos contribuido con nuevos parajes que visitar antes de pasar a mejor vida, o con sugerencias para perfeccionar el asesinato perfecto.

Cuando escribí a Eseque de vuelta, y le pedí por favor que me dejara citarle en un post, era porque pensaba que, juntándolo con mi propia experiencia (como, por ejemplo, como ahora cuando estoy con mis primas sólo hablan de centros de mesa para bodas y me miran raro cuando yo hablo de Héroes, o digo cosas como que lo mejor es tener un humor autosuficiente y poder reírse y divertirse con uno mismo), podría escribir un buen post. Pero ahora tengo tantos testimonios parecidos, tantas ideas dando vueltas sobre lo mismo, que me he colapsado. No sé por dónde empezar: ¿Por esa incomodidad que parece que lo empapa todo cuando la conversación, simplemente, no fluye? , ¿por ese silencio incómodo después de esa broma de la que la persona que está contigo no se ha reído o, peor aún, después de la que te ha dedicado una sonrisa llena de una condescendencia casi cruel, casi sádica?

Con todo esto, me parece un verdadero desafío lanzarse a un mundo lleno de desconocidos, de extraños, expulsado, despedido, arrancado a la fuerza de tu cálido círculo de confianza. Es como una incitación a la endogamia, desde luego. Porque, seamos sinceros, ¿no suena esta misma entrada un poco rara?, ¿no tiene un noséqué de patológico? Es evidente que no estoy preparada para enfrentarme a toda esa gente ajena, incapaz de comprenderme. Y si alguien revisara las bandejas de entrada y de salida de mi correo electrónico... Ah, no quiero ni pensarlo… Todos esos mails hablando de Gossip Girl, o haciendo referencias cruzadas a blogs, a series, a bromas compartidas, a canciones, a juegos de palabras sin gracia ninguna…

Comentarios

  1. Tiempo ha que no coincidía con vos estimada Amanda
    (resquicios de un finde nostágico :))
    Me encantó una vez mas tu forma de narrar los momentos que rescatas del día a día.
    "…deberían dar un curso de cómo hacer amigos sin que lleguen a pensar que estás mal de la cabeza" Apoyo la moción!

    Un abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Escribes de una forma que engancha...parece que estoy leyendo el guion de una serie o algo asi jajaja.

    A ver si alguna vez te veo por gmail y hablamos sobre Twilight phenomenon xDD

    Saludos!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares