Pequeño desastre animal

No he buscado a nadie,

llevo días buscándome yo.

No quiero pensar en Madrid

ni en su reloj.

Duermo por las tardes,

por las noches reinvento su voz.

En las sombras me veo al revés,

en los libros me encuentro mejor.

Pequeño Desastre Animal, Vetusta Morla

A veces miro hacia atrás y me gusto más hace un año, o dos años, que ahora. Ayer por la noche, por ejemplo (por la noche, primer fallo), me dediqué a releer los posts del otro blog (que, de hecho, ahora están también en éste) y me dije a mí misma eso de “¡coño, antes era mucho más divertida!” o “¡joder, antes tenía mucha más gracia!” (cuando hablo conmigo misma no me corto al decir tacos). La verdad es que no me preocupa. Lo he visto miles de veces en un montón de gente. Es inevitable pensar a veces que uno, en lugar de ir a mejor, empeora. Y es lógico también que, cuando se leen más libros, se escribe más, se presentan cosas a concursos que nunca ganas y todo lo demás, termines pensando que, el precio que has tenido que pagar por todo éso (que en realidad es nada) ha sido perder ingenuidad, fluidez, originalidad. Yo creo que todo el mundo que hace algo mínimamente creativo (ya sea profesionalmente, o en plan cutre-amateur, como yo) tiene unos cuantos temas recurrentes. Y a veces pasa que uno hace balance y piensa que acaba hablando siempre de lo mismo. El otro día mi amigo Jose me decía, acerca de un relato que escribí, que en él se veía demasiado mi “melancólico romanticismo excesivo”. La verdad es que la historia era melancólica, romántica y, sin duda alguna, excesiva, pero me sorprendió. Primero porque, aunque a veces me puede la melancolía, o incluso el romanticismo, he llegado a ser una persona bastante autocontrolada. De hecho, si expusiera aquí ahora mis ideas sobre el amor más de uno se escandalizaría, aunque reconozco que tengo la esperanza de equivocarme.

Los personajes de las últimas cosas que he escrito tienen mucho de mí, es cierto. Y no creo que nunca sea capaz de salir completamente de mí misma, y ver y crear unos personajes y unas situaciones totalmente ajenos, principalmente porque cuando escribo yo “veo” (en sentido figurado, en mi cabeza) lo que estoy contando. Me limito a éso, a narrar. ¿Cómo voy a contar algo que nunca he visto? En fin, creo que me estoy liando. El caso es que, quitando a Manuel Abreu, por supuesto que, como es como yo pero en hombre, es también melancólico, romántico y excesivo, el resto de mis personajes, el resto de mis historias, son todas desencantadas, irónicas, con ese humor negro que yo pretendía que fuera la marca de la casa, aunque no sé si lo he conseguido. Y ésa también soy yo. Pero la que no llora, la que nunca está triste, la que a veces se rinde a la evidencia de que es imposible que dios exista, porque entonces ya nos habría castigado a ídelo y a mí por nuestros comentarios maliciosos. La que está convencida de que el amor tiene fecha de caducidad.

Eso mitigaba bastante mi capacidad de sentir, pero al mismo tiempo me privaba de toda sensación de futuro, y cuando alguien no espera nada, más le valdría estar muerto.

El Libro de las Ilusiones, Paul Auster.

Comentarios

  1. Me quito el mismo sombrero. Es muy difícil autocriticarse ;) Reconozco que mis temas recurrentes son la memoria, las huidas y la muette. Verás el día que me dé por las hadas jajajaja.
    (Por cierto, ese grupete viene en un par de meses a badayork :D)

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  2. Lo que me recuerda que debería haber puesto el nombre del grupete...y corro a enmendar mi error.

    Lo de Badayork va a estar jodío... Para cuándo los madriles?? Ni siquiera tengo la excusa de mis "chicas Mir" (nunca hemos hablado de éso, por cierto, con la cantidad de amigas que tengo que han estudiado medicina en Badajoz...)

    Creo que mis posts profundos sólo les gustan al periodista-cantautor y a la médico-escritora :-p Me he ganado un tirón de orejas ;-) El siguiente post versará sobre El Juego de tu Vida, por petición popular. Podemos escribirlo a pachas :-p

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  3. Pues tomo el mismo sombrero para quitarmelo también.

    No tengo el placer de leer a Carlos,pero sí a MJ y a ti por supuesto,y como en otros blogs que suelo leer créeme que siento envidia sana de esa capacidad de escribir sobre o bien uno mismo o el mundo que le rodea,el del día a dia.
    No es ninguna chorrada: Quiero aprender a escribir!
    Bueno ahora que lo pienso este comentario bien podría ser una entrada en mi blog. Es eso,llego a pensar en el como en otro cuando somos la misma persona.
    Pues empezaré por firmar como carlos y dejar ya el ninive :)
    Bueno he de volver al curro que oigo pasos ¬¬,pero na,ya quedan dos días menos para agosto!!
    Lo dicho,genial Amanda.

    Un abrazo!

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  4. Tú ya sabes escribir, Carlos, y lo haces divinamente.
    ¿Cómo os distinguiremos entonces si los dos firmáis como Carlos??? ;-)

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  5. jajaja como diría Homer muskiss es verdad!
    Vale ya ta,firmo en italiano :) senza la s,o casi mejor decir en andalúz.
    Gracias por lo que dices.Pero me refiero a escribir no buscando como por ej. un pintor dar forma a una imagen,o escribir una fantasía,no. Es,y ahí voy,escribir sobre lo cercano a uno mismo.
    La distancia camufla los errores :)
    Lo dificil pienso es escribir en directo,comunicar.Cuando te leía parecía una conversación
    Y cuando leo a quienes son capaces conseguir eso escucho las palabras.
    Vamos que ya no hay mas sombreros que si no.. xD

    Un abrazo!

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  6. Querida, sin lugar a dudas dudas Dios nos castigará. Esta convicción viniendo de un ateo debería hacerte sospechar de la inminencia. Ah, y ese es un zapato que nos aprieta a ambos.
    Por Cierto, aunque cambies, que no empeoras, como en el relato de Sarayla, te queremos siempre

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  7. ídelo, my dear, deberíamos hacer una "antología de expresiones útiles para cualquier situación". La primera sería, por supuesto "ese es un zapato que no me aprieta"
    La inminencia del castigo divino depende, yo creo, de lo lejano o cercano que quede el Día del Juicio.
    PD: Yo también os quiero siempre.

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