Lolita

Venía dispuesta a hablar de un montón de cosas. Sin embargo, ahora creo que quiero hablar sólo de Lolita.

Lolita es un nombre propio, un adjetivo, una película pero, sobre todo, Lolita es un libro estupendo. En ocasiones, personas absolutamente bibliófilas y con un criterio no sólo respetable sino además, para mi gusto, de lo más acertado, con una probada y sobrada reputación en el ámbito de la lectura, al recomendarles este libro han contestado cosas como “no creo que me guste un libro que trata de un pedófilo”.

Yo, que tengo una sensibilidad de lo más caprichosa y, en ocasiones, exagerada, no encontré en todo el libro una sola escena que me hiciera convulsionarme de espanto. Ni siquiera un leve estremecimiento. Todo lo más, celebrar el momento en que, literalmente, se lo arrebaté a mi amiga Jara, cuyo ejemplar aún tengo en mi poder, desde el 25 de marzo de 2007 (eso para que os fiéis de mí, aunque estoy totalmente decidida a devolvérselo). Y recuerdo la fecha exacta porque ese fin de semana Marina vino de visita, y estuvimos en nuestro primer concierto de Mr. Carlos Siles y yo escribí un post que lo atestigua. Recuerdo con absoluta precisión y de forma totalmente vivida cómo me sentía cuando cogí por primera vez Lolita, y también cómo me sentí esa misma noche escuchando Cenicienta por primera vez. Y, como dice Rob Thomas, es curioso y maravilloso al mismo tiempo cómo cada uno puede adaptar una canción que, en principio no tiene nada que ver con uno mismo, a sus propias circunstancias. Decidirme a leer Lolita para mí fue como un acto de redención, una especie de esfuerzo por ser más digna, más interesante, más culta. Más, en general. Más en relación con otras personas, quizás no en concreto, sino con respecto a todo el resto del mundo. Una reacción ante un sentimiento irracional y sobre todo muy autodestructivo de inseguridad, de inferioridad, de mediocridad. Cenicienta fue como una reprimenda ligera, una llamada de atención, un toque, un consuelo. Cenicienta como canción-coaching, como No estarás sola, de Ismael Serrano o Perfecta, de Luis Ramiro.

Pero, y volviendo a Lolita, fue una sorpresa descubrir que el libro me gustaba de verdad. Me encantaba, de hecho. Lo que en principio empezó como un deliberado acto de contenido puramente pedante, farisaico, y no con los demás, porque no es que yo pensara que Lolita era un libro de lo más molón que merecía ser paseado sin forrar por todas las paradas de toda la red de metro de Madrid e iba a hacer que subiera muchos enteros en la calificación que de mí tenía el resto de la humanidad, sino conmigo misma. Y es bueno querer ser mejor, querer saber más, querer descubrir cosas nuevas, pero hay que hacerlo por uno, como ser autónomo, independiente, como si la existencia del resto del universo se suspendiera durante el tiempo que se tarda en hacer esa reflexión. Ese querer ser mejor tiene que ser algo, me atrevería a decir que casi íntimo. Luego, todo lo bueno que se derive de eso puede y debe compartirse. Pero hacerlo por los demás, por otra persona, aunque sea por alguien a quien queramos mucho, simplemente me parece una equivocación.

Lolita no es sólo un libro maravillosamente escrito en el cual Nabokov le da un trato exquisito a un tema que es sórdido de por sí (y sí, el tema es sórdido pero, ¿entonces qué?, ¿es mejor no hablar de ello?). Lolita tiene un punto de intriga, un misterio complejo que me dejó totalmente confundida y me hizo volver casi al principio para atar cabos. Lolita está lleno de juegos de palabras, de alusiones. Lolita habla de la idealización de la persona a la que se ama y, tal y como he leído en alguna de las críticas que he encontrado navegando por internet, de la indiferencia como la forma más depurada de crueldad. Lolita tiene destellos maestros de humor y me pregunto si que Nabokov se llamase Vladímir Vladímirovich tiene algo que ver en que el protagonista se llame Humbert Humbert.

