De bodorrios

Y una, que se creía joven y que a veces no distingue qué chicos son más pequeños que ella porque aún espera que a éstos les salga algún gallo esporádico al hablar, de repente se encuentra con que todo el mundo a su alrededor se casa. Tiene que ser una impresión, no puede ser, aunque sea sólo por una cuestión meramente estadística que, de repente, a todo el mundo le dé por casarse. Pero si es una ilusión, es una ilusión de lo más vivida. Algunos dicen que es que lo de casarse joven se vuelve a llevar. Bueno, modas más caprichosas y alarmantes se han visto, como esa de llevar ropa con estampados militares o las crocs, pero, no por lo uno, deja de parecerme lo otro un tanto insensato. Yo creo que la gente ha pensado que, si Carrie Bradshaw se casa, pues es que es de lo más cool, pero joder, es que ¿cuántos años se supone que tiene Sarah-Jessica en la peli esa? Lo menos cuarenta y pico. ¿Veis?, esa sí que me parece una buena edad para casarse.

El caso es que, lo peor de esa especie de locura matrimonial no es en sí que la gente se case, que allá ellos, sino la ansiedad que genera en todo su círculo social por diversos motivos. El primero de ellos es el anuncio. Una, cuando queda con sus amigos o primos en edad casadera, cuando la invitan a una comida, a una cena, cuando alguien organiza cualquier tipo de evento, ya no puede estar segura de que no vayan a sorprenderla con un anillo de compromiso y una fecha. Una, a la fuerza, se vuelve desconfiada. Es como “Oye, Amanda, que te vengas el viernes por la noche a casa, que Menganita y yo hemos organizado una cenita”, y y tú como “Ummm, si bueno, pero…¿para qué?” No sé vosotros, pero yo ya entro en la casa como con desasosiego, mirándole los dedos a la anfitriona casi antes de darle los dos besos de rigor, a ver si distingo algún destello intimidatoriamente brillante.

Pero bueno, hasta aquí no deja de ser un zapato que no me aprieta. Cada uno que haga lo que quiera con su vida. Yo siempre he sido super partidaria del libre albedrío y todo lo demás. Ni siquiera lo de tener que pensar en el vestido o el regalo me incomoda especialmente. Me gusta comprarme ropa, y ahora, con todas esas moderneces de Bodaclick y El Corte Inglés sólo tienes que pensar en la cantidad de dinero que quieres gastarte y elegir, yo qué sé, una de las participaciones de la televisión de plasma que, después de todo, es lo que todo el mundo pide. O un trozo de una letra del piso. No. Lo peor es la colocación de las mesas. Es increíble como algo potencialmente divertido puede derivar en un coñazo bestial simplemente porque el que se encargaba de ordenar a los invitados en el banquete no te tiene especial aprecio o, simplemente, no te considera. Y más si tenemos en cuenta que la gente mayor piensa que no hace falta más que colocarte al lado de alguien de, aproximadamente, tu misma edad, para que instantáneamente, os hagáis amigos. Máxime cuando el rango de edad aceptable a medida que van pasando los años se amplía considerablemente. Y puede ser de lo más molón que te coloquen en una mesa con los amigos cachondos de 28, 29 ó 30 años del novio, pero no tanto que te toque en la mesa con el primo de 18 ó 19 años de la novia, por muy precoces que sean los niños en los tiempos que corren.

La cosa además se agrava cuando tú ya tienes una edad. Una edad de tener novio o novia formal. Y, teniendo en cuenta que los que organizan la boda se están casando, pues es evidente que esa edad va a ir en función de la que ellos tengan, porque así es la gente, mide a los demás un poco en función de sus propias circunstancias, y eso es algo inevitable. De situaciones así se puede derivar el llamado “Efecto Bridget Jones”, que es un estado interno del “agraviado”, pero indudablemente inducido por la presión social. Un ejemplo: “La boda es dentro de un año, y hemos hecho cálculos como para unos doscientos invitados, contando con acompañantes y demás…” y, volviendo la cabeza hacia ti y con tono tranquilizador, “…pero bueno, que si, por cualquier cosa, tú, de aquí a la fecha, tienes alguno (traducido como "encuentras un hombre de una maldita vez") pues no hay problema en que lo traigas”. “De hecho, hemos colocado unos interrogantes al lado de tu nombre en la lista…” Ah, joder, gracias por confiar en mis posibilidades, muchas gracias por conservar la esperanza. En estos casos puede ser conveniente hacer la típica coña de “Ah, ¿pero es que a las bodas no se va a ligar?”, pero normalmente la respuesta a esta pregunta será “en esta boda no”. Probablemente los novios ya hayan considerado ese extremo. Ya hayan pensado en algún amigo/primo soltero para ti. Después de esta conversación es evidente que no hay ninguno disponible o, al menos, conveniente y disponible. Va a ser mejor que tú mismo te traigas de casa tu propio juguete si quieres divertirte esa noche. Ese es el mensaje implícito.

Y, no sé, a mí me parece super injusto todo esto. Porque, lo he estado pensando, y es que lo de no llevar acompañante a las bodas me supone un coste de oportunidad tremendo. No sé, que me dejen llevar a algún amigo o a alguna amiga. Digo yo. O que me dejen comer y beber el doble. Que me lo pongan en un tupper. Pido carne y me llevo el pescado. O al revés. ¡Es que estoy harta de desperdiciar la mitad de la barra libre que me corresponde de pleno derecho!

Comentarios

  1. La vida va por rachas. Ahora, por ejemplo, le ha dadao a la gente por casarse o en su defecto tener hijos o las dos cosas a la vez. Y yo que creo que no hace falta poner a Dios por testigo de q quieres a la otra persona... Confiemos en que cambie el viento o algo porque no es plan. Por cierto, reivindica tu parte de la barra libre porque es como en nochevieja, que ya que pagas 60 euros o más pues habrá que amortizar... XD
    Abrazo

    (me perturba que tenga que escribir jodeee aqui abajo para poder publicar el coment...ejem)

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  2. Jajajaja, habrá sido un algo completamente aleatorio...
    A mí lo del simbolismo de las bodas sí que me gusta, en realidad :-) Simplemente creo que voy estando ya saturaína... :-D
    Y, por supuesto que sí: yo reivindico, reivindico...

    Besos!!!

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  3. Llevate un tupper que nunca se sabe ;)
    Yo no he llegado a esa sensación pero el otro día me comentaba mi prima que últimamente en lugar de salir a tomar café, solo puede ir al parque con sus amigas y sus hijos. Etapas supngo :S
    Un besaoz!

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  4. Jajajaja, sencillamente hilarante. Es un texto que desprende Amanda en estado puro!

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