Lo cierto es que hace ya más de un año que leí Lolita, y tendría que releerlo si quisiera hablar aquí del libro de forma más precisa, o elegir aquellos fragmentos que me parecen más llamativos. Clásico resulta, sin embargo, el principio de la primera parte que a mí me encanta, aunque esté de lo más trillado y resobeteado:

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.”

Lo que sí he releído (tengo aquí a mi lado el ejemplar de mi amiga Jara) es el final del libro, “Acerca de un libro titulado Lolita”, porque me encanta cuando los autores se dirigen a los lectores directamente, como en el libro del cual hablaba el otro día, Amor se escribe sin hache, y en este mismo. Nabokov, cuya lengua materna era el ruso, es un esteta, un enamorado de las palabras, precisamente por lo duro que es, el gran esfuerzo que supone, llegar a escribir bien en un idioma que no es el de uno, y así nos lo cuenta. Y, además, nos dice Nabokov “[…] ocurre que pertenezco a esa clase de autores que al empezar a escribir un libro no tienen otro propósito que librarse de él[…]”. Algo así es lo que me ha pasado a mí con esta entrada, lo que me ha mantenido inquieta durante toda la mañana: Liberarme de las ganas que tenía de gritarle al mundo lo mucho que me gustó Lolita. Y ahora ya puedo descansar.

Comentarios

  1. Siento interrumpirte el descanso :)
    Iba leyendo tu artículo y recopilando información para luego comentarla cuando el final me desvió del camino por un momento.Y es cuando tienes esa idea,ilusionante al principio y que a medida que la consigues expresar el deseo inicial se transforma en alivio al conseguirlo y en desesperación cuando no se da con las palabras.
    Lo que viene a enlazar con otro punto del artículo que comparto totalmente.El querer saber más,ser mejor,ese gusto por el conocimiento,es independencia,intimidad y esencia de vida.
    Entiendo lo del descanso,solo en ese instante de la batalla se puede apreciar el esfuerzo y la satisfacción del logro conquistado.
    No he leído el libro,pero,y sin que desvelases nada de aquello que sirva de excusa a alguien para no leerlo,abordas el tema con tal arte que atrae su lectura.
    Lo repelente del tema [Me da rabia cuando escucho noticias sobre ello y deseo volver a casa para plasmarla en una entrada pero no es que no dé con las palabras,que serían pocas y concretas,es que no doy con la forma de escapar del gritotópico]no evita que sea argumento de un libro,porque entonces carguémonos la literatura.
    He leído que el Ayto de Madrid va a prohibir las personas-anuncio,los sandwich boards por atentar a la dignidad. Y un ciclista es indigno?
    Parece mentira pero aún existe la caza de brujas en este país.
    Luego sí,ves pgs. de los grande diarios sirviendo de publicidad al negocio (de la trata de mujeres y menores,para que vamos a llamarlo de otra forma) junto a editoriales llamando a quemar en las hogueras.
    En fin, que ole por tu artículo y recomendación!!

    Voy a descansar :) si lo permite la tormenta!
    Un abrazo!

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  2. No te conté la última vez que nos vimos que este libro me persigue,( me quedé turulada con la facilidad que tenía la jesy metiendo escenas suyas en bikini lavando un descapotable así porq ella lo vale) Pues eso,me persigue. hasta tal punto que ya lo regalo y todo, no creo que sea coincidencia que la primera vez que escribo en tu blog sea en un entrada que se llame Lolita.
    Nos vemos pronto en la quedada extremeña.
    Tu molas +

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  3. pa que veas que es cierto que lolita me persigue
    http://www.kingkongparasiempre.com/
    pincha en la lolita

    que ser un king kong no es ser un kinki a lo grande!!!

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